19 Junio: Las Puertas del Sol (I)

SOLSTICIOS Y EQUINOCCIOS

Solsticios y equinoccios vienen a ser los puntos cardinales del tiempo anual. Hay que tener en cuenta que, como casi todos los fenómenos astronómicos, nos referimos a instantes de tiempo que ocurren en momentos concretos, aunque llamemos así a los días en que suceden. Las fechas reseñadas son las más frecuentes y según los años pueden oscilar un día de más o de menos.

Puntos solsticiales (amarillos) y equinocciales (rojos)

Solsticios

Los dos solsticios se consideraban como las moradas o cabañas donde el sol pasaba unos días de descanso en los dos extremos de su ciclo incesante de ir y volver sobre el horizonte. Esta metáfora de lugar de descanso u hospedaje se transfirió después al recorrido del sol por la eclíptica, según iba atravesando los 12 sectores de 30º cada uno, en que fue fraccionado este círculo celeste. Este concepto de división regular, en que sus porciones fueron llamadas casas o mansiones, no hay que confundirlo con el de constelación (<26 marzo, Zodíaco). El equívoco reside en que a cada sector o mansión se le dio el nombre de la constelación más próxima en la época en que se definió.

Sobre el horizonte astronómico, para una latitud dada, se habla de amplitud intersolsticial a la distancia angular del trayecto que sigue el sol entre ambos solsticios, siendo la amplitud ortiva (de ortos) al Este y la amplitud occidua (de ocasos) al oeste, simétricas respecto al meridiano.

● En el día en que el sol se halla en el extremo sur de su trayecto, tanto de orto como de ocaso, nos encontramos en el solsticio de invierno o Hiberdia (21 diciembre). Su recorrido arqueado diario sobre el cielo es corto y bajo. El reloj de sol horizontal muestra la sombra meridiana más larga y la curva horaria más alejada del gnomon. Alrededor de Hiberdia son los días más cortos y las noches más largas del año.

● Medio año después, cuando el sol en su salida y en su puesta, está sobre el horizonte lo más al norte posible de su trayecto, nos hallamos en el solsticio de verano o Estivadia (21 junio). El arco diario que recorre sobre el cielo es el más alto y largo, la sombra meridiana del reloj de sol horizontal es la más corta y su curva horaria es la más cercana al gnomon. En las proximidades de Estivadia ocurren los días más largos y las noches más cortas del año.

– Los dos solsticios fueron los dos goznes más evidentes del año para el hombre prehistórico y los más fáciles de marcar, siempre que se observaran desde un lugar fijo. Hiberdia fue la fecha de nacimiento de muchos dioses, incluso del mismo Sol. El día de Estivadia se gozaba de su triunfo o de su muerte, propicio para realizar ritos protectores.

Equinoccios

En su desplazamiento entre ambos solsticios tienen lugar los equinoccios, en la mitad del recorrido, cuando el sol se desplaza rápido sobre el horizonte. ‘Equi-noccio’ proviene de aequus nocte o «igual noche», en el sentido de igualdad de la duración de las noche con el día, en griego es isomería de isemerie o iso-hemeriai, «igualdad del día» con la noche.

En mitad del trayecto desde el solsticio de verano al de invierno hablamos del equinoccio de otoño o Automdia (22 septiembre), y cuando vuelve a ocupar el mismo punto en su trayecto inverso es el equinoccio de primavera o Vernadia (20 marzo).

A veces se dice que en los equinoccios se igualan las horas de luz y oscuridad, esto no es cierto, lo que se iguala es el tiempo en que el sol está por encima y debajo del horizonte astronómico, las mitades diurna y nocturna del dianox, pero en un día equinoccial la claridad de ambos crepúsculos nos da más tiempo de luz que de oscuridad.

Determinación de solsticios y equinoccios

● Los arqueo-astrónomos tienen muy en cuenta que las estrictas definiciones científicas, en la Prehistoria eran tan sólo vagas aproximaciones, pues solsticios y equinoccios no estaban bien definidos sobre la bóveda celeste y se calculaban de manera empírica por observación directa. Aunque también la observación de ortos y ocasos estelares servían como buen índice del transcurso del año, la relación exacta de las estrellas con el sol no se consiguió hasta las observaciones sistemáticas de las grandes civilizaciones. Aún así, los griegos mantenían muchas discrepancias sobre las fechas claves del año, debido sobre todo a las variaciones provocadas por los horizontes locales a partir de los cuales se juzgaba la aparición y desaparición del sol y las estrellas. Tampoco hay que olvidar los fenómenos de refracción de la luz cuando el sol está sobre el horizonte, que hacen que el sol se vea unos 2 minutos más durante su salida y y otros tantos en su ocaso (<16 junio).

Los solsticios, más aparentes y fáciles de determinar, fueron los jalones más importantes del  transcurso del año, aunque a simple vista es difícil definir la fecha exacta con una precisión mejor que un par de días. En buenas condiciones se esperaría al menos tres días para objetivar el retorno o cambio de sentido del sol, en la práctica puede que haya que esperar una semana. Escacena y otros autores han postulado que, en especial para los fenicios, quienes creían que «al tercer día resucitó» el dios Baal, este lapso de tiempo pudo originarse en la observación solar durante los solsticios, auque en otros contextos pueda referirse a las tres días de luna oculta, entre la vieja y la nueva aparente.

Las observaciones de los horizontes se vieron favorecidas en los países nórdicos por la gran anchura de las dos Puertas del Sol, o sea con grandes amplitudes ortivas y occiduas en los horizontes, mientras que en regiones tropicales tuvieron más importancia los tránsitos cenitales del sol dos veces al año, cuando sus rayos caen a plomo y no dan sombra a mediodía. Sobre el ecuador terrestre los tránsitos cenitales ocurren en ambos equinoccios.

Relación de puntos solsticiales

Ambos lugares estacionarios se pueden observar tanto en el horizonte oriental al despuntar el sol, como en el occidental al acostarse. Hay relación cruzada entre los puntos solsticiales de un lado y otro: el orto del sol en Hiberdia se alinea con el punto diametral del ocaso del sol en Estivadia sobre un horizonte astronómico, y lo mismo en los otros dos, constituyendo el Rectángulo Solsticial cuyas diagonales forman una cruz aspada. En los horizontes locales las líneas solsticiales pueden estar desviadas por los factores del relieve del paisaje que pueden deformar ligeramente este esquema básico. Estas alineaciones se han demostrado en los altares de los templos fenicios de Caura y Carambolo (Sevilla). Por tanto una determinada alineación solsticial matutina, puede alargarse en sentido opuesto y comprobarla al atardecer, además añadiendo las correspondientes simetrías sobre el meridiano, se podían completar las otras dos y formar el Rectángulo Solsticial completo de ese lugar concreto, confirmando su ajuste por la observación en el siguiente solsticio, medio año después.

El equinoccio astronómico verdadero es el momento en que el sol tiene una declinación de 0º grados, es decir cuando cruza el ecuador celeste. Esta noción es un concepto abstracto surgido a partir de los conocimientos geométricos desarrollados en Grecia entre los siglos IV y III a.C. y por tanto sólo vigente entre las élites intelectuales de los grandes centros culturales de ciudades como Alejandría. Curiosamente no es difícil de determinar por procedimientos empíricos sencillos: por ejemplo, cuando la sombra del sol en un día equinoccial describe una línea recta. Pero la observación precisa de sombras de gnómones tuvo un desarrollo histórico más tardío.

En la prehistoria los equinoccios se calculaban de manera empírica, de dos formas relativamente fáciles de determinar:

1) Espacialmente, cuando una vez obtenidos los dos puntos solsticiales de una de las Puertas del Sol se marcaba el punto medio entre ambos solsticios, obtenido p. ej. mediante la mitad de una cuerda que señale el segmento delimitado por ambos puntos o por la bisectriz de dicha amplitud intersolsticial, trazada desde el punto de observación.  

2) Punto temporal medio entre ambos solsticios, tras contar 91 ó 92 días a partir de un solsticio.

Así se obtiene el llamado equinoccio mediano (megalítico o neolítico) que tiene la ventaja de que permite una partición del año en cuatro períodos de igual duración. Como la posición del Sol es muy similar en ambos equinoccios, astronómico y mediano, a los arqueo-astrónomos les resulta muy difícil saber si un marcador o una alineación prehistórica obedece a uno u otro evento, aunque parece que por sistema se atendía al equinoccio mediano.

Luego se descubriría que las duraciones de las estaciones eran desiguales, y por tanto los equinoccios están descentrados, de manera que su determinación precisa era difícil, aunque no requiere observaciones astronómicas complicadas. Además de los fenómenos atmosféricos y de las peculiaridades de la topografía local que distorsionan las observaciones, ocurre que al contrario de lo que sucede en los solsticios, en las épocas equinocciales el sol se desplaza muy rápido por el horizonte, aumentando la incertidumbre sobre ambos momentos equinocciales que puede llegar a ser de varios días.

Cuando los geómetras griegos descubrieron que los puntos este y oeste equinocciales proyectados sobre el horizonte están ligeramente desplazados de la mitad de la distancia entre solsticios, observaron que el trayecto del lado norte del sol o de verano es un poco más largo, que el lado sur o de invierno. En general, el «equinoccio mediano» tiene una diferencia aproximada de casi 2 días (unas 45 horas) antes del equinoccio de otoño y otros dos días después del de primavera, por tanto se encuentra ligeramente al norte del equinoccio astronómico. La variación de la declinación del sol del equinoccio mediano respecto al astronómico durante la 2ª mitad del I milenio a. C. es de +0° 42′ (casi + 3/4º).

Por el mismo motivo, varía ligeramente la duración de las estaciones, lo que tardaría más en explicarse, pues el fenómeno no se entendió hasta las revolucionarias teorías implantadas a partir del modelo heliocéntrico de Copérnico. Debido a que la órbita de la Tierra alrededor del sol no es exactamente circular, sino un poco elíptica, además el sol está algo descentrado, el movimiento terrestre no es uniforme y según la segunda ley de Kepler, se desplaza un poco más lento en el afelio (actualmente en verano) y algo más rápido en el perihelio (en invierno). Por tanto, para una definición más rigurosa de las estaciones se necesita realizar observaciones siderales para definir con mayor precisión los equinoccios. Se requiere el estudio del sol cuando atraviesa por los cuatro puntos de la cruz de los coluros sobre la eclíptica, los dos puntos equinocciales en que intersecta con el ecuador celeste (declinación 0º; longitudes eclípticas 0º y 180º) y los dos más distanciados o solsticiales (declinaciones +/ 23º 26′; longitudes eclípticas, 90º y 270º).

Las mitades de estación

Por idénticas razones los dos puntos intermedios entre el punto equinoccial y los solsticiales que marcan las fechas de Media-estación (cross-quarter days) tampoco coinciden con la mitad de la distancia, lo cual se observa mejor en la sombra meridiana de los gnómones. La determinación de estas fechas por observación de horizontes fue de interés entre los celtas (<02 noviembre). Los puntos prehistóricos de media-estacion también se encuentran ligeramente desplazados respecto a los astronómicos.

● Las fechas astronómicas para el año 2018 son:

M. = Mitad de Longitud eclíptica Fecha
M. Primavera 45º 05 mayo
M. Verano 135º 07 agosto
M. Otoño 225º 07 noviembre
M. Invierno 315º 03 febrero

Los puntos de Media-estación prehistóricos se encuentran desplazados unos 30′ de los astronómicos, y no son simétricos respecto al ecuador, pues hay una ligera variación de 5′ entre las dos fechas de Media-estación de cada punto.

– Aquí estas fechas están situadas en: Invierno <03 febrero; Primavera <05 mayo; Verano <05 agosto; Otoño <05 noviembre.

– Las fechas habituales que las señalarían, más que los 46 días de promedio, parecen haber ocupado la cuarentena de solsticios y equinoccios: La Candelaria y Santa Brígida (<02 febrero), Calenda de mayo (<01 mayo); Calenda de agosto (<01 agosto) y Todos los Santos (<01 noviembre).

● Se ha especulado con un calendario de horizonte solar que siguiendo la división en mitades de las Puertas del Sol hubiera llegado a 16 «meses» de unos 23 días, pero no consta prueba alguna. Quizá la división octipartita sólo pudo tener interés para calibrar los calendarios lunisolares más habituales.

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