23 Abril: San Jorge y el Dragón (I)

SAN JORGE Y EL DRAGÓN

San Jorge mártir

San Jorge ha llegado a ser uno de los santos más populares, primero como patrón de la Caballería militar y sólo a partir del siglo XI se le añadió el episodio de la lucha contra el dragón, aunque éste fuera su origen simbólico. Viene a ser la versión terrenal del San Miguel celestial.

En cuanto santo cristiano es un mártir legendario, cuya pasión apócrifa, escrita en 496, dice que nació en Capadocia en una familia cristiana y que ingresó como tribuno de caballería en el ejército imperial romano. Sufrió un cruel martirio al oponerse al edicto de persecución de Diocleciano.

Esta leyenda sufrió varias modificaciones, casi todas con el elemento común de algún milagro de resucitación obrado por el santo, ya sea sobre personas, animales e incluso un árbol seco, según sea la versión. La jerarquía eclesiástica siempre censuró la infinidad de pasiones que surgieron sobre las torturas y milagros del santo, lo cual no impidió su difusión y final mezcla con el tema del Dragón.

San Jorge, Dama y Dragón

Su supuesto sepulcro se veneraba en Lida, centro de irradiación de su culto que logró una gran expansión, gracias al hecho de ser etapa de la peregrinación a Jerusalén. Lida es la antigua Dióspolis (Ciudad de los Dioses) en Palestina y actual Lod, cerca de Tel Aviv. La basílica construida sobre el sepulcro fue destruida por los fatimitas. Los cruzados reconstruyeron la iglesia y extendieron su culto por Occidente, aunque ya había presencia de devoción al santo desde la Alta Edad Media. Después el templo conoció otras destrucciones y reconstrucciones.

San Jorge el Verde

● El nombre Jorge procede del griego Geórghios, derivado de Ge-ergon, «labrador de la tierra, agricultor», que remite a su función como dios fecundador de la tierra cultivada, quien con el epíteto de «El Verde», también se atribuyó a muchos otros santos de primavera, sobre todo en Europa oriental en donde se celebran ritos de protección de los campos semejantes a las Letanías de San Marcos occidentales. Se discute su origen, pues el tema es casi universal, pero el más antiguo conocido es sumerio, el mito de la diosa Inanna y su hijo-amante Dumuzi, del que deriva el relato acadio de Ishtar y Tamuz, en ambos el nombre del dios significa «hijo fiel», que libra las aguas, devolviendo a las tierras cultivados el verdor vital.

En el caso de San Jorge Verde, las fuentes remiten al Cáucaso, donde abundan los ciclos míticos basados en la lucha del héroe y del dragón, e incluso en el Medievo los europeos le dieron este nombre a uno de sus países: Georgia, el «País de Jorge», por la amplitud del culto al santo (los nativos llaman a su país Sakartvelo), de hecho la bandera del país lleva la cruz roja de San Jorge.
En Lida se encuentra el monasterio greco-ortodoxo de Al Jadir, «El Verde», cuya fiesta se celebra el 05 mayo. Este San Jorge el Verde pasó a la tradición musulmana como un personaje espiritual, el cual aparece con la figura de un joven peregrino que concede la baraka o bendición a sus devotos, en especial a los iniciados sufíes, el gran místico Ibn al-Arabi relata varios de sus encuentros con al Jadir.
La advocación «El Verde», aplicada a las santos en plena época primaveral, significa «verdeante», que reverdece los campos, usándola como símbolo de los primeros destellos de crecimiento en la vía espiritual. En la Europa medieval aparece en la arquitectura románica y, sobre todo, en la gótica, en la figura que modernamente se ha llamado el «Hombre Verde», con cabeza de hojas y otros motivos vegetales.

El Verde

● Las serpientes en cuanto protectoras del Reino Inferior y guardianes de sus tesoros, también pueden ejercer de mensajeros del Infierno. Su capacidad de regeneración, mediante la muda anual de la piel, y su hibernación se insertaban en el calendario antiguo europeo.
En Rusia se observaba el ciclo de hibernación de las serpientes. En Automdia, apenas se cobijaban bajo tierra, era señal de que se avecinan las primeras heladas y comienza el duermo de la tierra. Al llegar Vernadia con el despertar serpentino del letargo invernal y su salida a la superficie, significaba que la tierra está lo suficiente blanda y calentada por el sol para poder empezar a labrarla. El día general de las serpientes en los países eslavos es hoy. Pero al irse imponiendo las culturas urbanas sobre las rurales, la serpiente y su hermano imaginario mayor, el dragón, pasaron de ser mensajeros del mundo ancestral del interior de la tierra, o sea instintos y emociones, a tener un significado únicamente ligado a la conciencia normativa moral, en cuanto las pasiones oscuras se consideran ahora como inductoras de los obstáculos que impiden la salvación: vicios, tentaciones, pecados, demonios, etc. El nombre popular ruso de San Jorge (Georgii) era Egorii de Primavera, encargado de abrir la tierra una vez deshelada y protector del ganado.
El día de San Jorge en Rusia se plantaba la remolacha, la col y la zanahoria, se sacaba por primera vez el ganado de los establos a pacer al campo, y se le azuzaba con la mimbre bendita. Durante la circunvalación de los campos se enterraban, en las cuatro esquinas de la finca, las cáscaras de los huevos y los huesos del jamón de Pascua. En Ucrania se practicaban simulacros de relaciones sexuales sobre los campos para estimular el desarrollo de las mieses. Comenzaba la época de juegos y festejos juveniles.

La lucha del héroe y el dragón

● Primitivamente el dragón o serpiente era lo que luego los romanos llamaban Genius Loci, espíritu ancestral que custodia el territorio tribal y que debe ser aplacado antes de intentar transformar dicho lugar en cualquier forma, como excavar, edificar, cultivar, … Pues cualquier cambio artificial del ambiente natural se consideraba un atentado al Espíritu dueño del sitio y provocaría su ira, mostrando su faceta más aterradora, con consecuencias desastrosas, lo que actualmente llamaríamos alteración ecológica. Así que antes de realizar cualquier actividad sobre el terreno se ejecutaban los correspondienes actos de conciliación: ofrendas, sacrificios o ritos adecuados, para lograr el permiso del Genio local.
Más tarde los dioses celestes, preferentemente los atmosféricos y solares, se encargaron de dominar a los reptilianos dragones de la tierra, para que no entorpecieran las labores agrícolas durante el Neolítico, pues se hacia necesario roturar las glebas, excavar pozos, construir acequias, etc.

● San Jorge, en cuanto vencedor del Dragón, procede de un antiguo héroe guardián de los cultivos, cuya misión consistía en liberar las aguas primaverales del poder draconiano que las mantiene aferradas a las nubes. Todavía en Aracova (Grecia) durante la fiesta de hoy se corta el suministro de agua al pueblo y no se devuelve hasta que uno de los danzantes no pide cantando al dragón el retorno de tan vital elemento. Esta lucha por el control de las aguas tormentosas lo convirtió en un poderoso guerrero cuando su culto se extendió a Occidente.
En otros casos, el dragón es el espíritu de los lugares pantanosos y su derrota representa el proceso de desecación y aprovechamiento agrícola de estos terrenos mediante el regadío, como p. ej. en la leyenda de San Marcelo de París (<16 enero).
En cualquier caso, el dragón acabó siendo un animal mítico que reunía los cuatro elementos: el agua primigenia, el submundo terrenal y el aire nuboso, más tarde se le añadiría el fuego, surgido del vaho ardiente de su aliento. En Oriente, el dragon conservaría un aspecto positivo de esta cualidad caótica elemental, capaz de todas las posibilidades de mezcla y desarrollo, si se logra activar y dirigir el poder de las energías primigenias latentes. Recordemos que en su esquema más simple un dragón es un lagarto o serpiente con patas, y el añadido de alas, para significar su capacidad de vuelo, y no quedar limitada a su hábitat terreno. Su conquista del aire se acompaña de lluvia y fuego, en muchos lugares a los rayos los llaman «culebrinas, serpentinas».

● En un sentido más psicológico, tal como aparece en muchos ritos de iniciación juvenil, el héroe tiene que introducirse dentro del dragón, su propio conglomerado de instintos y pasiones, para poder dominarlo y nunca era matado, pues se intentaba controlar sus energías y no suprimirlas. Esta representación de la entrada en las fauces del dragón daría lugar a las conocidas imágenes medievales de la monstruosa Boca del Infierno. En la Alta Edad Media todavía se representaba el Juego del Dragón (Ludus draconis), que dramatizaba el legendario dominio sobre el dragón. El dragón siempre ha sido guardián de tesoros y princesas, quien quiera obtener riquezas, en este caso espirituales, por ejemplo, la intuición, debe inevitablemente enfrentarse a él y controlar su poder.
Pero la evolución histórica, a partir de la Edad de los Metales, conllevó una progresiva independencia del héroe, que ya no tenía que meterse en las entrañas del dragón y sólo se enfrentaba al monstruo desde el exterior. En la etapa final, incluso mata a la gran bestia, indicando ya la separación, en el civilizado mundo urbano, entre razón e instintos. La búsqueda de la armonía de las polaridades se convierte en un dualismo opositor y excluyente, la absolutización de bien y mal, donde una mitad de la realidad lucha por hacer desaparecer a la otra parte, como ocurría entre gnósticos y maniqueos. Esta concepción pasó en gran parte a las religiones monoteístas de Occidente (judaísmo, cristianismo, islam), dando lugar al fanatismo y la intrasigencia religiosa, tan típicos de éstas. Mientras en Oriente el dragón mantuvo su carácter ambivalente previo a la polaridad, en Occidente sólo permaneció su carácter monstruoso y negativo. En China y Asia oriental, por el contrario, el dragón es considerado como ser amable y sabio, emblema de buena fortuna y concede los deseos que se le piden. También ha mantenido carácteres muy antiguos como su relación con el número 9.

● El relato hagiográfico cristiano es una copia de la muy conocida versión del mito griego de Perseo y Andrómeda, que a vez es una variante de mitos más viejos. La leyenda está basada en la antigua costumbre de desposar a una virgen con el espíritu de las aguas concebido como dragón o gran serpiente. San Jorge se encuentra en un pantano con el dragón, cuando éste va a zamparse a una princesa, ofrecida como víctima propiciatoria, y consigue abatirlo clavándole la lanza en las fauces. La princesa domina al dragón atando su cinturón al cuello y, con el ceñidor virginal, la bella muestra su poder sobre la bestia. Conducido de esta guisa a la ciudad, llegan a la plaza donde Jorge remata al dragón con la espada o, según otros, lo mantiene como una fiel mascota. El sitio del combate se ubicó en Silena (Libia), aunque la iglesia de San Jorge en Beirut reclama que tuvo lugar en sus alrededores.
Los cristianos moralizaron la simbología de San Jorge y el dragón como una simple alegoría de la victoria de la Iglesia sobre el paganismo, del bien contra el mal, o cualquier otro dualismo semejante. En muchos lugares las tradiciones locales sobre dragones se cubrieron con leyendas de santos fabulosos, como ocurrió en Cittá di Castello (Umbría) con San Crescenciano (08 agosto), de quien lo único que se sabe es que mató a un dragón en una comarca indefinida; o San Rufilo de Forlimpópoli (385) (18 julio), quien ayudado por San Mercurial de Forlí (406) (30 abril), liberaron a la comarca de Rímini de un dragón, en referencia a la conversión de paganos y herejes. En cualquier caso hace falta valor y energía para enfrentarse a la gran bestia, como evoca el nombre de San Vigor (537) (01 noviembre), representado en su icono domando a un dragón, aunque de nuevo esta fortaleza alude a la destrucción de símbolos paganos.