03 Noviembre: La Caza del Ciervo Divino (II)

EL DIOS CIERVO

Cernunnos en el Caldero de Gundrestup

● En el día de San Huberto (03 noviembre), coincidente con la época de las berreas y los apareamientos, el antiguo dios Ciervo hace su aparición, ahora convenientemente cristianizado. El Samain celta, celebrado por estas fechas de primeros de noviembre, estaba dedicado al dios cornudo Cernunnos, cuyo culto persistió hasta época tardo-romana. Su nombre es una transcripción latina que significa Cornudo, al parecer derivado del celta karno o karwo, con el mismo significado. Entre los celtas hispanos se llamaba Carnum y Candamo.

– Los galos organizaban cacerías otoñales de ciervos, que acababan en Hiberdia (solsticio hibernal) con la celebración de bailes de disfraces de cervatos y becerros, al estilo de las calendas de enero romanas. En un vaso del siglo III hallado en Alesia, se representa una escena de caza del ciervo junto a un cortejo orgiástico. Se cree que estas cacerías tenían un carácter ritual, al parecer representando la época en que Cernunnos se transformaba en Esus, cuando los galos salían al bosque a cazar ciervos y luego bailar frenéticamente, disfrazados con sus pieles recién desolladas y aún calientes, buscando estados de trance frenético. Lo cual también relaciona al ciervo con el aspecto infernal de los muertos.

● La imagen más conocida de Cernunnos es la tallada en la placa central del caldero de Gundestrup (siglo II a.C.): un varón sentado con las piernas cruzadas, tocado con cuernos de ciervo. En su mano derecha ostenta un torque, símbolo de nobleza, mientras que con la izquierda sujeta por el cuello a una serpiente con cuernos de carnero. Al lado de su mano derecha se encuentra un ciervo con una cornamenta idéntica a la del mismo dios, aunque difieren en el número de puntas, cada asta del ciervo tiene ocho y las de Cernunnos siete, 30 en total (16 + 14), muy próximo al número de días del mes sinódico. En otra placa del caldero se representa a un dios desconocido o un gigante, sumergiendo a los guerreros en un caldero, de donde salen preparados para el combate a lomos de caballo.

– Cernunnos, un Señor de los Animales para los pueblos cazadores, se especializó como dios de la fertilidad y la renovación en el Neolítico, y más tardíamente se convirtió en signo de nobleza y riqueza, cuando la caza de montería se convirtió en un arte venatorio de los aristócratas. Aparece una figura muy semejante a la del caldero de Gundestrup en un sello de Mohenjo Daro, en el valle del Indo (actual Pakistán), perteneciente a la Cultura Harappa (2700-1900 a.C.), sentado en la «postura del loto» con tres caras y cuernos de bóvido, rodeado de animales, que se cree que es un prototipo del posterior dios hindú Shiva Pashupati o Señor de los Animales. Cernunnos fue a menudo representado con tres cabezas, y hasta tiempos tardo-romanos pervivió en Galia su culto en la tríada Esus-Smertrios-Cernunnos.

● El ciervo era una figura de importancia capital entre los escitas, la Madre de Sol era imaginada como una gran cierva portando a su Hijo-Sol entre los cuernos. A menudo, las imágenes cervinas en la orfebrería escita aparecen con cornamentas flamígeras. La idea de regeneración también se evocaba en el carácter psicopompo, de guía de almas hacia el Más Allá. Algunos pueblos de las invasiones «bárbaras» en Europa, tras el derrumbe del Imperio romano, remitían su origen mítico a dos hermanos, Hunor y Magor, que encontraron en el bosque al ciervo bendito que los llevó a un nuevo territorio y allí se casaron con dos princesas de los alanos, de donde surgirían los hunos y los magiares o húngaros.

– Restos de ritos relacionados con cuernos de ciervo se rastrean en las cuevas cantábricas del Paleolítico y las representaciones de ciervos son uno de los motivos más frecuentes en las posteriores pinturas levantinas y esquemáticas de la península Ibérica. Las figuras de «hechiceros» cornudos del Paleolítico tardío aparecen disfrazados durante sus ritos en busca del trance. Se conservan máscaras de cornamentas de ciervo de la época mesolítica. Durante la prehistoria, el culto al ciervo era ambivalente, pues estaba relacionado tanto con la idea de renovación, a través de la maternidad y el parto, así como con el poderío erótico, en su manifestación de fuerza viril. En diversos países de Europa han persistido hasta hace poco danzas del ciervo, ejecutadas por varones vestidos de mujeres.

– Los chamanes siberianos intentaban propiciar con «rituales de renovación de la vida» la reproducción animal mediante danzas y luchas que representan el celo y el apareamiento. Para ello se hacían trajes con pieles de animales para usarlas como disfraces. Entre los evenkos el chamán se identifica con un gran ciervo macho en celo durante la ceremonia previa a la caza.

– Una teoría postula que a partir del Neolítico, los jefes o reyes de tribus adquirían el poder por su casamiento con la reina, transmisora del linaje matrilineal, pero al final de un periodo de tiempo, un año, eran sacrificados y sustituidos por otros. Su símbolo de realeza era su cornamenta, que simboliza su poder fálico y agresivo, que curiosamente, pasó en la época patriarcal a designar a los «cornudos», maridos de adúlteras, pues con los cambios sociales a partir de la Edad del Bronce, cuando la herencia se hizo patrilineal y se instauró la monarquía fija, se devaluó todo lo femenino y se consideró impotentes a los varones que no sojuzgaban a sus mujeres. Estas teorías, muy de moda a fines del siglo XIX y primera mitad del XX, hay que tomarlas cum grano salis.

Mosaico bizantino, Qasr Libia (siglo VI)

● En tablillas mesopotámicas del IV milenio a.C. aparece la relación entre ciervo y serpiente. Y aunque la serpiente era un acompañante del ciervo, en cuanto colaborador en las tareas de fertilidad, ya en la «Historia natural» de Plinio se recoge la leyenda de que el ciervo era enemigo de las serpientes. Podía husmearlas y sacarlas de sus madrigueras invernales para comérselas, a costa de beber inmediatamente agua clara de fuente, si no quería morir envenenado. Este alimento le otorgaba una extraordinaria longevidad. Dos animales con mudas anuales (la cornamenta y la «camisa») se unen en la idea de «constante renovación». También Plinio señala que los ciervos son concebidos tras el orto matutino de la estrella Arturo, o sea a principios de otoño.

– En el Medievo el ciervo sediento se convirtió en motivo recurrente de la lucha permanente entre el Cristo-ciervo vencedor sobre el Demonio-serpiente (o dragón). Incluso se le añadieron otras características míticas, como su conocimiento de las hierbas medicinales. Muchos de estos detalles proceden del mundo celta a través de las leyendas del rey Arturo y la literatura de la «materia de Bretaña», que llegan hasta el Renacimiento y el Barroco en las metáforas poéticas de la cierva herida, alegoría del éxtasis y el encuentro místico con Dios. En la heráldica medieval el ciervo representa la bondad y la nobleza.

Caza del Ciervo Celeste

Ciervo de la Higuera (Alcaine, Teruel)

● Una cualidad destacable de este huidizo animal es la rápida renovación de su cornamenta: cae a primeros de invierno, cuando adopta una vida solitaria en el bosque; las yemas brotan de nuevo en primavera, crecen con rapidez, mientras para las ciervas es la época de parir a sus crías. En verano los cuernos alcanzan su completo desarrollo; en otoño están listos para la berrea y las peleas de apareamiento.

– Este desarrollo se equiparó en muchas culturas con el transcurso anual del sol. El ciervo descornado es imagen del sol invernal, mientras que, engalanado con su ramosa cornamenta, semeja al árbol del sol en su plenitud estival. Simboliza, en paralelo, los ciclos del año solar y de la vegetación, casi siempre aparece como mensajero divino y guía al Otro Mundo.

– En su aspecto femenino era la Cierva Blanca, relacionada con las fases de Luna y los ciclos femeninos de procreación. De hecho, en cuanto símbolo cósmico es una cierva que porta a Sol, Luna y Estrellas. Es la Vieja Cierva, recreada en las máscaras invernales, mensajera del Otro Mundo para anunciar buenas noticias y abundancia.

– En pinturas esquemáticas del Epipaleolítico español es frecuente la asociación del ciervo con el árbol, interpretados como animal-guía y árbol-eje del mundo que permite a los chamanes en trance acceder al firmamento en busca de almas, o para obtener miel de una colmena celeste, subiendo por una escala, y obtener la dulce sabiduría. Estas escenas aparecen en Barranco Estercuel (Alcaine, Teruel), Cueva de la Vieja (Alpera, Albacete) y Cueva de la Araña (Bicorp, Valencia), entre otras.

● La gran Cacería otoñal del ciervo, el venado (= «cazado», presa por excelencia) parece que fue descrita en el cielo a través de algunos asterismos o constelaciones. Lo más frecuente es la representación de una escena en que un cazador con su perro persigue a un grupo de tres ciervos, aunque los detalles de atribución estelar son muy variables. En regiones circumpolares parece que el reno o ciervo cósmico era la Osa Mayor y se relacionaba con Hiberdia y el ciclo anual. Más al sur del hemisferio norte, incluso hasta el África subsahariana, el ciervo se situó en las estrellas del entorno de Orión, el gran cazador. En India la gran constelación Mriga, «Antílope, ciervo» que incluía a Orión, Tauro y Sirio, narraba un mito primordial del gran dios Prayapati (Orión), en forma de ciervo, en un truculento episodio de persecución de su propia hija cierva (personificación de la Aurora, constelada en Tauro) para violarla, pero antes acabó asaetado por el arquero Rudra (Sirio). Los mitos griegos de los cazadores Orión y Acteón están relacionados con la diosa cazadora Artemisa, quien convirtió en ciervo a Acteón.

– Los tres ciervos cazados fueron situados en el cinturón de Orión, la flecha solía ser Betelgeuse (α-Ori). Hacia 2000 a.C. el orto vespertino de estas estrellas ocurría a fines de otoño, en la época de la cacería de ciervos y tras la cual se establecía la veda. Los mitos que aludían a la caza celeste estaban imbricados con los rituales chamánicos de trance donde el ciervo era al mismo tiempo guía y presa, arte venatoria psíquica que pasaría hasta el tema de la cacería divina del mismísimo Cristo, al igual que en Asia se cuentan varias versiones sobre una de las reencarnaciones de Buda en ciervo. De hecho, en algunas tribus norteamericanas y en Arabia, el ciervo fue sustituido por antílopes o carneros salvajes, así que el Cordero de Dios, aunque ligado a la ganadería, podría ser el sucesor domesticado del Ciervo de los cazadores, en cuanto víctima propiciatoria del sacrificio.