28 Marzo: Labores de los Meses

LABORES DE LOS MESES: CALENDARIOS ICÓNICOS CLÁSICOS Y MEDIEVALES

Calendarios icónicos clásicos

En el mundo clásico se representaron muchas imágenes del año, las estaciones y los meses, muy frecuentes en mosaicos, pinturas murales o esculpidas en sepulcros. En el friso helenístico (siglo II-I a. C.) recolocado en la fachada de la iglesia de San Eleuterio de Atenas se muestran escenas en las que cada mes se representa por un personaje, que alude a la idea o fiesta típica de ese periodo, y el signo zodiacal correspondiente. En época imperial son muy numerosas las composiciones de las Estaciones del Año y de los Meses, en el arte romano y el paleocristiano.

Algunas imágenes de los mensarios o menologios medievales, como el Marzo Guerrero y el Abril Crióforo (pastor que lleva una oveja), proceden de la tradición greco-bizantina donde dominaban más las escenas bélicas y de cacerías. De la tradición clásica proceden el Jano bifronte o el Espinario.
En los menologios rústicos romanos se exponen las tareas propias de cada mes en concordancia con los tratados de agricultura, además de las fiestas y datos de efemérides astronómicas. Las referencias más destacadas fueron las de Columela (siglo I d. C.) y Paladio (siglo IV-V d. C.).
El texto que jugó un papel primordial en la formación del calendario medieval fue el «Cronógrafo del año 354» o «Calendario de Filócalo», un calendario oficial romano, atribuido al calígrafo Furio Dionisio Filócalo, en donde, entre otras enumeraciones, aparecían las personificaciones de los meses, como también ocurría en los «Menologios rústicos». Otro influjo provino de las «Etimologías» de San Isidoro.
Las figuras se transmitieron a los artistas paleocristianos y se fueron difundiendo por toda Europa. A partir de copias transmitidas en los monasterios del Alto Medievo, se compusieron los Carmina mensium («Versos de los meses») en época carolingia y otónida, cuyas descripciones detalladas sirvieron para las primeras representaciones figurativas del tema. Ejemplos del siglo IX son los carmina y manuscritos iluminados de Salzburgo o una Aratea de Viena.
Las representaciones de los meses se han llamado menologios, pero algunos autores restringen este término a los sistemas de cómputo anual eclesiásticos. Surgidos en el Oriente cristiano, ligados al santoral, un ejemplo representativo fue el publicado por Simeón Metafraste (siglo X) que sigue el calendario bizantino. Las Iglesias Ortodoxas también utilizaron el término menanion para las colecciones de un libro por mes, con detalles del santoral y oficios litúrgicos de cada día, aparecidas hacia el siglo XI.

Calendarios icónicos medievales

La iconografía del calendario medieval de las Labores de los Meses se gestó en época carolingia y alcanzó su pleno desarrollo durante el románico. Un esquema repetido, aunque variable, asocia cada mes con la figura de una labor campesina, realizada por un único personaje, figurado de perfil y en actitud de trabajo. La mayoría se siguen de izquierda a derecha, aunque no son raros los que se leen de derecha a izquierda. En muchas ocasiones antes, después o interpoladas pueden aparecer otras figuras relacionadas o no con los meses, como las personificaciones alegóricas inactivas de presentación frontal.
Del mundo bizantino también llegaron algunas obras con alegorías semejantes, así en una atribuida a Eustacio de Macrembolite (siglo XII) aparecen los siguientes escenas para cada mes: cacería de liebres / viejo al fuego / dios marte / pastor y cabrito / hombre con flores / siega de heno / recolección de mieses / hombre sediento, baño / vendimia / cazador de pájaros / labranza / sembrador.
Las labores de los meses, muchas veces acompañadas de los signos zodiacales, fueron esculpidas en los pórticos de entrada de iglesias, actividad monumental extendida por toda Europa, especialmente en Francia, Italia y España, ligada al arte románico y prolongada en el gótico. Una expresión famosa es el calendario agrícola en pintura mural de la Capilla de los Reyes de Sº Isidoro de León (~1070-1100). Otra representación del tema es la conservada en la orla del Tapiz de la Creación de la Catedral de Gerona (~1100), que parece indicar un inicio otoñal del año. También se figuraron en mosaicos del piso de las catedrales.
En España podemos encontrar las Labores de los Meses en las portadas de: iglesia de Beleña de Sorbe (Guadalajara), monasterio de Santa María de Ripoll e iglesia de San Pedro de Treviño, o en las pinturas murales de la planta noble del castillo de Alcañiz (Teruel). En Europa son famosos los del portal de San Marcos de Venecia, Fontana mayor de Perugia, pila bautismal de Burnham Deepdale en Norfolk, y tímpano del pórtico de San Ursino de Bourges. Entre los calendarios góticos franceses destacan los de las catedrales de Chartres, París, Amiens, Reims y Cambrai.
Desde la segunda mitad del siglo XIV y todo el XV, en Breviarios, Salterios y Libros de Horas las figuras «iluminadas» de los calendarios se enriquecen con escenas más amplias, pobladas de personajes, con la inclusión de las modas y costumbres de la vida de los nobles, cuyo ejemplo más conocido aparece en las «Muy Ricas Horas» del Duque de Berry, donde se contraponen, con tintes de menosprecio, las galas de la vida cortesana con la pobreza de los campesinos rústicos.
Estas representaciones abundaron en los almanaques y lunarios de los siglos XVI al XVIII y en azulejos populares hasta el siglo XIX.

Calendarios literarios medievales

Descripciones literarias de los meses se encuentran en:
● Anónimo: «Libro de Alexandre» (~1230). Descripción de la tienda de Alejandro Magno, estrofas 2519-2530. El año comienza en Enero.
● Arcipreste de Hita: «Libro de Buen Amor» (1333). Descripción de la tienda de don Amor, estrofas 1266-1301. Se inicia el año en Noviembre.
● En Italia, Bonvesin da Riva escribió una obra de teatro: «Diputatio mensium» (~1290), para escenificar en plazas públicas. De donde derivaron comparsas que disfrazadas con alegorías de los meses realizaban parodias sociales.

Labores de los Meses de San Isidoro de León y variaciones

Labores de los Meses

Enero: Muestra a un hombre cerrando la puerta del año que ha terminado y abre la del que está empezando. Su cabeza de doble rostro mira hacia ambos lados, la cara de viejo al año pasado y la de joven al que se inicia. Es un influjo del culto romano al dios Jano Bifronte, señor de los comienzos y de los finales. En la inscripción se lee Geminus.
En ocasiones, se puede encontrar la celebración del banquete navideño.

Febrero: Un campesino sentado sobre un taburete, cubierto con una capa oscura, se calienta al fuego extendiendo sus manos. El tema parece derivar del ritual romano dedicado a los lares con ofrenda de incienso arrojado al fuego que aparece en el Calendario de Filócalo, la incorporación del acercamiento de los pies al fuego es más tardía para intensificar la sensación climática de este mes frío. Su aspecto de anciano remite al último mes del año del Calendario de Numa. Por ser el mes más breve la figura se representaba con las características atribuidas a los enanos: «corta estatura, cabeza grande, ojos inflamados, gruesos labios, rostro desagradable y falo enorme», en suma se ridiculizaba y burlaba al viejo mes en que finalizaba el antiguo año romano.
A veces se encuentra un personaje realizando algún trabajo de interior, como la confección de zapatos. En otros casos se dedica a la escarda de los cultivos.

Marzo: Un hombre poda la vid. «Quien poda en marzo, vendimia en el regazo».
Más raro es el cornero, procedente del marcius cornator, un personaje que tañe uno o dos cuernos u olifantes en alusión al carácter ventoso del mes, también es símbolo fálico, pues empieza el resurgir primaveral. En los convites de diciembre-enero puede aparecer el personaje con cuernos en la mano a modo de colodros.

Abril: Un joven mira de frente mientras sujeta dos plantas en las manos: imagen de la primavera, del renacer de los campos, del despertar del letargo.
En otros casos se recrean escenas de amor cortés donde se entregan flores en un ambiente ajardinado, recuerdo del tema de la Doncella y el Príncipe de Primavera, que provienen de Flora y Robigo (<25 abril).

Mayo: Muestra al soldado que porta un escudo y sujetando las riendas de su caballo, excitado por estar en época de celo. Con la llegada del buen tiempo los caballeros preparan las campañas militares, es el Campus Madii.
También es habitual el caballero acompañado de su halcón que sale a practicar la cetrería.

Junio: Un hombre siega la cebada con una hoz. En ocasiones, en junio, se barcinan las gavillas o se escarda la tierra.

Julio: Es muy similar al mes anterior, con más detalles. Siega el trigo de un campo con una hoz.
En ocasiones se añade un botijo que refresca el agua para combatir la sed y el calor de este mes.

Agosto: Tras la siega llega la trilla, separando el grano de la paja. Un hombre emplea un mayal, formado por dos varas unidas con las que golpea el cereal. Una labor que también se realizaba con el trillo, una plancha de madera con pedernales cortantes en la parte inferior que era arrastrada por animales. Incluso en Beleña aparece el trillo con rueda y asiento, más moderno.
En lugares más cálidos, donde la trilla se adelantó a julio, en este mes se figura al campesino construyendo los toneles en los cuales se almacenará el vino.

Septiembre: Muestra la vendimia, la recogida de la uva, echando los racimos en un recipiente.

Octubre: El porquero alimenta con bellotas a dos pequeños lechones.
En otros casos aparece el pisado de uva o el trasiego del mosto en las cubas. Otra imagen es la arada del campo o la sementera posterior.

Noviembre: El mes de la matanza: «A cada cerdo le llega su San Martín». Un cerdo atado está a punto de ser ejecutado por el matarife, quien agarra una de sus orejas mientras levanta la hachuela. Se prefería matar a los animales en tiempo frío, para alargar el período de consumo saludable de la carne.

Diciembre: Muestra a un señor sentado a la mesa, mientras sostiene un cuenco, quizá con el vino nuevo, y bendice con su mano, reseña del banquete navideño. Vuelve a ser un señor barbado, símbolo del año viejo del calendario juliano. De nuevo vemos el frío representado en el pie del hombre que se acerca al fuego.

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