26 Julio: Abuela Santa Ana

ABUELA SANTA ANA

Santa Ana, madre de la Virgen María

Santa Ana Triple


Madre de la Virgen María y, por tanto abuela de Jesús, la leyenda popular de Santa Ana procede de varias fuentes: de los Evangelios Apócrifos y de dos diosas paganas, la romana Anna y la celta Dana, que se remontan a la Diosa Madre Ancestral, la Anciana Ana. Su esposo San Joaquín se celebraba antes el 16 agosto, pero ahora han juntado a ambos el día de hoy.
● En el «Proto-Evangelio de Santiago (el Menor)», Santa Ana es prototipo de madre tardía que agradece su fecundidad a la intervención divina, por lo cual a menudo lleva una pera en la mano, como emblema del útero. Ana, afligida por su esterilidad y vestida de novia, se lamentó bajo un laurel del huerto de su casa y allí vio un acogedor nido de pajarillos. Ella entendió la señal y supo que la maldición había sido levantada. Avisados por los ángeles, Ana y su marido Joaquín, que vivía retirado en el desierto por el desconsuelo de verse sin descendencia, se volvieron a encontrar y se abrazaron ante la Puerta Dorada del Templo de Jerusalén. En el momento en que ambos esposos se besaron ocurrió la Inmaculada Concepción de María en el seno de Ana. La representación icónica de esta escena fue prohibida en 1667.

● Su culto surgió en Oriente en el siglo VI, promovido por el abad San Sabas. Justiniano mandó construir una iglesia en Constantinopla en su honor y fomentó esta fiesta, ayer (25 julio) se conmemoró por los ortodoxos la dedicación de esta basílica, que se hizo coincidir con la fecha de la muerte de Ana, aunque en Occidente se retrasó a hoy. En Jerusalén los cruzados construyeron la iglesia cisterciense de Santa Ana sobre el Asclepeion, junto a la puerta de las Ovejas.
La difusión de su culto en Occidente fue tardía, con un apogeo al final del Medievo. Ganó mucho en la devoción católica con la Contrarreforma, cuando su fiesta universal fue instituida en 1584, y se afianzó tras la concesión del dogma de la Inmaculada Concepción, pues esto suponía que Santa Ana fue fecundada sin mancha de semen viril.
Su presencia icónica en la figura de «Santa Ana Triple», donde aparece con tocado de viuda, acompañada de su hija María y su nieto Jesús, es considerada como una síntesis de la genealogía matriarcal de Cristo, también llamada la «Santa Generación» o la «Santa Parentela», hasta que el Concilio de Trento prohibió esta imagen. Incluso se amplió el grupo matrilineal con la incorporación de Santa Emerencia (o Esmeria), madre de Ana, abuela de María y bisabuela de Jesús. Esta generación femenina se contrapone al Árbol de Jesé, el linaje patriarcal que de José, padre de Jesús, lleva hasta Jesé, padre de David. Santa Ana es invocada por mujeres deseosas de ser madres y por las embarazadas.
El nombre procede del hebreo Hannah, «Gracia (de Dios)» y su portadora bíblica más conocida fue Ana, madre de Samuel, cuya figura influyó en la adopción de su nombre para la madre de María. El «Cántico de Ana» bíblico es el modelo del evangélico «Magnificat» de la Virgen.

Diosa Ana

Inanna = Señora del Cielo

Míticamente, Ana sería algo así como la Abuela de la Humanidad, la Primigenia y la Última.
● En su difusión por Occidente, el nombre hebreo se asimiló por homofonía con el teónimo indo-europeo Anna o Dana, la diosa de la matriz primigenia universal, las Aguas del Abismo Primordial, pues la raíz de la palabra significaba «laguna, pantano», al parecer en referencia a las aguas celestes, quizá a través de la idea de las zonas inundadas por tormentas o anegadas por lluvias persistentes.

Pero el origen del nombre es más antiguo que los arios, pues ya en sumerio An era el Cielo y la partícula se adjuntó a muchos nombres divinos como Inanna, «Señora del Cielo», representada erguida entre dos leones, adorada en su templo Eanna (Casa del Cielo) y asociada a tres facetas: el amor, la guerra y el cielo, en especial con el planeta Venus. Más tarde se adaptó a los nuevos gobernantes, babilonios y asirios, con el nombre de Ishtar, y sus derivadas Astarté fenicia y Tanit cartaginesa. También existió una forma masculinizada del nombre en el dios Anu.
En el mundo semita la siria Anat, aunque también dirigía los ritos eróticos, era una diosa guerrera. Por extensión de la idea de totalidad y primordialidad, sus funciones se ampliaron en el doble sentido de: abundancia y fertilidad en sentido benéfico; o, el regreso a la disolución y al caos, en su modo terrible.
● Se decía que el nombre romano de la diosa Anna Perenna significa «año tras año», por ser la introductora de la primera lunación. En Roma se la celebraba el idus de marzo, que en el primitivo calendario romano era la primera luna llena del año (<15 marzo). La fiesta era de tipo orgiástico.
● La Dana o Ana celta es otra diosa de la fecundidad, madre y nodriza de los dioses y de los pueblos. Era la diosa tutelar de los Tuatha de Danan, «Tribu de Dana», antepasada de los gaélicos. En Irlanda era especialmente adorada en la provincia sureña de Munster como Anu, Madre de los Dioses, a quien se dedicaron las «Tetas de Anu» (Dá Chích Anann), dos colinas gemelas en forma de senos, en cuyas cimas se colocaron unos montículos de piedra a modo de pezones.
Se dice que Dinamarca, el país danés, recibe su nombre por haber sido la «Marca de Dana». También se la ha relacionado con el nombre del río Guadiana (Río de Anna), en territorio celta hispano, y quizá también con el Danubio. En Gales era llamada Dôn.
Santa Ana es la patrona de Bretaña, allí recogió la herencia de Dana (o Anu) y muchos de sus santuarios pasaron a la madre de María, por ejemplo, Santa Ana de Auray en Keranna, patrona de los marineros. La Ahès venerada en el pardon o procesión de Santa Ana la Palud tiene todos los rasgos de una diosa marina celta. Incluso, en las genealogías de los gobernadores galeses del siglo X, aparecen como ancestros: Anna en lugar de Ana o Anu, la Madre primera; y Beli el Grande, el dios Belenos.
● Otras Anas indo-europeas son: Hannahanna hitita; griega Dánae; persa Anahita o Anaitis; Annapurna india, esposa de Shiva.

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