18 Noviembre: Cuentas lunares y rayos de sol en el Paleolítico

CUENTAS LUNARES Y RAYOS DE SOL EN EL PALEOLÍTICO

Primitivos cálculos calendáricos

Tarjas

● La agrupación de muescas o meandros serpentiformes en un número alrededor de 30 y 15, hace pensar que la cuenta de los días de lunación se efectuaba ya en el Paleolítico Superior. También existen numerosas piezas con series de 12 y 13 incisiones que recuerdan cómputos de: o lunaciones anuales, o medio ciclo de lunación, por ejemplo, de luna nueva aparente a luna llena.

Hacer muescas en palos o huesos, y meter piedrecitas (= «cálculos») en bolsas o cuencos, fueron las primeras maneras de contar y «calcular». Los palos de contar, así como las tarjas y tablillas, son antiguos instrumentos usados para registrar cómputos, cantidades, e incluso mensajes, que están documentados desde el Paleolítico y se encuentran ejemplos en todas las culturas, hasta su extinción en el siglo XX.

Los tipos de tarjas eran variados, en los palos tallados las cuentas sobre inventarios y deudas podían ser únicas, o estar divididas en varios conjuntos. En los intercambios y transacciones comerciales el palo marcado se dividía longitudinalmente en dos partes simétricas y cada interviniente se quedaba con una a modo de recibo. Las tarjas podían ser de madera, hueso, marfil. Al adquirir un producto se juntaban los dos palos, el del vendedor y el del cliente, y se hacia una muesca. A la hora de saldar la deuda, el cliente llevaba la tarja y el mercader la comparaba con la suya y sumaban el monto que se debía pagar. En muchos trabajos del campo los trabajadores no recibían sus jornales hasta acabar la campaña y mientras tanto tenían que mantenerse de fiado. Este era uno de los muchos usos que se daban a los palos de contar.

● Técnicas similares fueron: los palos mensajeros, utilizados por los inuit (esquimales) a modo de cartas; las cuerdas con nudos (quipus) en los países andinos, aunque ya Heródoto reporta su uso entre los iranios; los bastones calendáricos medievales de Suecia con signos rúnicos. Bastones calendáricos de varillas eran empleados hasta hace poco por los san o bosquimanos de Namibia, también los samis o lapones inscribían sus calendarios en bastones.

● Por comparación con estos y otros ejemplos etnológicos, se sospecha que las figuras geométricas o naturalistas incluidas junto a las muescas de conteo, representaban conceptos cosmológicos, aunque obviamente para la Prehistoria no es posible conocer su simbología. Es muy probable que la gente del Paleolítico usara palos de madera, cuerdas y otros materiales perecederos para llevar la cuenta de los días, meses lunares o años solares, para favorecer las citas de los encuentros y contactos entre grupos, tras la dispersión de familias y la posterior reunión, según las estaciones de caza o de recolección de vegetales, o para asitir a las fiestas religiosas periódicas celebradas en ceremonias comunales.

OBJETOS PALEOLÍTICOS CON POSIBLE USO CALENDÁRICO

Aunque el campo de la arqueoastronomía paleolítica está plagado de suposiciones absurdas, y a veces delirantes, se puede especular en paralelo con las hipótesis ligadas a las investigaciones sobre el comienzo de las matemáticas, en especial sobre la aritmética del manejo de números y de la geometría de las direcciones del espacio. El campo más factible es el de las cuentas lunares y el de las orientaciones solares, siendo mucho más difícil probar las conjeturas sobre estrellas y constelaciones, tema que parece excitar la fantasía de muchos autores.

Cuentas lunares

Hueso de Lebombo

● Las marcas más antiguas se remontan a 35.000 a. C., el Hueso de Lebombo, un fragmento de peroné de babuino con 29 incisiones paralelas (o 30, pues falta justo el extremo) procedente de la cueva Border (Suazilandia en Suráfrica), sugiere que ya se señalaban almanaques para contar los días de un mes lunar.

Hueso de Ichango

● El hueso de Ishango (fontera entre R. D. Congo y Uganda, 20.000 a. C.) es cilíndrico con un pedazo de cuarzo cortante incrustado en un extremo. Presenta tres series de muescas talladas a lo largo, cuya cuenta es 60-48-60 (= 168), lo cual ha hecho pensar en lunaciones dobles de 30 días (aunque la segunda queda truncada).

Marfil de Geissenklösterle

Geissenklösterle (Auriñaciense, 30.000 a. C.): Talla de marfil descubierta en una cueva de Suabia. Ambos lados se encuentran trabajados. En el anverso, el «Adorante», un antropomorfo con las extremidades inferiores y superiores extendidas, quizá en un paso de danza. El reverso de la tablilla presenta una serie de 86 incisiones cuyo conteo y disposición coinciden a grosso modo con tres meses lunares (88’5 días). El yacimiento es famoso por sus flautas de huesos de ave y marfil de mamut.

Colgante de Gorge d’Enfer

Colgante de Gorge d’Enfer (Dordoña, Auriñaciense, 30.000 a. C.), el nombre del lugar significa «Garganta del Infierno». El colgante presenta muescas en paralelo en sus bordes que se interrumpen por la rotura de la pieza, la pieza completa presentaría unas 60 incisiones, lo que supondría dos meses.

En la misma zona, se han encontrado dos piezas, con interés más bien matemático, cuyas sugerentes incisiones son más difícil de correlacionar con cuentas lunares, se trata de: una varilla con aspecto de alfiler, que presenta tres columnas de muescas, con 31, 37 y 33 marcas (=101); y una placa, conocida como el Hueso de Lartet.

Placa del Abrigo Blanchard

● En el Abrigo Blanchard (Auriñaciense, 28.000 a. C.), en la Dordoña francesa, se encontró una placa de omóplato con 69 marcas distibuidas en forma serpentina, que parecen registrar la duración de 2 1/3 meses lunares. Las marcas semejan ser dibujos en miniatura de la luna, algunas grabadas de forma totalmente redonda (¿luna llena?), las restantes no son círculos completos, y tal vez se refieran a los crecientes o menguantes, pues los arcos están dibujados a derecha e izquierda.

● En el yacimiento de Dolni-Vestonice (Moravia, Chequia, 26.000 a. C), famoso por sus Venus paleolíticas, se encontraron dos fragmentos de una misma piedra, con incisiones que sugieren la cuenta de los días de un mes lunar, mostrando sus fases creciente y menguante. La marca número 30 tiene la mitad de longitud que el resto, remarcando su importancia como fin de ciclo. 

Hueso de Dolni-Vestonice

De Chequia también procede una tibia de lobo (30.000 a. C) con 55 muescas agrupadas en 5 conjuntos, separadas por dos trazos intermedios, con 30 muescas a un lado y 25 al otro.

Venus de Laussel

● Las trece marcas sobre el cuerno de la Dama de Laussel (Gravetiense, 20.000 a. C.) podrían referirse a media lunación aparente, desde el primer creciente visible (luna nueva aparente) a luna llena. Muchos de los cuernos de bóvidos paleolíticos, así como los colmillos de mamut, se pintaron o grabaron en forma de creciente lunar. Vendrían a ser las «cornucopias» o «cuernos de la abundancia» de la caza, en el Paleolítico. Los vientres grávidos de muchas de las hembras preñadas animales también conectan simbólicamente con los plenilunios.

Piedra de Bodrogkeresztur

«Calendario lunar» de Bodrogkeresztur (Hungría, Solutrense, 20.000 a. C.): Artefacto de piedra caliza con numerosas muescas de factura humana. Se ha interpretado como calendario lunar: la parte superior representaría los noches de luna oculta, la fase creciente a la izquierda, las tres noches en torno al plenilunio en la línea horizontal de la base inferior, y a la derecha el período menguante.

Colgante de Morín

Colgante de Morín (Cantabria, Gravetiense), realizado en piedra y de sección oval, está roto en la parte correspondiente a la perforación. Tiene grabado una serie armónica de unas 30 muescas transversales en paralelo, contorneando el objeto.

Metacarpo de La Garma

Hueso de La Garma (Cantabria, Gravetiense, 19.000 a. C), confeccionado en metacarpo de cabra. Presenta incisiones transversales reunidas en grupos. En la cara palmar se cuentan 15 y 15 entre ambos bordes. En la cara dorsal se localizan 30 en un borde y 15 en el otro.

También se han hallado otras piezas posteriores, dos colgantes de caninos de ciervo perforados, que aunque incompletos, sugieren cuentas parecidas de 28 y 30.

Colgantes de Las Caldas

● Los dos Colgantes de Las Caldas (Asturias, Solutrense superior) son fragmentos de marfil inciso. Fueron recortados de la misma manera y están decorados con marcas paralelas en los bordes. Las series están espaciadas regularmente, contorneando el objeto y, en las zonas no dañadas, se agrupan en series de ~15 incisiones.

También se encontraron cuatro incisivos de caballo (Magdaleniense medio), uno de ellos está perforado y muestra 30 (11+13+6) incisiones cortas en los bordes.

Colgantes de Altamira

● Los Colgantes de Altamira son cuatro placas pequeñas con incisiones sobre hueso hioides de caballo, que fueron encontradas juntas. El número medio de muescas en cada pieza es de 30. Se atribuyen al Solutrense final (18.500 a. C.).

El Gran Techo de las figuras policromas de Altamira (Cantabria) ha sido interpretado como la representación de una manada de bisontes en la época de reproducción, cuando se agrupan para los combates entre machos y el cortejo de apareamiento. El período de celo de los bisontes ocurre a finales de verano, de julio a septiembre, y es posible que se señalara algún tipo de actividad ligado a esta época del año, bien sea magia de caza, ritos de fertilidad, ceremonias de iniciación, o similares. De la misma manera algunas composiciones de ciervos también parecen aludir a las berreas de otoño (<03 nov).

La Encapuchada de Bédeilhac

● En Bédeilhac (Ariége, Francia), fue hallada la talla en bulto redondo de una Mujer Encapuchada, esculpida en colmillo perforado de mamut. La curvatura de su presencia semejaría una de las fases de la luna. Al parecer se consideraban tres fases del ciclo lunar: creciente, llena y menguante, que se hacían corresponder con otras divisiones ternarias cíclicas: primavera, verano e invierno; juventud, madurez y vejez. La Diosa Triple aparece en casi todas las mitologías (Parcas, Gracias, Moiras).

Hueso de Thaïs: Descubierto en una gruta de Drôme (Francia occidental, Aziliense, 10.000 a. C.), con incisiones de supuesto carácter astronómico. La placa, parte de una costilla, muestra marcas que parecen reflejar datos de 3,5 años, interpretados como un calendario lunisolar, una especie de trietérida (<27 febrero), una hipótesis muy dudosa.

«Calendarios» de Mezin (Ucrania): Varios objetos realizados en colmillo de mamut y hallados cerca de Chernígov, a orillas del río Desná, se han interpretado como calendarios. Los artefactos son de decoración similar, con tallas serpenteantes y sinuosas. En una pulsera presenta inscritos dos meses lunares en cada una de las cinco placas de las que consta.

● «Calendario» de Avdeevo: Otro hallazgo ruso, en un yacimiento de Avdeevo (Kareliya), es una paleta con 29 muescas que sugiere el registro de un mes lunar.

● De fines del Paleolítico son también los cantos rodados de Monte Alto (Italia), con un sistema de incisiones de 27/28, quizá en relación con los días visibles del ciclo lunar.

Rayos solares

● En algunos enterramientos del Paleolítico medio (~100.000-40.000) de Europa y África norte los cadáveres se encuentran colocados sistemáticamente orientados en posiciones cercanas a los Equinoccios, bien al orto o al ocaso del sol. Son las primeras pistas de que los humanos se orientaban respecto al sol.

● Las excavaciones en la Cueva del Parpalló (20.000 a. C.), cerca de Gandía (Valencia), aportaron más de 5.000 placas de piedra, pintadas o grabadas, con representaciones de animales y cuerpos geométricos. Se la ha identificado como una cueva-santuario, al amanecer de Hiberdia (solsticio de invierno), el sol ilumina algunas zonas del interior de la cueva. Aunque José Lull estima que la alineación más interesante ocurre en los Equinoccios, cuando el haz de luz solar en forma de flecha llega a la pequeña sala del fondo de la cueva. Dado que la entrada está orientada al sureste, el interior del antro no es iluminado durante la mitad norte del año (primavera-verano), durante un par de días de ambos equinoccios ilumina la covacha más profunda, y en la mitad sur del recorrido del sol (otoño-invierno) sí ilumina el resto de la cavidad.

«Máscara» de El Juyo

● En el santuario de El Juyo (Cantabria) (Magdaleniense, 12.000 a. C.) presidido por una gran cabeza de piedra o «máscara» de un ser híbrido con el rostro mitad humano, mitad felino, miraba hacia la boca de la cueva por donde entraban los últimos rayos del ocaso de sol de Estivadia (solsticio de verano). En el centro se excavó una zanja llena de objetos (puntas de lanza), cubiertos por capas de tierra y vegetación quemada, con restos de animales.

Placa de Malta (Siberia)

● Una placa rectangular en marfil de mamut del yacimiento de Malta de Siberia (16.000-13.000 a. C), cercano al lago Baikal, se ha interpretado como un calendario solar. La placa presenta orificios incisos que forman una espiral central con siete espiras crecientes, flanqueada por dos grupos de espirales menores. En la espiral central se cuentan 243 orificios, y la suma del resto de las otras espirales muestra otros 122 orificios. La suma de ambos nos da la cifra de 365, la duración de días anuales. En la región siberiana de Malta la duración del invierno climático dura unos 243 días (~2/3 del año, 8 meses), quedando 122 días (~1/3 del año, 4 meses) para el verano. El ciclo de gestación del reno, básico en la dieta de la zona, es de unos 243 días. 

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