13 Diciembre: Ojos para ver en las tinieblas (I)

SANTAS DE OJOS DE LECHUZA

Solsticio de invierno medieval

Ojos de Santa Lucía

● Dice el refrán: «Santa Lucía, la más larga noche y el más corto día», o «Después de santa Lucía mengua la noche y crece el día», dichos ciertos en la época bajo-medieval, antes de la reforma gregoriana del calendario juliano, cuando el adelanto acumulado por el calendario juliano llevó Hiberdia hasta esta fecha. Por eso a partir del siglo XVII se añadió al refrán: «Ni creció ni menguó hasta que el Niño nació», o sea el día de Navidad, síncopa de Natividad.

El día de Santa Lucía también fue comienzo del ciclo de las Doce Noches Santas (<21 diciembre), pues distaba doce días hasta la Navidad. En Hungría se prepara la «silla de Lucía» durante doce días, quien se sienta en ella adquiere la capacidad de distinguir a las personas que son brujas.

José Lull ha estudiado varios casos de curiosas alineaciones solares que ocurren en la provincia de Alicante y han llegado a convertirse en atracción turística: en el Arco de Santa Lucía en Penáguila durante Hiberdia, donde existía la creencia popular de que las mujeres expuestas al sol en el momento que pasaba bajo el arco, favorecía su embarazo; y en la Peña de la Horadada de Valle de Galliera en fechas próximas al equinoccio (+/- 12 días, 08 marzo y 04 octubre).

● Debido al aumento de su retraso respecto al gregoriano, el calendario litúgico ortodoxo actual celebra el solsticio el 12 diciembre, que en la tradición popular rusa es el día de San Espiridión el Tornasol, cuando se encendían hogueras nocturnas y de madrugada se lanzaban ruedas ardientes por las laderas de las colinas. Considerando esta fecha como solsticial, el oso se da la vuelta en su osera, indicando que está en mitad de su hibernación, entre los días de San Martín y San Blas.

A San Espiridión de Tremitunte (270-348) (12 diciembre en Oriente, 14 diciembre en Occidente) en una persecución anti-cristiana le arrancaron un ojo y lo dejaron cojo, y luego fue obispo de Tremitunte (Chipre), aunque siguió ejerciendo su oficio de pastor. Fue famoso por tener un carácter muy ingenuo y bondadoso, y además por su facilidad para obrar milagros. Es patrón de la isla de Corfú, donde se veneran sus reliquias. Porque se le atribuye una estancia en el Monte Carmelo, y por su afinidad con el profeta Elías para provocar la lluvia, se le considera un precursor de los carmelitas.

Santa Lucía

● La legendaria patrona de la vista, Santa Lucía de Siracusa, según la leyenda griega era una joven de Siracusa prometida a su novio. Peregrinó al sepulcro de Santa Águeda (<05 febrero) en Catania, para implorar la curación de su madre enferma de metrorragia, mediante la incubación onírica. La «Santa de los Pechos» se le apareció en sueños, curó a su madre y le predijo el martirio. Vuelta a su ciudad, Lucía renunció a casarse y distribuyó sus bienes entre los pobres. Denunciada como cristiana por su frustrado novio, fue martirizada y entre las pruebas a que fue sometida destacaron: su paso por un burdel, el dominio del fuego y su capacidad de pesadez inmovilizante.

Su icono habitual, que la presenta portando una bandeja con dos ojos, surgió de una leyenda latina más tardía. Lucía se los arrancó, para rechazar a su pretendiente prendado de su mirada, y luego les fueron devueltos milagrosamente a las órbitas. La relación con la visión le viene ya de su nombre, cuya raíz es la de «luz», recordemos que Lucina era una advocación de Juno y otras diosas romanas. En un contexto femenino «dar a luz» es parir, pero en un ambiente más religioso «dar la luz» es fecundidad espiritual, pues toda toma de conciencia y percatación intelectual ilumina la mente. Pero si la relación con Juno Lucina fuera cierta, también se referiría a la luz lunar de la noche inspiradora. En todo caso se recalca la fascinación o misterio de la mirada penetrante. No confundir a Santa Lucía con Santa Lucina (30 junio) o Santa Lucila (31 octubre).

● El gran difusor del culto a las dos santas sicilianas fue el papa San Gregorio Magno. Un dulce típico de su fiesta, las obleas de Santa Lucía, representan al sol de Hiberdia. Santa Lucía es abogada contra los males de la vista, o para proteger los ojos de quienes necesitan buena visión, como modistas y sastres: «Santa Lucía tres agujas tenía, / con una labraba, / con otra cosía / y con otra quitaba / el orzuelo a quien lo tenía».

Su culto irradió desde Sicilia, donde es muy celebrada en su ciudad natal de Siracusa. En el resto de Italia destaca Venecia, donde reposan sus reliquias después de traerlas desde Constantinopla, y en Verona, donde se recuerda su intercesión milagrosa para curar una epidemia que causaba pérdida de visión en los niños.

En los países nórdicos las niñas se visten de «Lucía, Doncella prudente», que simboliza la llegada de la nueva luz, con un vestido largo blanco y una corona con siete velitas, y los niños con un sombrero puntiagudo decorado con estrellas. Las familias hornean «gatos de Lucía», pasteles con forma de ojos, y se reparten regalos para los niños. La fiesta primitiva estaba dedicada a Lussi, una especie de bruja del folklore sueco, que cabalgaba por el aire, en especial durante la Noche de Yule, un recuerdo del retorno de los muertos en el cambio de año, cuando el solsticio hibernal marca el fin del Año Viejo y anuncia el Año Nuevo.

En Cataluña existió la tradición de que una joven se vistiese de santa. Iba escoltada por dos compañeras, llamadas «cardenalas», y el resto de amigas, con sus mejores galas, se juntaban para oír misa, luego cantaban los «Gozos de Santa Lucía», y después, con sus cestas al brazo, iban de casa en casa cantando y recogiendo comida para celebrar una merienda al acabar la jornada.

● En el ámbito popular se llamaban «Ojitos de santa Lucía» a las estrellas Shaula y Lesath (λ – υ Sco), el aguijón del Escorpión. En los calendarios árabes aparecía la primera como el naw de primeros de diciembre: al-Sawla, en traducción latina Aculeus («Aguja»). En otros sitios los «ojitos» son las dos estrellas muy juntas θ1 y θ2 de Tauro, cerca de Aldebarán, que culminan (tránsito por el meridiano a medianoche) por estas fechas.

Los «Ojos de santa Lucía» son también unos colgantes formados por los opérculos o placa de cierre de la abertura de una caracola (Astraea o Bolma rugosa), muy apreciados como abalorio, antes usados como amuleto contra el mal de ojo y ahora por decoración. En Almería se conocían como «piedra de la jaqueca» y en India, «Ojo de Shiva».

● Embutida en la Cuaresma, durante la semana que sigue al día de Santa Lucía, la tercera semana del mes, la última antes de Hiberdia, se ayunaba la Cuarta Témpora, como preparación para el invierno y que no creciera el humor flemático (frío y húmedo), que nos paraliza con el embotamiento y la desgana.

Diosa de Ojos de Lechuza

Ojos de la Diosa

● Las dos santas de hoy, Lucía y Odilia, son una continuación en la tradición cristiana popular del simbolismo de la vieja Diosa de Ojos de Lechuza. Esta ave, o en general cualquiera de sus semejantes rapaces nocturnas o estrígidas, fueron muy representada en «ídolos oculados» y plaquetas de las culturas megalíticas del V al III milenio a. C. y en el Arte Esquemático Ibérico se extendió hasta fines del II milenio a. C. En la cultura de Los Millares (Almería) aparece con grandes ojos radiantes y fascinadores, casi siempre en un contexto funerario.

La fama de los ojos de lechuza es una ilusión, debida a que sus ojos están rodeados por dos óvalos blancos, el «disco facial», que sugieren una vista aguda, y aunque su vista es buena en la oscuridad, pues perciben muy bien la profundidad y los cambios de luz, pero no los colores, se guían más bien por su finísimo oído con escucha direccional, debida a la asimetría de las orejas.

● En algunos idiomas las palabras para sol y ojo están emparentadas. La diosa britana Sulis, romanizada Minerva, patrona de los baños termales de Aquae Sulis (Bath), tenía como epíteto Suleviae, «la Sol gemela», en su honor se mantenía una llama perpetuamente encendida. «Tienes unos ojos como soles» sigue siendo un piropo a las mujeres de ojos grandes y de mirada limpia. En Lugo se venera a la Virgen de los Ojos Grandes, una Virgen lactante, citada en la cantiga 77 de «Loores y milagros de Nuestra Señora» de Alfonso X el Sabio.

La diosa Atenea procede de un ave rapaz nocturna (parece que era específicamente el mochuelo) que vigilaba y guardaba los secretos de la sabiduría de las sombras. Su epíteto más citado es glaucopis, de «ojos brillantes, resplandecientes», más tarde de «ojos azules». El Gran Ojo es símbolo de perspicacia, visión mística e intuición del misterio; los Ojos de la Noche son capaces de ver en la oscuridad de la mente inconsciente. El impulso de despertar la visión interior, la «videncia», es una necesidad sentida en todas las culturas. En el mito, cuando la Diosa le ofrece al héroe uno de sus ojos, le concede la visión profunda o penetrante. Son muchas las prácticas diseñadas para abrir un tercer ojo espiritual, entre la más antiguas se encuentran: incubación onírica, yacer sobre una roca en la cima de una montaña en una noche clara, internarse en sitios estrechos, pasar varios días dentro de una cueva, etc.

● De modo contradictorio una distorsión de la vista, como es la pérdida de un ojo o la ceguera completa, puede ser símbolo paradójico de ganancia de visión de lo oscuro. En muchos mitos los dioses o los héroes tuertos (Odín, Lug) sacrifican un ojo para obtener tan preciada mirada sobre lo oculto, o incluso quedan ciegos a este mundo para contemplar la otra realidad. Esta «larga vista» mágica puede llegar a los confines del cielo y del infierno, o puede mostrar un inmenso poder de fascinación de la mirada que hechiza a comunidades enteras. El poseedor del ojo único puede usar su mirada para aniquilar a sus enemigos.

● Los ojos de bruja son famosos por causar el «mal de ojo» y provocar fascinación, y lo mismo ocurre con las estriges: mujeres malditas, brujas en italiano (streghe), demonias o vampiras en los países eslavos. Ya aparecen en el mundo clásico greco-romano, a causa del temor hacia todo lo que proviene del inframundo oscuro. Cuando predominan los ilustrados del mundo consciente, se abandonan las ahora viejas técnicas de trance para penetrar en la mente profunda, y las mujeres que aun se atreven a bajar a explorar estos submundos son consideradas maléficas, pues la realidad ha quedado escindida en dos aspectos irreconciliables.

Otro tema de los Ojos Divinos se relaciona con la humedad a través de las lágrimas, el Llanto de la Diosa produce las lluvias otoñales (<15 septiembre).

Símbolos de la lechuza

Ojos de estriga

Además de sus grandes ojos, las estrígidas o aves predadoras nocturnas (búho, lechuza, mochuelo, autillo, cárabo, etc.) parece que fueron valoradas en sus aspectos positivos en la prehistoria y luego se fueron demonizando. Esta ambivalencia interpretativa queda ilustrada en el refrán: «Lo que para uno es su lechuza, es para otro su ruiseñor».
Búhos, mochuelos y lechuzas, han sido consideradas aves agoreras de malos presagios (calamidades, desolación, desastres), quizá por su sonido ululante que recuerda el lamento o el gemido. El chicheo de la lechuza en vuelo ha sido señal de tristeza y premonición lúgubre, de enfermedad y muerte. Las aves estrígidas por sus hábitos nocturnos están ligadas a la luna y al inframundo. Indirectamente se asocian a las aguas y la lluvia, «Si la lechuza por la tarde canta, prevén la manta». Se acentuaba que establecía sus nidos en cuevas, cementerios o ruinas y que se alimenta de ratones. En la Biblia es animal impuro. De mensajeras del inframundo pasaron a ser ellas mismas diablesas infernales. Las brujas se transforman en lechuzas y entran en las casas para chupar sangre o devorar niños. Por eso para espantarlas, clavaban lechuzas en las puertas de las casas. Se decía que las brujas presentaban en sus transformaciones el pico de las rapaces, agudo y sanguinario, y unas garras capaces de halar el alma de un hombre y convertirlo en fantasma. Las brujas lechuzas se bebían el aceite de las lámparas de los altares y arrojaban sus egagrópilas y excrementos en las iglesias. La relación entre «estrige» y bruja se mantiene en gran parte de Europa. Es curioso que de entre todas las estrígidas la blanca lechuza fuera la más arraigada en la imaginación humana.

Entre sus caracteres menos sombríos adquirieron fama, por sus costumbres y vuelo silencioso, de ser prudentes, astutas, sabias y melancólicas. También se las reconocía por su enemistad con las serpientes y las aves negras diurnas o córvidos. Incluso se usaron los huevos de lechuza para curar a los borrachos, porque provocaban aversión al vino. La lechuza aparece en los escudos de armas de tres ciudades del norte de Inglaterra: Leeds, Dewbury y Oldham.

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