09 Mayo: Aguas celestes de Mayo (I)

AGUAS CELESTES DE MAYO (I)

Aguas celestiales

● Durante la época clásica greco-romana la fecha de hoy era una encrucijada en las observaciones estelares: orto matutino de Las Pléyades y ocaso vespertino de Sirio. Se consideraba que concluía la templada primavera y empezaba el cálido verano, ambas estaciones en sentido climático.
Con el orto matutino de Las Pléyades concluye su período de desaparición, tras su ocaso vespertino a finales de marzo. El orto de Las Pléyades aparece ya en Hesíodo. Curiosamente, en el mundo mediterráneo a partir de mitad de primavera tienden a escasear las lluvias antes de introducirse el año en el seco verano. Los cultivos empiezan a verse afectados por plagas de bichos que amenazan a los cultivos y árboles frutales, y se inician las epidemias ganaderas. Quizá la fama de Las Pléyades, asterismo asociado antiguamente con las lluvias, provenga de más antiguo, a fines del Neolítico, cuando su orto coincidía con Vernadia (~3500 a. C.) y el comienzo de las lluvias de primavera, pero la precesión ha ido atrasando su aparición hasta más allá de mitad de primavera (Calendario estelar de Las Pléyades <10 noviembre).

Eje Sirio – Pléyades

● Tras el ocaso vespertino de Sirio, también empezaba por estas fechas su período de ocultación que duraba hasta el 18 julio. La creencia de los egipcios de que Sirio era invisible durante 70 días, se corresponde a partir del 1000 a. C. hasta la época clásica greco-romana. Según Stellarium en el año 3300 aC. para latitud 30º, el período entre ocaso vespertino (02 mayo, unos 12 días después del equinoccio de primavera en el calendario juliano proléptico) y orto matutino (20 julio, fecha proléptica del solsticio de verano), era de unos 80 días. Recordemos que estos datos modernos retrospectivos son astronómicos, en las observaciones aparentes locales serían algo diferentes. Actualmente el ocaso vespertino de Sirio viene a ocurrir hacia el 25 mayo en la latitud de El Cairo (Calendario estelar de Sirio <02 julio).

● Como ocurre en el Día de San Marcos (<25 abril), la concentración de procesiones de rogativas y votos durante fines de abril y primeros de mayo es un claro indicio de la importancia crítica de ese período en la economía agrícola. San Gregorio Ostiense, un santo de las aguas, se especializó más en sus funciones protectoras de cosechas y ganados, o directamente contra las plagas de los cultivos. Las inclemencias meteorológicas desfavorables (sequía, granizo, heladas tardías) en unión de diversas plagas, que solían aparecer con los primeros calores de mediados de primavera, podían acabar en pocos días con el esfuerzo de todo un año. Aparte de sus funciones fecundadoras generales, el Agua de Mayo era ideal para mantener la salud y curar las afecciones cutáneas. Por realzar la belleza, entraba en la composición de los afeites cosméticos femeninos. Y, como no, bebida en vaso de yedra era un potente ingrediente en los filtros mágicos.
En Rusia el santo equivalente de hoy es San Nicolás de Primavera, una fiesta rural de varones, cuando los pastores iniciaban diversas faenas agrícolas y el desestablo de los caballos.

San Gregorio Ostiense

San Gregorio Ostiense (970-1044) (hoy, 09 mayo), muy venerado en tierras de La Rioja y Navarra, a menudo confundido con San Gregorio Nacianceno (<02 enero actual, antes también era celebrado hoy) o con San Gregorio Magno (<12 marzo). De hecho en ambas fechas, 12 marzo y hoy, se bendecía el agua gregoriana.
Es un santo de vida incierta, se cree que fue un abad del monasterio de San Cosme y San Damián de Roma, hasta que el papa Juan XVIII lo hizo obispo de Ostia y luego cardenal, pasando a ser Bibliotecario Apostólico, puesto que mantuvo durante cuatro papados. Participó en el gobierno de la Iglesia, tomando parte en asuntos arduos y complicados de política exterior.
Parece ser que vino a España hacía 1039, como legado papal ante las Cortes de Castilla y Navarra como intermediario en la organización eclesiástica de España en las cuestiones relativas a la fijación de los límites entre las diócesis, origen de numerosos conflictos por las interferencias de jurisdicción episcopal y por la pertenencia a distintos reinos. Vivió alrededor de cinco años en España y murió en Logroño.

San Gregorio popular

Además de sus funciones diplomáticas, a San Gregorio Ostiense sus predicaciones por la Rioja y Navarra le granjearon el favor popular y se le añadieron varias leyendas sobre sus capacidades taumatúrgicas y arquitectónicas. Se cuenta que una vez libró los campos del valle del Ebro de una plaga de langosta, siendo desde entonces invocado contra las devastaciones de los cultivos por bichos, insectos y pequeños animales. Por su oscuro origen también le adjudicaron muchos ritos de imploración de la lluvia primaveral en estas fechas ancestrales. En cuanto patrono de las Aguas de Mayo, en muchos pueblos se llevaban a cabo bendiciones y aspersiones con las «Aguas Gregorianas», reputadas por su milagroso efecto plaguicida.
En una época de reconstrucción en los reinos hispanos, San Gregorio Ostiense contribuyó a acondicionar el camino de Santiago, instruyendo a su mejor discípulo Santo Domingo de la Calzada (<02 junio) en las tareas de construcción de caminos, hospederías o puentes.
Según la leyenda, poco antes de su muerte, Gregorio dispuso que sus restos se ataran a una cabalgadura y que dejado el animal en libertad, donde cayese por tercera vez y muriese, en el mismo sitio se le diera sepultura. Cuando se ejecutó la voluntad del finado, el lugar designado fue la ermita de San Salvador de Peñalba, en el término de Sorlada de la Berrueza (Navarra), por eso algunos prefieren llamarlo San Gregorio de la Berrueza. El sepulcro quedó olvidado, hasta que a mediados del siglo XIII fue convenientemente inventado, por revelación de un rayo de luz sobre la tumba, y allí se construyó una basílica.

Aguas gregorianas

Transmutador de aguas

A partir del siglo XVI la fama plaguicida de las aguas gregorianas del santuario navarro empezó a difundirse, adquiriendo su auge en el siglo XVIII, para ir atenuándose hasta desaparecer en el siglo XIX. A su santuario acudía gente de toda España para suplicar su ayuda contra la langosta y otras plagas de bichos, en especial contra las orugas de la vid, que en esta época del año amenazan a los tiernos pámpanos. Los delegados llegaban, o en busca del agua pasada por la Santa Cabeza o a solicitar el traslado de esta reliquia a las ciudades, pueblos o aldeas afligidas por alguna de las plagas del campo o epidemias ganaderas. A pesar de los exiguos documentos que se han podido conservar, se han transmitido los nombres de unos 1500 pueblos de toda España que mandaron comisiones para obtener el preciado líquido santificado.
Del cráneo sólo persisten unos pocos restos ocultos en un relicario de plata con forma de cabeza que permite el paso del agua de la cisterna del santuario, vertida mediante un embudo de plata por un agujero en el vértice hacia el interior, siendo recogida en una vasija de plata. Esta es la auténtica «Agua Gregoriana», guardada en un lugar especial de la basílica para ser distribuida entre quienes venían a recogerla o ser exportada para la bendición de los campos contra toda clase de plagas.
Si el caso era urgente, incluso la propia calavera era llevada a los pueblos solicitantes, obligados por haber emitido el «Voto de San Gregorio», queda constancia de que más de cien ciudades o pueblos proclamaron este voto, o bien cuando una calamidad urgente, habitualmente una plaga de langostas, se extendía por alguna comarca de España. De ahí el antiguo dicho: «Viajas más que la cabeza de san Gregorio».
La salida más antigua de la cual se conserva relación oficial data del año 1598 a Logroño. La plaga de langosta que motivó el mayor periplo peninsular de la Santa Cabeza tuvo lugar en 1756. La conjunción del terremoto de Lisboa, ocurrido el 01 noviembre del año anterior, y la plaga creó un profundo sentimiento de castigo divino que incluso rozó hasta en los espíritus ilustrados de la Corte. Tras un gran despliegue de medios, el santo cráneo viajó «empezando por la Ciudad de Teruel, y transitando por las diócesis de Valencia, Segorbe, Orihuela, Murcia, Guadix, Granada, Jaén, Málaga, Sevilla, Extremadura y La Mancha, desde donde volverá a su iglesia por el camino más recto». La última salida de importancia sobre la que se posee constancia documental data de 1802 por pueblos de la Rioja. La villa de Los Arcos es la única población que persistió fiel en el cumplimiento de su voto.
En otros lugares, también San Gregorio era el patrón de las aguas y se acudía a la ermita más próxima de su advocación para conseguir el «agua bendita», en especialidades contra los gusanos o los ratones, según el bicho a extinguir.
En Torremanzanas (Alicante) se celebra la fiesta de las «clavariesas», muchachas portadoras de grandes panes, ofrecido a San Gregorio en virtud del cumplimiento de un voto municipal, que trasladó la ofrenda del Pan Bendito, propia de Santa Águeda (<05 febrero), al día de hoy. Esto es «hacer ayunar a un santo para alimentar a otro». Las aguas gregorianas acabaron con una plaga de langostas que invadieron el Reino de Valencia en 1658.

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