23 Abril: San Jorge y el Dragón (II)

SAN JORGE Y EL DRAGÓN (II)

San Jorge Caballero

La figura del caballero nació en Irán, donde ya en el siglo VII a.C. se encuentran jinetes armados con arco o lanza en escenas de guerra y caza, reflejando las ideas mazdeístas de la lucha del bien contra el mal. A partir de las figuras ecuestres del arte iranio este motivo se significó por considerarse una imagen simbólica de la gloria, caracterizando al santo caballero como un antiguo héroe triunfante. El tema se extendió a la Grecia helenística durante el período alejandrino, donde la difusión de la imagen ecuestre de Alejandro configuraría la iconografía romana para escenificar el triunfo del emperador. En Bizancio el modelo pasaría a los santos caballeros cristianos.

Horus contra cocodrilo

En el Egipto copto, por influencia sasánida y bizantina, los santos militares ecuestres gozaron de gran veneración. Allí se adaptó la imagen de Horus con cuerpo humano y cabeza de halcón, vestido como un militar romano y montado a caballo, enfrentándose con una lanza a un cocodrilo como señal de un ritual de purificación del Nilo, versión modernizada del lanzazo que cada noche el dios Seth infligía a Apofis, la serpiente de las aguas del caos, para defender al séquito de Ra el Sol, en su viaje nocturno por el inframundo. En otra interpretación paralela, el reptil es el dios infernal de la fuerza bruta, devorador en la vida de ultratumba de las almas incapaces de superar el juicio de Osiris.

En Egipto la iconografía del santo caballero está fijada desde los siglos VI-VII, derivada de la imagen de los emperadores romanos. Es muy significativa la pintura mural del monasterio de Bawit que muestra el combate espiritual del monje San Sisinio o Sisoés (429) (04 julio) matando con una lanza a la demonia Alabasdria, mostrada medio desnuda, mientras el fondo de la composición está repleto de animales y seres híbridos que simbolizan las tentaciones que tenía que vencer el santo. Esta demonia también era llamada Abyzou, la antigua Abzu mesopotámica, diosa del Abismo original.

La imagen más antigua de San Jorge peleando contra el dragón se ha documentado en una iglesia rupestre de Capadocia del siglo IX, en Occidente surge por vez primera en un códice del siglo XII. Al principio figuraba como guerrero a pie y después casi siempre a caballo.

Cuando los ganaderos de las estepas domaron al caballo, la figura del jinete dominando las riendas del animal se convirtió en símbolo del poder espiritual. El cristianismo acentuó el tema mítico de las luchas interiores, insistiendo en el fondo espiritual del combate del alma contra las pasiones que subyugan la mente. San Jorge y otros santos caballeros simbolizan el espíritu domeñando a la materia, al tiempo que evocan el triunfo del cristianismo militante. En el Medievo, con el uso guerrero de la caballería aristocrática, el icono del santo caballero adquirió cada vez más un tinte de poder político, como había ocurrido entre los iranios y los romanos, hasta que el emblema se volvió obsoleto con la invención de la artillería.

San Jorge pertenece a la estirpe de santos guerreros, similares al arcángel San Miguel, que aparecen montados en un caballo blanco, con la capa ondeando al viento. En vez de blandir armas flamígeras, como el Arcángel, van armados con lanza y además puede llevar espada, puñal y escudo. A los pies del caballo, al trote o en corveta, se dispone el enemigo vencido en figura humana, animal o monstruosa, lo más habitual es que sea un dragón, encarnación de las fuerzas oscuras y los obstáculo a vencer o superar.

Ya desde el siglo VI fue nombrado protector de las milicias bizantinas, siendo representado como militar del ejército imperial romano, más tarde aparecería con armadura y lanza en ristre al estilo de los caballeros medievales, su bandera era la cruz roja sobre campo blanco, enseña adoptada por los cruzados. El culto de San Jorge se vio estimulado durante las Cruzadas, cuando se apareció múltiples veces, cabalgando en su caballo blanco, ante las tropas cristianas, la primera fue cuando estuvieron a punto de derrota en Antioquía (1089), aunque la ocasión más conocida fue su presencia ante el rey Ricardo Corazón de León.

En varios países se constituyeron Órdenes militares de San Jorge, se conocen unas veinte. Ha alcanzado el patronazgo de Inglaterra, Portugal, Lituania, Hungría, Serbia, Grecia (donde es patrón de los pastores, pues la fecha de hoy marcaba el inicio de la temporada de pastoreo), Cataluña, Malta, Rusia, Estocolmo, y los Boy Scouts. Génova llegó a ser conocida como República de San Jorge. En Inglaterra es patrón desde el siglo XIII, cuando Eduardo III lo nombró protector de la Orden de la Jarretera; y el estandarte de San Jorge forma parte de la bandera de Gran Bretaña. En el reino de Aragón jugó el mismo papel de santo guerrero que tomó Santiago en Castilla. En algunas batallas de la historia europea se han enfrentado ejércitos enemigos, ambos con la bandera y el patronazgo de San Jorge.

Santos guerreros de Oriente

En la Iglesia oriental San Jorge formaba parte de un amplio grupo de santos guerreros, entre quienes se encuentran, además de San Mena (<24 noviembre):

● Un luchador antidraconiano es San Teodoro, que puede ser el mártir San Teodoro de Tiro (09 noviembre), cuya hazaña más notable fue incendiar un templo de la diosa Cibeles, o quizá se refiera a San Teodoro Triquino (330) (20 abril), monje célebre por exorcizar demonios.

San Demetrio de Tesalónica

● San Demetrio de Tesalónica (26 octubre), procónsul pelirrojo muerto a lanzazos, cuya leyenda se confunde con la de otro mártir San Demetrio (22 diciembre). San Jorge y San Demetrio fueron llamados los Dióscuros cristianos, a modo de reencarnación de los caballeros míticos de los griegos, los gemelos Cástor y Pólux (<15 julio). El nombre Demetrio remite a la diosa Deméter.

● También santo militar es San Mercurio (25 noviembre), soldado mártir en Cesarea de Capadocia y que póstumamente regresó como fantasma para matar de un lanzazo a Juliano el Apóstata. El 10 diciembre también se celebran a otro San Mercurio, legionario cristiano, decapitado en Sicilia, y a San Gemelo, crucificado en tiempos de Juliano el Apóstata en Ancira (actual Ankara), y dos días después a las santas de Alejandría: Santa Mercuria, Santa Dionisia y dos Santa Amonaria (12 diciembre).

Batallas de Primavera

Bajo la bandera de San Jorge, en Alcoy se celebran las fiestas de Moros y Cristianos, que rememoran los antiguos rituales de combate entre las fuerzas antagónicas del cosmos, a menudo simplificadas en luchas entre los guerreros del Bien y el Mal. Éstos últimos resultan siempre derrotados, pero nunca destruidos. Casi todos los pueblos han acabado identificando el bando del mal, con sus vecinos o enemigos habituales, favoreciendo la evolución de la fiesta desde un inicial ritual del combate primigenio hasta la más tardía exhibición de batallas históricas, en cuyo desarrollo se ensartaban los detalles míticos: las dificultades iniciales, la ayuda del guerrero divino (al bando bueno, claro), la astucia de los malos, la traición y la victoria final tras la conquista de la enseña sagrada.

Las luchas rituales entre el invierno y el verano proliferaron en mitad de la primavera por toda Europa y otras similares se encuentran por todo el mundo. El recuerdo de las batallas contra moros y turcos sólo actualizó un conjunto de dramas y danzas de espadas y palos que estaban presentes con antelación: moriskentanzen alemanas, morris dances inglesas o moresca italiana. En muchas contiendas populares los mozos se dividían en dos bandos que simbolizaban al agonizante y oscuro invierno, con sus representantes envueltos en pieles y gorros, y a la renaciente y clara primavera, cuyos actores van cubiertos de hojas y flores. En los países eslavos dos bandos contendían, uno atacando y otro defendiendo, por una figura vestida con ropas femeninas y adornada con flores. En todos los casos el invierno era derrotado, y a veces humillado, aunque finalmente los dos grupos se reunían en un banquete, mientras todos entonaban canciones de victoria.

Aunque el fin principal era propiciar la llegada del buen tiempo y obtener otros efectos benéficos (lluvia, buena cosecha, expulsión de plagas), los torneos de competición también añadían un carácter preparatorio para los esfuerzos bélicos, aunque después quedaron en espectáculos que perseguían los premios, la gloria de la fama o la pura diversión. De todas formas hay que tener en cuenta que, antes de la era industrial y del control de la violencia por los gobernantes estatales, la expresión de la agresividad y de la hostilidad en las sociedades tradicionales estaba mucho más acentuada que actualmente. La defensa y la garantía de las actuaciones personales o colectivas ante casos de situaciones sistemáticas de injusticia o de perjuicio, propiciaban múltiples ocasiones en las cuales la violencia dirimía los conflictos. La justificación para ello podía ser nimia y, en el caso de los juegos y los rituales de lucha, el límite que imponían las reglas se traspasaba con frecuencia hacia la pelea franca y el homicidio.

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