10 Septiembre: Calendarios de ortos y ocasos estelares (II)

CALENDARIOS ESTELARES O SIDERALES

● A pesar de la dificultad de establecer calendarios siderales generales, pues son estrictamente locales, como las variaciones de ortos y ocasos son muy graduales, una persona que observe regularmente las estrellas sobre los horizontes crepusculares desde un sitio concreto, puede llegar a saber casi instintivamente en que fecha se encuentra. Alrededor de estos datos estelares se fueron forjando refranes y proverbios, útiles durante varias generaciones, que probablemente se irían adaptando al calendario climático, según la precesión hiciera retrasarse en el año a los fenómenos de ortos y ocasos estelares.

Se necesitó la geometría de los griegos para unificar la exactitud del fenómeno según horizontes artificiales, a costa de que las observaciones locales no coincidieran con la abstracción matemática, pues ahora era una «actividad científica» que requería tomar medidas y efectuar cálculos.

● Amanecer y atardecer son los momentos tradicionales de observación de las estrellas. Ya los sumerios elaboraron calendarios estelares tomando como punto de partida el orto matutino de Las Pléyades, pues hacia la primera mitad del IV milenio a. C. marcaba las fechas cercanas a Vernadia o día del equinoccio de primavera. Para latitud 33º N y año 3700 a.C. esta efeméride ocurría en Vernadia o equinoccio de primavera.
● Una estructura sidérea de las estaciones anuales está presente en: «Trabajos y días» de Hesíodo; «Sobre la Dieta» (capítulo III) de Hipócrates; en Galeno; la recoge San Isidoro de Sevilla; y llega hasta el Calendario de Córdoba. Para la época clásica, el orto matutino de Las Pléyades (a mediados de mayo) determinaba el principio del verano climático; y su ocaso matutino a mediados de noviembre, el principio del invierno climático. El inicio del otoño se establecía con el orto matutino de Arturo, que venía a coincidir con Automdia, y no hay referencia clara al comienzo de primavera. Por tanto los marcadores estelares fijan más bien una división climática del año con invierno y verano cuatrimestrales, mientras que primavera y otoño se reducen a dos meses. Algunos de los datos de los Tratados Hipocráticos parecen corresponder a fechas más antiguas, de alrededor del 1000 a.C.

REFERENCIAS ESTELARES DE LAS ESTACIONES CLIMÁTICAS: «SOBRE LA DIETA» (TRATADOS HIPOCRÁTICOS)

INVIERNOOcaso matutino Pléyades~10 noviembre
Solsticio hibernal o Hiberdia + 44 días
Sopla Céfiro (viento occidental) + 15 días
Orto vespertino Arturo
Aparece la golondrina
~20 febrero
PRIMAVERA Equinoccio vernal o Vernadia + 32 días
Orto matutino Pléyades~10 mayo
VERANO Solsticio estival o Estivadia
Comienzo orto matutino Orión
~22 junio
Orto matutino Sirio~18 julio
OTOÑO Equinoccio otoñal o Automdia
Orto matutino Arturo
Desaparición de la golondrina
~16 septiembre
(Entre solsticio estival y equinoccio automnial 93 días)
Ocaso matutino Pléyades + 48 días

Desde el Ocaso matutino de Las Pléyades (10 noviembre) hasta el Solsticio hibernal transcuren 44 días. 15 días después sopla el Céfiro, viento de poniente. Las golondrinas aparecen hacia el Orto vespertino de Arturo (20 febrero). Hasta el equinoccio vernal faltan 32 días. El Orto matutino de Las Pléyades viene a caer sobre el 10 mayo. El Solsticio estival coincide con el comienzo del Orto matutino de Orión, mientras el Orto matutino de Sirio viene a ser el 18 julio. El Equinoccio otoñal está próximo al Orto matutino de Arturo (16 septiembre). Hasta el Ocaso matutino de Las Pléyades faltan 48 días. Entre solsticio estival y equinoccio otoñal distan 93 días.
● En los almanaques griegos antiguos las fechas de inicio de las estaciones climáticas son bastante variables, pero a grosso modo coinciden con: Invierno, 11 noviembre; Primavera, mediados de febrero; Verano, 12 mayo; Otoño, cerca del equinoccio.
● Según Varrón sobre las estaciones: «La primera llega con el céfiro hasta el equinoccio vernal, 45 días. Desde éste hasta el orto (matutino) de Las Pléyades, 45 días. Desde ésta al solsticio estival, 48 días. De aquí al orto (matutino) de Sirio, 37 días; y 67 días más al equinoccio otoñal. Desde éste al ocaso (matutino) de Las Pléyades, 32 días; y tras otros 57 días hasta el solsticio hibernal. De aquí a la llegada del céfiro, 45 días». Aunque bastante irregular, parece que intentaba establecer una correspondenia entre el inicio las cuatro estaciones y sus medianías o fechas de Media estación con los hitos estelares más próximos. El mismo Varrón señala un calendario rústico con los inicios de las estaciones climáticas en los días 23 de los meses zodiacales de Acuario, Tauro, Leo y Escorpio.
● En los almanaques árabes de anwas la distribución de estaciones es desigual, con invierno y verano de 4 meses, mientras primavera y otoño se reducen a 2. El comienzo de las estaciones se fija en las fechas: Invierno, 14 noviembre (ocaso matutino Pléyades); Primavera, 17 marzo (Vernadia); Verano, 15 mayo (orto matutino Pléyades); y Otoño, 16 septiembre (orto matutino Arturo y Automdia).

Calendario de estrellas. Fechas actuales de ortos y ocasos para latitud 37º N. (Stellarium, Análisis de Observabilidad).

Orto MatutinoOcaso MatutinoOrto VespertinoOcaso Vespertino
Pléyades06 junio25 noviembre17 noviembre09 mayo
Sirio13 agosto04 diciembre27 enero18 mayo
Arturo21 octubre30 mayo05 abril12 noviembre

Especulaciones y consideraciones

Mar de Bronce

A raíz de la descripción bíblica del famoso Mar de Bronce colocado delante del Templo de Jerusalén, se ha interpretado que este recipiente de agua pudiera haber sido concebido como un enorme espejo para la observación estelar. La palabra «especular» significa literalmente «escudriñar con ayuda de un espejo», y era sinónima de «considerar», de cum sideris, «examinar los astros en conjunto». Champeaux y Sterckx «especulan» que la gran pila ofrecía todos los elementos básicos para establecer un calendario sidéreo, pues «consideran» que a través del reflejo del cielo en la superficie del agua se podía determinar y señalar el paso de las estrellas y ser referidas a la doble graduación de los bordes, lo que permitía un fácil registro. El Mar de Bronce estaba sostenido por 12 bueyes, divididos en cuatro grupos de tres, orientados según los puntos cardinales. El problema de esta conjetura es que este recipiente era muy grande, a no ser que las supuestas observaciones se realizaran sobre una réplica más pequeña.
Se cree que investigaciones de este cariz se realizaron en la cúspide de los zigurats por los sacerdotes mesopotámicos. El sistema podía ser muy simple: con una zafa o lebrillo, lo más ancho posible y poco profundo, cuyo fondo se hubiera ennegrecido, había que marcar el borde con la graduación correspondiente al sistema de medidas empleado. Instalado el recipiente sobre una terraza o lugar bien despejado se podía seguir el transcurso de las estrellas o las constelaciones, marcando con hilos o sobre los bordes una posición, y observar su desarrollo a lo largo de una noche, o comparándola con otras noches. El registro de la aparición y desaparición de ciertas estrellas en posiciones definidas permitía establecer un calendario sidéreo bastante preciso. Igualmente se podía usar para observaciones planetarias, lunares y solares. El sistema se podía perfeccionar con estanques o piscinas, resguardadas del viento, para minimizar la ondulación del agua.
En China y Persia también se usaron espejos metálicos redondos, con los bordes graduados, que eran fácilmente transportables y permitían dirigirlos a una porción concreta del cielo, aunque sus dimensiones más pequeñas reducían la exactitud de la observación.

Extinción y reliquias de los calendarios estelares

Con la llegada de la civilización, en sentido estricto de formación de ciudades, los conocimientos astronómicos necesarios para establecer calendarios, mantenidos hasta entonces en secreto profesional por sacerdotes, navegantes y mercaderes de largas distancias, comienzan a ser proclamados y exhibidos debido a las nuevas condiciones de las relaciones sociales urbanas. En consecuencia, la vieja observación de las estrellas durante ambos crepúsculos se fue volviendo obsoleta, aunque persistiera en tribus nómadas y ambientes rurales. Más tardíamente, en el Occidente europeo la proliferación de almanaques, tras el descubrimiento de la imprenta, supuso su puntilla de muerte.
Hoy, casi nadie entre la gente del campo tiene alguna noción sobre apariciones y ocultamientos de estrellas. Agricultores y ganaderos adaptaron sus conocimientos al más seguro calendario solar y planearon sus labores según las fechas solares, representadas por las fiestas estacionales o de los santos y Vírgenes más significativos de cada temporada. La posición en el calendario de las celebraciones de algunos santos puede ser significativa de antiguas fechas estelares, que se han mantenido como fósiles o reliquias, un caso importante es el de San Gregorio Ostiense (<09 mayo). En general, bastantes leyendas ligadas a las fechas de los santos y las fiestas cristianas tienen su origen en la tradición oral proveniente de la superposición durante distintas épocas históricas de diversos calendarios (fenológicos, climáticos, lunares, estelares, solares) mezclados con todo tipo de saberes, creencias y supersticiones, mezcladas con un batiburrillo de costumbres y fiestas de difícil interpretación.

Requisitos para el establecimiento de calendarios estelares

Cada vez que nos ofrezcan una fecha estelar antigua de ortos y ocasos, matutinos o vespertinos, hay que ser muy cautos, pues además existen otras variaciones que dificultan su valoración: latitud geográfica; sesgos del observador y de la trasmisión de datos; diferencia del horizonte local sobre el astronómico; fenómenos de atenuación atmosférica y de refracción; cambios periódicos del brillo; precesión de equinoccios.

– La latitud geográfica cambia las fechas de los ortos y ocasos helíacos de las estrellas, una diferencia de 10º entre dos observatorios se corresponde con unos 12 días de diferencia. Por eso, en los calendarios siderales había una gran indefinición en tiempos antiguos según los países estuvieran más al norte o al sur. El método de observar las estrellas durante los crepúculos matutino y vespertino resulta más útil en países de latitudes tropicales, pues cuanto más cerca del ecuador, el ángulo del sol está menos inclinado respecto al horizonte y los crepúsculos son muy breves. En países más nórdicos los crepúsculos se alargan, las estrellas siguen trayectorias más oblicuas y los horizontes más nublados hacen difícil precisar los días en que aparecen o dejan de verse las estrellas.

– Incluso en las mejores condiciones de visibilidad una datación de ortos u ocasos puede variar a la observación entre 3 y 7 días. Los márgenes de error son amplios, los autores clásicos a menudo databan fechas observadas muchos siglos atrás y los fallos de transmisión en las copias escritas eran abundantes, tampoco se tenían los escrúpulos que exige la ciencia moderna con la exactitud. Puede haber notable discrepancia entre la «fecha tradicional» de un orto matutino significativo por su simbolismo, con el que nos dan los actuales cómputos informáticos para esa época y lugar.

– Hay que corregir la altura de los puntos observados del horizonte local respecto al horizonte virtual astronómico, pues incluso en una misma comarca los relieves del paisaje pueden variar las fechas en varias semanas.

– Hay que tener en cuenta el fenómeno de atenuación atmosférica de la visibilidad de los astros sobre el horizonte, la distancia a la que una estrella desaparece antes de tocar el horizonte. Según una regla empírica esta extinción atmosférica equivale a una altura en grados igual a la magnitud de brillo de la estrella. En época moderna, a esta causa de atenuación, se añaden la suciedad del aire y la contaminación de luz artificial en las ciudades, de manera que las fechas teóricas de observación rara vez se cumplen.

– Aunque se suele descartar, a veces es necesario corregir la refracción atmosférica, pues su variación diaria hace imposible la medición precisa de fenómenos a nivel del horizonte a latitudes medias.

– Los cambios periódicos de la magnitud de brillo de las estrellas también afectan al «arco de visión», su visibilidad sobre el horizonte durante el crepúsculo, lógicamente más amplio cuanto menos luminosa sea la estrella y más reducido cuanto más brillante. Además hay que tener en cuenta su distancia azimutal al sol en cada fase crepuscular.

– A largo plazo de varios siglos, la precesión de equinoccios modifica las fechas de estas apariciones. En latitudes europeas esto afecta en especial a notables estrellas sureñas, visibles en la prehistoria, que han dejado de verse en los últimos milenios, p. ej. Canopo (α Car).

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