06 Enero: La Estrella de los Reyes Magos

LA ESTRELLA DE LOS REYES MAGOS Y LA CONJUNCIÓN MAGNA DE JÚPITER Y SATURNO

La Estrella de Belén

● Aunque la «señal de la Estrella» es un símbolo convencional, aplicado a muchos personajes y acontecimientos históricos a los cuales se quieren realzar por su supuesta vinculación con el poder supremo del «Cielo», no se ha dejado de especular con el sentido astronómico, o más bien astrológico, que pudiera tener el episodio de los Magos de Oriente para ser incluido en los Evangelios. Pero antes conviene tener una visión general del estado de las creencias astrológicas a comienzos del Imperio romano.

● Los Magos debieron utilizar al menos los tres métodos clásicos de la astrología adivinatoria: panorámica, congénita y electiva, que probablemente se desarrollaron históricamente en ese mismo orden.

La astrología panorámica o mundial pretende predecir acontecimientos generales, sean naturales (catástrofes, prodigios, etc.) o sociales (convulsiones políticas y económicas, cambios religiosos, etc.) según el estado del cielo, al principio de una manera vaga y general. Esta astrología de carácter primitivo y común en casi todas las culturas, se desarrolló en Sumeria mediante la búsqueda sistemática de prodigios celestes, casi siempre de mal agüero (eclipses, cometas, etc.), que se suponía que repercutían en la vida de todo el país. En nuestra lengua todavía usamos la palabra «desastre», en aquellos casos en que algo bien planificado acaba en desgracia o catástrofe, porque se creía que había intervenido el influjo de una mala estrella, «des-astro».

Cuando más tarde la astrología se hizo planetaria, o sea buscando la posición recíproca de los planetas sobre el fondo zodiacal, para establecer los pronósticos generales del país se tomaba en cuenta el perfil astrológico del año entrante alzando el horóscopo de Vernadia (equinoccio de primavera).

De estas consideraciones sobre el futuro del país deriva la astrología congénita o genetlíaca, que era la predicción del porvenir personal a partir del horóscopo, que como indica su etimología es la «inspección de la hora», es decir diseñar la posición de los planetas respecto a las mansiones del zodíaco en el momento del nacimiento del consultante. Estos pronósticos, al principio, sólo se realizaba a reyes y grandes sacerdotes, como gobernantes del país, y buscaban garantizar la influencia del soberano sobre toda la nación. Como suele ocurrir en todas las sociedades, los privilegios regios se van extendiendo a otros estamentos (aristócratas, grandes personajes), hasta que pasado el tiempo, grupos sociales cada vez más amplios lograron el privilegio para obtener la confección del horóscopo, intentando desentrañar su propio destino. Al final, cualquiera que pudiera pagar a un astrólogo podía recibir la interpretación de su horóscopo personal.

Esbozo ideal de la fundación de Bagdag

Por último, la astrología electiva intenta determinar un momento con el horóscopo favorable para emprender una acción determinada: fundación, viaje, empresa militar, acto curativo, etc. Son ejemplos históricos de ello: la fundación de Bagdag, o el comienzo de la construcción de los observatorios de Uraniborg por Tycho Brahe en 1576, y el de Greenwich en 1675. En algunos países, estas fatuas consideraciones llegaron a tales extremos de superstición, que mucha gente es incapaz de iniciar algunos asuntos importantes (bodas, viajes, negocios) sin consultar previamente el horóscopo más favorable.

Bagdag fue fundada por el primer califa abasí, Al-Mansur en 762 con un proyecto de ciudad circular cuatripartita centrada en la mezquita y el complejo palatino, rodeados por jardines y el resto de viviendas en la periferia. El esquema es de origen astrológico diseñado por dos astrónomos de origen persa, uno zoroastriano y el otro judío.

● En la época de Jesús las tensiones provocadas en Judea por la colonización romana, que acabarían dando lugar a la destrucción del Templo de Jerusalén en el año 70 d.C., produjeron un sin fin de especulaciones, profecías y revelaciones que usaban terminología astrológica y que tanto influyeron en la literatura apocalíptica, muy en boga en aquella época. Un ejemplo de esta tendencia fue el «Apocalipsis» o «Libro de las Revelaciones», que se integró como último texto del Nuevo Testamento, atribuido a San Juan Evangelista.

Según los cálculos astrológicos de algunos grupos judíos, tomados de ambientes helenistas, se esperaba el nacimiento de un rey sacerdotal, ligado a Jerusalén, en un momento propicio. Los cristianos aprovecharon la ocasión otorgando a su fundador gran parte de estos batiburrillos de pronósticos y predicciones astrológicas, atiborradas con el añadido de especulaciones gnósticas, que entonces estaban de moda por todo el Imperio Romano. La atribución a Jesús del título de Mesías (hebreo) o Cristo (griego), en ambos casos significa «Ungido», suponía que estaba dotado del carácter de Rey Sagrado, y por tanto, con derecho a que su horóscopo tuviera un significado cósmico.

Conjunción Magna de Júpiter y Saturno

● Algunos autores señalan que en la época de Cristo se cerraban algunos ciclos astronómicos o calendáricos, como el fin de un «Gran Año» sotíaco egipcio. Pero fue la «Conjunción Magna Planetaria» al ciclo que se dio más importancia, pues se suponía que algunas configuraciones planetarias y estelares repetían ciertos momentos de la historia ancestral y mítica. En círculos de astrólogos caldeos y persas adquirió un gran desarrollo la teoría de los grandes ciclos, a partir de las recurrencias de las conjunciones planetarias, que podían ser grandes (alrededor de un milenio), medias (unos 240 años) o pequeñas (unos 20 años). Se especuló con la idea del thema mundi, establecer cual era el horóscopo del mundo en el momento primordial de la Creación, que cada astrólogo solucionó según su propio esquema calendárico y conforme a sus hipótesis de como estarían colocados los planetas en las casillas zodiacales.

● Se habla de conjunción planetaria cuando dos o más planetas parecen estar en la misma posición celeste, o al menos muy juntos. Los astrónomos antigos consideraron a algunas de estas conjunciones de especial importancia y las llamaron grandes conjunciones, término mal definido, pues se usó con significados diferentes. De forma muy vaga la gran conjunción por antonomasia era la de Júpiter-Saturno, aunque pronto se le dio un sentido especial, también variable. Por un lado se especificó que las conjunciones simples de ambos planetas, las más abundantes, mantenían una separación de entre 30′ (0,5º) – 78′ arco (1,3º), distancia semejante a 1 – 2,5 veces el ancho de luna llena; mientras que las grandes conjunciones de Júpiter-Saturno ocurrían con separaciones de menos de 10′ arco, cuando visualmente se ven superpuestos, como es el caso de la reciente del 21-XII-2020, con separación de 6′ arco. La anterior se produjo en 1226, la siguiente será en 2080, y después habrá un lapso hasta 2400 para que se repita. Pero ahí no acaba la dificultad pues también el término grande o muy grande se aplicó a otras variedades, llamadas conjunciones magnas o triples, que también admiten dos sentidos distintos. El primero, usado con más frecuencia, es la conjunción doble de «triple cruce» que se usa con mayor frecuencia para las conjunciones de los dos planetas repetidas tres veces, a lo largo de unos meses, debidas al movimiento retrógrado. En otros casos la conjunción triple se refiere a la intervención de tras planetas, por ejemplo cuando Marte se suma a Júpiter y Saturno.

Trígonos de las conjunciones Júpiter-Saturno

● Una conjunción importante, con la que se han relacionado muchos hechos históricos, es la de Júpiter con Saturno, que en su forma más simple, cercanía de ambos planetas, ocurre cada 20 años (19,859 años: 19 años y 314 días). En este intervalo de tiempo Saturno viaja alrededor de dos tercios de su órbita (0,674), mientras que Júpiter viaja casi el doble de la suya (1,674). Cada 3 conjunciones que duran unos 60 años (59,6) completan 2 revoluciones de Saturno y 5 de Júpiter. Como cada conjunción se desplaza unos 120º sobre la banda zodiacal, al final de este ciclo casi coinciden en las mismas posiciones, se puede describir un trígono o patrón triangular. El descubrimiento de este ciclo sexagesimal probablemente se originó en Mesopotamia, un diagrama de cuatro trígonos aparece en una tablilla de edad seléucida encontrada en Uruk. El sistema se extendió por toda Asia hasta China y paises de su entorno cultural (Japón, Corea, Vietnam), en donde los años, las horas y sus divisiones, se calculan según un ciclo sexagesimal. También pasó al mundo helenístico y el trígono aparece en el Almagesto de Ptolomeo. Según los tipos de conjunción, este ciclo a su vez se agrupa en ciclos mayores.

● Una conjunción magna o de «triple cruce» tuvo lugar a lo largo del año 6 a.C. (ó 7 a.C. sin año cero), es decir Júpiter en movimiento directo se junta con Saturno (30 mayo 6 a.C.) y lo adelanta, luego regresa atrás y lo vuelve a cruzar en retrogradación (29 septiembre 6 a.C.), hasta que se detiene y reinicia su movimiento directo o anterógrado y lo cruza por tercera vez (12 diciembre 6 a.C.), todo el proceso dura unos 7 meses. La conjunción ocurrió en el signo de Piscis, constelación en la que se encuentra el sol durante el equinoccio de primavera.

De todas las conjunciones de Júpiter y Saturno, cada 20 años, sólo son «magnas» el 11% de ellas, y no se repiten con periodicidad regular, pues oscilan desde 40 años a varios siglos. Además, en el verano del año 6 a.C., los otros «cinco» planetas estaban colocados en sus mansiones regentes, y poco después, con Júpiter y Saturno ya separados, pero todavia cercanos, se agregó Marte, que quedó enmedio de los dos hacia el 25 febrero del año 5 a.C.

● Se cree que esta «conjunción magna» fue la «estrella» de los Reyes Magos. En sus abstrusas consideraciones, los magos astrólogos debieron interpretrar que en el país de los judíos (Judea estaba regida por el signo Piscis) nacería un Rey o Emperador (Júpiter) que traería una nueva Edad de Oro, de justicia, paz y prosperidad (se unía tres veces con Saturno), o cualquier otra elucubración semejante. Recordemos que la fecha oficial del nacimiento de Cristo fue calculada con al menos cuatro años de retraso, pues Herodes murió el 4 a.C., y el censo de Augusto ocurrió hacia los años 8 – 6 a.C. Se estima que Jesús nació el año -6 +/ 2, o sea, el 6 antes de Cristo, con margen entre 8 a.C. y 4 a.C.

Esta conjetura de la conjunción planetaria apareció a partir de la traducción latina de un texto en árabe del astrólogo Albumasar (Yafar Abu Mashar, 805?-886), con el título De magnis conjunctionibus et annorum revolutionibus. La hipótesis de la conjunción planetaria de Júpiter y Saturno, como estrella de Belén, ya se encuentra en anales eclesiásticos europeos de fines del siglo XIII, pero fue Kepler el primero en argumentar con detalle tal posibilidad en 1606. Las obras de Albumasar fueron muy conocidas, en especial su «Gran introducción a la astrología», desde que se empezaron a traducir en Europa durante el siglo XII, de hecho, este autor, que llegó a ser considerado como profeta del Nacimiento de Cristo, ya habia sido utilizado por los apologetas cristianos para ilustrar de forma premonitoria la maternidad virginal de María y de evocar el emblema de la constelación de Virgo como prefiguración pagana de la Virgen Madre. Incluso Alfonso X en su obra «Setenario» escribió un capítulo titulado: «De las semejanzas que tuvo Santa María con el signo de Virgo».

La estrella – cometa de Belén

● Además de la conjunción magna, se han propuesto otras muchas más hipótesis. Un ejemplo es que habitualmente en los belenes la estrella sobre el pesebre suele tener coleta y esto se debe a que en 1305 el pintor florentino Giotto pintó por primera vez la Estrella de Belén como un cometa en su cuadro «Adoración de los Reyes Magos». Al parecer debió quedar muy impresionado por la vista de un cometa que apareció unos pocos años antes y que hoy se sabe que fue el cometa Halley en su visita durante el otoño de 1301. Quizá la visión le inspiró pintar así la estrella que seguían los magos y después fue copiada hasta hacerse típica y tradicional. La aparición del Halley más próxima en la época del nacimiento de Jesús fue el 12 a.C., 6 años antes de la fecha propuesta de su nacimiento.

También se ha pensado en el surgimiento de una estrella nova el 31 marzo 5 a.C. (4 meses después del último cruce de Júpiter sobre Saturno), que brilló durante 70 días, además de otras efemérides astrológicas, y pudiera ser que todo este conglomerado de eventos celestes llamara la atención de los astrólogos y dispararan su imaginación para encontrarles un significado. Pero no hay que olvidar que el Evangelio de San Mateo sólo relata un símbolo celeste de elección divina vinculado a la realeza sagrada de Jesús, en cuanto se adjudica el título de Cristo, estuviera o no, ligado a los acontecimientos astrales.