19 Enero: El final de las sementeras

EL FINAL DE LAS SEMENTERAS: SANTA MILBURGA, ARADA INVERNAL, FIESTAS COMPITALES Y PROEROSIAS

Santa Milburga y Santa Xenia

Santa Milburga protege los cultivos

● Santa Milburga alcanzó fama por sus numerosos milagros, en especial el poder sobre las aves, tanto silvestres y domésticas, pues podía hablar con ellas para que no dañaran los cultivos, y también era obedecida por los gusanos, para que no royeran las raíces. Es muy representada instruyendo a los gansos y otras anátidas migratorias para que se alimentaran sin arruinarar los cultivos locales. En otras efigies suele aparecer acompañada de un ciervo. Al igual que Santa Winefrida (<13 abril), pronto el pueblo relacionó a Santa Milburga con las fuentes y pozos sagrados, en especial los de Stoke St. Milborough y otro en los restos del propio monasterio, cuyas aguas son mano de santa para curar las enfermedades de los ojos, quizá porque ella tuvo fama de clarividente.

En la Inglaterra medieval era la patrona de los sembrados, sucesora de Diosa Tierra, en cuyo honor se realizaban rituales de arada y siembra. En un manuscrito medieval se relata que el campesino recogía cuatro porciones de césped en cuatro puntos distintos de sus tierras y las llevaba a misa para bendecirlas. Luego las volvía a colocar en su lugar ofreciendo una libación de aceite, miel, leche, agua bendita y hojas de árboles, mientras recitaba a modo de conjuro la cita bíblica: «Creced, multiplicaos y poblad la tierra».

Históricamente esta santa fue la abadesa benedictina Santa Milburga de Wenlock (722) (23 febrero), perteneciente a una de las típicas familias de santos aristocráticos de la Alta Edad Media. Hija del rey Merewalh de Mercia y Sª Ermenburga de Kent, tuvo como hermanas a Santa Mildreda y Santa Mildgita (St. Mildred y St. Mildgyth, no incluidas en el santoral). Fue fundadora y abadesa del monasterio de Wenlock (actual Much Wenlock, Shropshire), luego destruido por los vikingos y refundado como monasterio cluniacense. El nombre anglo-sajón de Milburga, muy apropiado para la ocasión, significa «generosa protección, armoniosa».

● En Rusia, el 24 enero, fecha de Axinia la Medio-pan (Santa Xenia de Roma = Santa Eusebia de Milasa, <20 abril), se consideraba la mitad del invierno climático, cuando se ha gastado la mitad de la provisión de harina. Noche propicia para incubar sueños sobre la próxima cosecha.

La arada invernal

Arada prehistórica

● Una pervivencia medieval del final de la arada invernal era la conducción del arado por caminos y campos, a cargo de grupos de enmascarados. Al llegar a los poblados los aradores, vestidos con disfraces animalescos, se dedican a pedir y luego efectúan una representación, en la cual el Tonto compite contra varios personajes por la compañía de una Doncella, también suelen aparecer una pareja de Vieja y Viejo.

En Inglaterra, el «Lunes del Arado» (Plough Monday), el 10 enero o el lunes siguiene a la Epifanía (06 enero), se llevaba a bendecir un arado en la iglesia, luego se arrastraba por las calles y después era guardado hasta que se recuperaba en primavera. Quienes arrastraban el arado formaban parte de un grupo de bailarines (molly dancers), vestidos de campesinos con la cara pintada de negro.

En el resto de Europa era más frecuente que el arrastre del arado ocurriera en época de Carnaval. En Cataluña dos de los hombres más importantes del pueblo se uncían a un arado y guiados por un campesino surcaban alrededor de la plaza, rodeados de danzantes disfrazados de diablillos con los inevitables cencerros. En pleno Carnaval en Pereruela (comarca de Sayago, Zamora) se celebra una boda fingida con baile donde las Vacas Antruejas, una de mozos y otra de niños, dan muerte a un pelele y luego se realiza la arada y la siembra. Un rito nupcial semejante para consumar la boda era la «arada de los novios», que se daba en muchos lugares, p. ej. en La Huetre (Casares de las Hurdes, Cáceres), donde los novios se uncían a un arado para remover un trozo de terreno, siguiendo los símbolos de arado masculino y tierra femenina, y el surco son los hijos.

En ocasiones la arada era una parodia pues se surcaban las calles y se esparcía ceniza en vez de semilla, pero en muchos ritos antiguos la ceniza era la representación de los muertos y ancestros que volvían al seno de la tierra para dar nueva vida.

● El ritual de la arada es antiquísimo, está representado en los santuarios rupestres de la Edad del Bronce en los Alpes y Escandinavia, asociado al culto de la Diosa Madre y al Toro de la Tormenta. En las grandes civilizaciones la arada ritual era realizada por los monarcas mesopotámicos, hindúes o chinos, generalmente ligada a ritos eróticos, para unir Cielo y Tierra y garantizar la fecundidad aprovechando el flujo aportado por muertos y espíritus. A la heroína del Ramayana, la encontró su padre en el campo mientras araba, y la llamó Sita = «Besana» o surco. El ritual regio de la arada aún se realiza todos los años en Tailandia. En la época clásica, los ritos de la arada se ejecutaban en honor del dios de la siembra (por ejemplo, Saturno), y simulaban el acto de la siembra, alfombrando la calle con paja, que luego el arado cubre.

En la tradición de Rumanía los días 30 y 31 diciembre celebran el ritual del «pequeño» y «gran arado», marcando el comienzo del nuevo año agrícola. Los niños con ramas floridas cantan canciones de bienvenida al nuevo años y de deseos de salud y prosperidad. Otros rituales con finalidad más bien de exorcizar los malos espíritus eran las representaciones del Herodes (semejante a nuestro Judas), del oso y de la cabra.

Fiestas romanas del final de las sementeras: Compitales, Sementivas y Paganales

Altares de las Compitales

En la antigua Roma tres fiestas «conceptivas», o sea de fecha móvil, se solían celebrar en enero, relacionadas con el fin de las sementeras.

● Al final de las tareas otoñales del año agrícola, se anunciaban para primeros de enero las fiestas Compitales (Compitalia), en honor de los Lares Compitales. En las «encrucijadas» o compita, se levantaban pequeñas capillas de madera donde el labrador colgaba el arado, idolillos de los dos lares protectores de la finca, pelotas y muñecas de lana y se sacrificaba un perro. Alrededor de la capilla se instalaban cuatro pequeños altares en las cuatros puntos cardinales. Primitivamente estas encrucijadas solían estar en el límite de los vici (plural de vicus) algo parecido a nuestros términos municipales.

Se decía, aunque parece poco probable, que los muñecos habían sustituido a antiguas víctimas humanas en honor de Mania, madre de los Lares, que fueron llamados sacrificios vicarios, en origen en honor al vicus, y luego pasó a designar al hecho de otorgar otras ofrendas en lugar del voto prometido. Según otra interpretación, los maniquíes servían como rescate, para desviar la atención de los espectros hacia los monigotes, evitando que persigan a los vivos. En representación de los habitantes de la casa se colgaban tantas efigies de los manes como personas libres y tantas pelotas o pilae como esclavos, lo cual facilitaba los recuentos de personas en los años de censo, estos muñecos dieron lugar a los «peleles» de Carnaval. En la ciudad se festejaban en los cruces de las calles.

Los Lares Familiares eran los dioses tutelares de la casa, o en general de los lugares habitados, fincas y haciendas. La familia de los lares incluía también a los Lares Viales en los caminos, y a los Lares praestite en las lindes de fincas y pueblos. Las categorías de lares, larvas, lemures, penates, manes y genios se imbricaban entre sí y sus diferencias eran muy difusas y cambiantes según las épocas, en general eran espíritus de los muertos, con distintos matices según fueran amigables o peligrosos, en el último caso había que aplacarlos y conjurarlos para que no molestaran a los vivos. La forma primitiva de los lares era lases, quizá en relación con la divinidad etrusca Lasa, una ayudante esteticista de Venus, a través de Lara o Larencia (<17 diciembre). En muchas culturas de todo el mundo se dan este tipo de festejos y rituales de defensa en las encrucijadas para evitar que los espíritus de los muertos y demonios del inframundo se inmiscuyan en nuestros asuntos.

En las casas los ritos tenían un carácter de fiesta de los manes o difuntos familiares, con un convite de cerdo sacrificado y las ofrendas de dulces y tortas. Se colocan muñecos de pan en las casas, para evocar a los difuntos protectores contra las enfermedades y los malos espíritus. Los muñecos son los herederos de los antiguos ídolos ancestrales del clan o antepasados de la tribu, en cuanto tales eran figurados como serpientes.

● Al acabar la sementera tenían lugar las Ferias Sementivas (Feriae Sementivae) fiestas de propiciación con encendido de hogueras, ofrendas de pastelillos, libación de leche y mosto cocido y sacrificio de una cerda preñada, en el Templo de las Quillas (Carenas) al pie del Esquilino. Estaban dedicadas a las diosas: Tellus, Tierra sembrada; y Ceres, Madre de la Semillas. Una costumbre curiosa era colgar de las ramas de los árboles mascarillas de Baco que oscilaban en el aire en todas direcciones para llevar la fertilidad con su mirada a todos los rincones del huerto.

● Las Sementivas se celebraban conjuntamente con las Paganales (Paganalia), fiestas de purificación de las aldeas de los campos o «pagos», de ahí que sus habitantes fueran «paganos».

Proerosias

Entre los griegos, a principios de invierno, celebraban las Proerosias o fiestas del arado, cuando tenía lugar la arada ritual, la apertura anual del tribunal del Paladio y la procesión de Palas a Falero, montada en un carro de combate.

El «Paladio» era una estatua de madera a tamaño natural de la diosa Palas, una advocación de Atenea, con templo propio en Atenas, donde tenía su sede un búziga o «uncidor de bueyes», sacerdote de Zeus, a quien le incumbía realizar la arada sagrada con una yunta de bueyes. La maldición pronunciada por el boyero del Paladio, contra los transgesores de ciertos mandamientos morales, era proverbial y muy temida por los atenienses. Las peores maldiciones recaen sobre quienes se niegan a: dar agua al sediento, ascuas a quien necesita encender fuego o indicación del camino al extraviado.

Ante el templo del Paladio ejercía un importante tribunal de justicia, encargado de juzgar los delitos de homicidio involuntario, incitación al asesinato y crímenes violentos contra extranjeros y esclavos. El castigo de todos ellos suponía el destierro y sólo podía regresar si ejecutaba específicas ceremonias de expiación, siempre que la familia de la víctima renunciara a la venganza.

Deja un comentario