07 Enero: La Vieja Tejedora del Destino (I)

LA RUECA DE SANTA PARASCEVE

La Santa Rueca

La Vieja de la Rueca

● Tanto la rueca, como el más antiguo huso, se basan en el giro y son fundamentales para lograr el hilo, materia base del tejido. En sentido simbólico las vueltas y revueltas que forjan el hilo que vamos tejiendo en el transcurso de nuestra vidas, todas entrelazadas con las demás tramas y urdimbres del mundo.
En muchos lugares de Europa hoy era conocido como día de la «Santa Rueca». Después del ciclo de las Doce Noches Santas, en que cesaban los trabajos textiles caseros, se volvía a poner a girar el instrumento de hilado. Esta prohibición también se daba en los tres días de Carnaval, o en Lituania los tres días en que Cristo estuvo muerto. Recordemos que durante los primeros doce días del año «se tejía» el destino del año entero.

Algunos autores piensan que este tabú era una forma de respeto a la actividad de las tejedoras Diosas del Destino, diseñadoras y elaboradoras de la trama de la vida, que muestran su actividad al comienzo de un ciclo (año nuevo, nacimiento, etc.), siguiendo la máxima de que «allí donde está el final se encuentra también el principio». La presencia de efigies de hilanderas era habitual en muchas fiestas de año nuevo.
Los tabúes sobre la oportunidad de ciertas labores es universal. Una de las más frecuentes es la prohibición de realizar tareas textiles durante la noche o los días de fiesta de guardar. En Centro Europa se consideraba que las mujeres que hilaban o tejían al amanecer del domingo quedaban con los husos y los estambres adheridos a las manos. El único remedio para librarse de ello era encomendarse a San Adalberón (1010-1090) (06 octubre), obispo de Wurzburgo que garantizaba el perdón, sobre todo si se peregrinaba a su sepulcro en la abadía de Lambach (Austria).

Perchten

● En el mundo alpino de Alemania, Suiza y Austria también se recuerda, durante las «Doce Noches de las Madres», a la antigua diosa Holle o Frigg, diosa de la luz doméstica de los hogares, cuando en esta época de nieblas, nieve y frío recorre el cielo con su cortejo como Dama Blanca o Madre Nieve. Para congraciarla se le dejaban tortas de trigo, por su forma llamadas «zapatillas de Berta», llenas de regalos. Las casas se adornaban con ramas de abeto y durante la cena se reunían amos y siervos. Sobre un altar de piedras planas se encendía una lumbre, cuyo humo servía de guía a la diosa para descender y mostrar el futuro del año entrante a quienes descifraban los revuelos del fuego. En su aspecto terrible era Holda, guía de la Cacería Salvaje y promotora de tormentas invernales que desataba con la mirada de sus ojos de hielo.
Perchta o Bertha, que significa «Brillante», era la patrona de los perchten o enmascarados que salen en invierno en Austria y sur de Alemania en relación con los espíritus de los muertos, luego demonizados por el cristianismo. La dualidad, o mejor la ambivalencia de la patrona, se manifiesta también en los perchten que formaban dos bandos, los schöne o «guapos» vestidos con el traje tradicional, y los schiache o «terribles» disfrazados de bestias con cuernos de cabrón y pieles, quienes a primeros de año, o en la fecha de Hiberdia por Santa Lucía, salían en las clásicas cuestaciones para celebrar comilonas.
Pero antes Perchta se supuso que vivía en el interior de la tierra, en concreto en una montaña hueca o sea una caverna enorme, donde velaba y protegía las almas de los niños aún no encarnados o muertos recién nacidos para procurarles una nueva concepción. Este tema se tergiversó posteriormente dándole fama de raptora de bebés. También le gustaba acudir a recoger las almas de los recién difuntos, de ahí que se la viera aparecer de vez en cuando en la muerte de algunos nobles y aristócratas de viejos linajes que la tenían como antepasada mítica. Esta diosa Berta tenía un pie deforme, grande y liso, provocado por la presión constante sobre el pedal de su rueca, debido a su inacabable tarea de tejer el destino del mundo, aunque más bien deriva de la pata de ánade (<04 julio).

Santa Parasceve o «Santa Venus»

Santa «Viernes»

● El nombre griego Parasceve (Paraskeve) significa «Preparación», aludiendo al viernes, día previo al sábado, y en especial al Viernes Santo. Entre los cristianos orientales no se olvidó la dedicación pagana del viernes a Venus. Por eso su culto adquirió matices mágicos. Se llegó a respetar la devoción de los Doce Viernes santos del año (<14 junio, calendario eslavo).
En Oriente también fue personalizado el domingo en la mártir Santa Ciriaca, cuyo nombre es feminización de Kyriaké, «(día) del Señor» (06 julio) o latinizada en Santa Dominica (castellanizada sería Santa Dominga), patrona de Tropea (Calabria), cuyo culto procede de Nicomedia. Existe otra Santa Ciriaca de Roma (20 marzo), formando parte de un grupo de hermanas, entre las que se incluyen a Santa Parasceve, quizá la misma santa que los eslavos del sur llamaban Santa Nedelia (= Domingo), considerada hija o hermana de Santa Parasceve. En algunas regiones eslavas el culto a Santa Viernes pasó a la Virgen María Blaquernitisa (Virgen de la Señal, <08 septiembre).

● En la versión occidental se llama Santa Venera de Roma (26 julio), en una de sus varias hagiografías aparece con fama de ser predicadora, a pesar de que la jerarquía eclesiástica siempre se negó a que la mujeres pudieran explicar la doctrina cristiana. Es significativo que sus sermones los expusiera en la ciudad de Therapia. Sufrió crueles torturas por su fe, de las que salió indemne, gracias a curar la ceguera al emperador Antonino Pío, cuya falta de visión ella misma le había provocado. Pero Marco Aurelio mandó que le cortaran la cabeza, cuando tenía una edad muy avanzada. Sus reliquias se conservan en Acireale (Sicilia), siendo «venerada» en Malta y sur de Italia. En los iconos se muestra con el dedo alzado, en gesto de predicar, y con la palma de triple corona por virgen, apóstol y mártir. También se la conoce por otros derivados del nombre: Venerina o Veneria. También existe otra variante del nombre en la mártir legendaria Santa Veneranda de Troyes (14 noviembre).

● En Rumanía se llama Sfinta Vineri, casi convertida en «Santa Venus».

● En Grecia, el día de Santa Parasceve es un día propicio para curar las enfermedades oculares, las capillas dedicadas a la santa están llenas de exvotos de plata en figura de ojos.

● En Rusia es Santa Parasceve Piátnitsa (28 octubre). Piátnitsa era la antigua Diosa en su aspecto juvenil, cuyo imagen la presentaba como una muchacha, desnuda y cubierta con su larga cabellera. Estaba especialmente relacionada con el trabajo textil. En su fiesta, y todos los viernes, estaba prohibido el «trabajo de las mujeres»: hilar, coser, tejer y otras labores como barrer, hacer la colada, bañar a los niños, o retirar la ceniza de estufas y hogares; los varones, por su parte, se abstenían de labrar la tierra. Si incumplían este tabú las mujeres podían quedar ciegas o convertirse en ranas. La identificación precristiana del viernes con el domingo como día sagrado pervivía aún en el siglo XV, tal y como recoge el Stoglav (una especie de Cánon ruso), aún mantenida en su edición de 1862.
Para estas vedas se aducía un justificación higiénica: no había que producir polvo para proteger los ojos de enfermedades y cegueras. Las fibras de la agramiza del cáñamo o del lino pueden introducirse en los párpados y producir irritaciones oculares, pero era un temor de tipo mágico, por miedo a transgredir el tabú de la santidad de Paraskeva (ex-diosa) a quien estaba dedicado tal día. La posible ceguera estaba más bien ligada al destino, en cuanto pérdida de la capacidad de «pre-visión».

● En Bulgaria es Santa Parasceve Petka, protectora del limbo existente entre cielo e infierno, a donde van las almas de los niños sin bautizar, una canción popular la sitúa en la entrada del puente entre la vida de este mundo y la Otra Orilla del Más Allá. En los países eslavos le asimilaron los poderes de Mokosha, el aspecto maduro de la Diosa, personificación de la Madre Tierra-Húmeda, rectora del agua y protectora del matrimonio y del parto. Como diseñadora del destino se le ofrecían tejidos de lino o lana, colocados en el interior de un pozo que estuviese cubierto con un ídolo suyo tallado en madera.

● Una santa más histórica es Santa Parasceve (o Prascovia, 1022-1050) (14 octubre), nació en la ciudad tracia de Epibatos (actual Boiados, a orillas del mar de Mármara), desde muy joven se dedicó a la vida ascética, en distintos monasterios e iglesias, hasta que en una serie de visiones la Madre de Dios le ordena dirigirse a Jerusalén. Luego se recluye en un monasterio del desierto de Jordania. Al final regresa a Constantinopla, para acabar residiendo en la iglesia de los Santos Apóstoles, donde muere a los 27 años de edad. Sus reliquias conocieron una gran dispersión por todo el mundo ortodoxo balcánico, hasta que finalmente fueron depositados en la catedral de Iasi (Moldavia de Rumanía).

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