14 Octubre: Historia del Calendario Occidental (IV). Calendario Gregoriano

CALENDARIO GREGORIANO

Preámbulos para la corrección del calendario juliano

Reforma del calendario juliano por el Papa Gregorio XIII

En el calendario juliano existía un deslizamiento astronómico provocado por la implacable acumulación de 11 minutos y 12 segundos de exceso anual, o sea un día cada 131 años. Con el paso de los siglos el deslizamiento se hizo notar. El primero en publicar tal asincronía fue el benedictino inglés San Beda el Venerable (<25 mayo). Sin embargo, Beda dejó las cosas quietas para no trastocar lo que píamente se tenía por cronología sagrada. Pero sí se aventuró a utilizar el olvidado sistema propuesto dos siglos atrás por Dionisio el Exiguo a la hora de fijar las dataciones en la era «ab incarnatione Domini» o «de la Encarnación del Señor», nuestra era cristiana, tal como dejó escrito en su Historia Ecclesiástica Gentis Anglorum, acabada en el año 731.

En el siglo XIII, entró en escena Roger Bacon (<29 marzo), fraile franciscano y filósofo propulsor del método científico. Perseguido por sus novedosas proposiciones e investigaciones, sus enemigos eclesiásticos sabían que mantenía asidua correspondencia con el papa Clemente IV, lo que además provocaba suspicacias y celos. En 1267 en una de sus cartas, Bacon le hizo saber que había detectado una tal falta de alineación astronómica respecto a las fechas julianas, que se debería imponer una drástica corrección. Pero el Papa murió al año siguiente y el fraile, sin su amigo y protector, pronto terminó encerrado en una celda conventual de su Inglaterra natal por introducir «conceptos sospechosos» en su original obra.

Debido a controversias teóricas, se encargaron observaciones astronómicas entre 1318 y 1344 con el objeto de definir mejor las fechas de solsticios y equinoccios, realizadas por Juan de Murs, quien junto con Fermín de Belleval, escribieron Epístola Super Reformatione Antiqui Calendarii, pero tal reforma no se llevó a cabo. Otros sabios matemáticos y astrónomos del siglo XV, que repararon en la necesidad de sincronizar el calendario, fueron personajes tan representativos como: Pedro d’Ailly, Nicolás de Cusa, Johannes Schröner, Regiomontano, Paul de Middleburg.

Roger Bacon, uno de los precursores de la reforma del calendario

LA REFORMA GREGORIANA

El desfase del calendario juliano con respecto al año trópico cada vez era más preocupante, pues interesaba que las fechas coincidieran con los mismos periodos estacionales y la necesidad de modificarlo de manera que Vernadia coincidiera siempre en las proximidades del 21 Marzo, según estipuló el concilio de Nicea, pues la Pascua está en relación con el equinoccio vernal (de primavera).

Bajo un mandato emanado del Concilio de Trento, el papa Gregorio XIII decretó en la bula Inter gravissimas («Con la máxima ansiedad…»), promulgada el 24 febrero 1582, que «Con el fin de restaurar el equinoccio vernal en su lugar primitivo, que los Padres del Concilio de Nicea hicieron coincidir con el XII Calendas de abril (21 marzo), prescribimos y mandamos en relación con el mes de octubre del presente año (1582) que se supriman los diez días comprendidos entre el III Nonas (05 octubre) y el día que precede a los Idus (14 octubre), ambos inclusive«.

La reforma fue asesorada por astrónomos y matemáticos (Cristóbal Clavius, Pedro Chacón, Ignacio Danti, entre otros), apoyándose en el caudal de datos aportados por Lilio a título póstumo. Luigi Lilio fue profesor de medicina en la universidad de Perugia, matemático y astrónomo. Por haber muerto seis años antes de la promulgación gregoriana, la gloria de ser el autor de prácticamente todos los trabajos de cálculo que la hicieron posible es erróneamente transferida por algunos tratadistas a su hermano Antonio, mero presentador de los mismos ante el Papa en la forma de un manuscrito titulado Compendium novae rationis restituendi kalendarii. A Lilio le tomó diez años completar su obra, dedicando el esfuerzo principal al tema de la fijación de la fecha pascual, concreción posteriormente refinada por Clavius para ajustarla mejor a la nueva regla de intercalación de bisiestos.

Además de la supresión del periodo de diez días incluido entre 05-14 Octubre 1582, la característica diferencial con el juliano es que en el calendario gregoriano se omite el día extra de los años bisiestos, cuando es fin de siglo, salvo los múltiplos de 400. El año 2000 fue bisiesto, pero no lo será el 2100.

Lilio optó por un sistema con el grado de precisión deseable que ofreciera una solución práctica que pasaba por una cierta sencillez, en contra de aquéllos que apostaban por el rigor en las mediciones astronómicas y por la exactitud matemática. De manera muy sencilla consiguió un calendario bastante exacto, con un extraordinario grado de precisión astronómica, al establecer en 365,2425 días la duración del año trópico. Como una aproximación más exacta es de 365,2422, se tiene a grosso modo que el calendario gregoriano tiene un exceso de tres días cada 10.000 años. Esto supone que cada año tiene un exceso de unos 26 segundos, actualmente llevamos acumuladas unas tres horas, que no harán un día entero hasta el 4909. Muchos autores han propugnado ligeras reformas, que consisten en suprimir algunos bisiestos en periodos de varios miles de años, para conseguir un calendario casi perfecto. La solución más aceptada por los cronólogos actualmente es que ni el 4000 ni el 8000 sean bisiestos.

Una de las características del sistema intercalar vigente es que todas las fechas en el calendario se repiten en ciclos de 400 años (= 146.097 días), de tal manera que las del 2000 son idénticas a las del 1600.

El sistema liliano hace fluctuar la fecha del equinoccio vernal entre la estrecha frontera de los días 19, 20 y 21 de marzo. El primero no se ha dado desde hace un siglo; y las más de las veces cae en 20, en contra de la opinión extendida que señala el 21 como el de incidencia más frecuente.

Se eligió octubre para dar el salto corrector, porque según adujo Clavius, es el mes con menos fiestas religiosas, se eligió el día siguiente a la fiesta de San Francisco de Asís, y en su época tampoco era significativo en lo económico-comercial. Estas consideraciones hacían de octubre un candidato ideal a juicio de quienes deseaban causar la menor alteración posible en la vida de las personas afectadas. Como curiosidad: Santa Teresa de Jesús, murió en Alba de Tormes (Salamanca) la noche del 04 octubre 1582 y la enterraron al día siguiente, 15 octubre, por coincidencia de la fecha de su defunción con la implantación de la reforma del calendario gregoriano que suprimió esos diez días.

Sólo España y Portugal (por entonces incorporada a la corona de Felipe II), los Estados Pontificios y las distintas repúblicas italianas, se adhirieron de inmediato al edicto papal. Francia lo hizo el 09 diciembre de ese año. El resto de los católicos europeos obedecieron en los cinco años siguientes, mientras que los protestantes tardaron más de un siglo en aceptarla. Inglaterra lo incorporó en 1752, sólo que ellos tuvieron que salvar un trecho de once días en vez de diez. Los suecos cierran la lista del lado occidental: un año después que los ingleses.

Los cristianos ortodoxos mantuvieron el calendario juliano hasta el siglo XX. Por eso la Revolución Rusa del 25 octubre fue para nosotros el 06 noviembre, lo que arroja un saldo de doce días. Los bolcheviques adoptaron el calendario gregoriano en 1918. Grecia y el resto de los miembros del ámbito ortodoxo no lo implantaron hasta 1923, la Iglesia ortodoxa sigue siendo «juliana» a efectos litúrgicos. La China republicana adoptó el sistema occidental en 1911, aunque el viejo calendario chino mantiene una vigencia de carácter popular.

● Con la Revolución Francesa se implantó un calendario, basado en decanos, sostenido durante casi 14 años, ad maiorem gloriam del chauvinismo francés.

CALENDARIO CIVIL

En resumen: Nuestro calendario civil en uso es el calendario gregoriano, que además es la base del calendario religioso cristiano occidental. El calendario gregoriano es una pequeña modificación del calendario juliano, que a su vez es un calendario solar de origen alejandrino con estructura romana y nombres latinos, derivado del calendario civil egipcio, al cual se le incorporó la intercalación de un día en los años bisiestos. El calendario cristiano conserva una traza lunisolar en el ciclo de Pascua, de origen judío, centrado sobre la primera luna llena de primavera.

Como periodos largos de años se consideran siglos y milenios y otros cortos, menos usados, como décadas y lustros. El 01 enero 2001 comenzó el siglo XXI y el III milenio d.C. No lo fue el año 2000 (último año del siglo XX) debido a la ausencia de un año 0 (cero).