10 Noviembre: El Diluvio de Las Pléyades (II)

LAS PLÉYADES

Supuesta figura de Las Pléyades en el Paleolítico

Las Pléyades son las estrellas de más amplio arraigo y observación en todas las culturas del mundo. Se tomaron como base de los calendarios estelares y siempre ligadas a la lluvia. En el cúmulo, a simple vista, se distinguen seis estrellas, y sólo en óptimas condiciones y vistas muy agudas se observa alguna más. Es curiosa esta disociación entre las seis estrellas visibles y la tendencia a llamarlas con nombre septenario, p. ej. las Siete Hermanas. Como casi todas las tradiciones consideran «siete» estrellas, se ha especulado que una de Las Pléyades «desapareció» en los primeros tiempos históricos, quizá por un cambio de brillo. Si fuera cierto que Las Pléyades están representadas en las pinturas paleolíticas junto a los cuernos de un toro (o mejor, un uro) en la cueva de Lascaux, sólo se figuran seis puntos ¿estelares? (figura: círculo rojo). En época clásica muchos autores (Eratóstenes, Arato, Ovidio, …) insistían en que se habla de Siete Pléyades, pero sólo se ven seis. Todo ello lleva a pensar que el concepto septenario del asterismo es una superposición simbólica y no el resultado de la extinción de alguna de sus estrellas. Míticamente, tanto en Grecia como en India, la pérdida de la 7ª pléyade se explicó por un asunto de amoríos eróticos, pues ésta desaparece por preferir a un amante mortal, antes que admitir la solicitud de dioses lascivos, por lo general su vecino el cazador Orión.

● Aunque la estrella más refulgente del grupo es de 3ª magnitud de brillo (2’85: Alcíone, η Tau) y las otras de 4ª y 5ª magnitud, Las Pléyades han alcanzado su fama unánime debido a su luz difusa y llamativa. Dado el valor que en todas las culturas se dio a este asterismo, se especula sin pruebas que pudo marcar el equinoccio vernal en los ‘zodiacos lunares’ más antiguos. Su mejor aproximación astronómica, el orto cósmico de Alcíone fue en 2335 a. C. para latitud 32º N, pero si consideramos el orto matutino aparente en el equinoccio vernal la fecha se retrasa a 3600 a. C. para la misma latitud.
Una vez establecida la convención, probablemente en Mesopotamia, se fue extendiendo por todo el mundo, o bien se descubrió en distintas zonas culturales en diversas épocas. Sin embargo la relación calendárica hubo que irla atrasando debido a la precesión de equinoccios. Las asociaciones simbólicas permanecieron largo tiempo, hasta que los calendarios estelares fueron languideciendo, por obsoletos, ante el avance de los calendarios solares. En Europa y Asia occidental, donde la primavera no es la época más lluviosa del año, pero sí donde las lluvias son más determinantes en la maduración de los cultivos de cereales, el influjo de la observación de Las Pléyades persistió hasta mediados del I milenio a. C. Por otro lado, el ocaso matutino de Las Pléyades ocurría hacia el equinoccio de otoño, dando inicio a la estación de las lluvias otoñales necesarias para preparar la siembra. También estaban muy atentos a estas dos fechas los ganaderos para establecer los períodos de trashumancia según el ritmo de crecimiento de los pastos, y los marineros que se acomadaban a los períodos de navegación en el Mediterráneo. Ya lo decía Eratóstenes de Cirene: «Las Pléyades son muy apreciadas por los hombres porque marcan con sus señales el curso del año», y en general para los griegos eran «mensajeras de las mudables estaciones». Ya en la Odisea, Ulises cuando va al país de los Feacios, conoce la relación entre el orto vespertino de Las Pléyades (o el ocaso matutino que ocurre con pocos días de diferencia) y el ocaso vespertino del Boyero (Arturo) durante las fiestas Pianepsias (<29 octubre), así llamadas por ocurrir en el mes pianepsión, a fines de octubre y comienzos de noviembre.

Tauro: Híades y Pléyades

● El nombre más antiguo que conocemos para designar a una estrella es la mención en un texto sumerio de gramática, datado en 2500 a. C., de Mul-Mul, literalmente «Estrella-estrella», o sea «Las Estrellas» por antonomasia, refiriéndose a Las Pléyades. Representaron al dios Enlil, señor del panteón sumero-acadio, más tarde desplazado por Marduk en Babilonia y por Asur en Asiria. El asterismo se figuró como siete puntos, los Siete Dioses benefactores, hijos de la diosa Ishtar.
El nombre griego de Pléyades es muy discutido, parece derivar de plein, «navegar», por marcar las épocas de navegar por el Mediterráneo; o bien de pleos, «lleno»; o tal vez de Peleiades, «Palomas», referidas a las que alimentaban a Zeus con ambrosía; casi todas son pseudo-etimologías literarias de los eruditos helenistas, actualmente se las conoce con el aséptico nombre de cúmulo estelar M45 del catálogo Messier. Antes era considerado un asterismo independiente, aunque luego lo añadieron a la constelación Tauro. Las seis estrellas visibles del grupo son: Alcíone, Celeno, Maya, Electra, Taigete y Astérope; Mérope es la hermana oculta. En ambientes cultos se las llamaba Las Atlántidas, por ser hijas de Atlas, sostenedor del cielo, y de Pleione, «Reina de la Navegación». El mito griego es una simple alegoría del hecho de preceder a Orión en el movimiento aparente del cielo, pues parece que las estrellitas indefensas huyen delante del poderoso gigante cazador. Para los romanos Las Pléyades eran las Vergilias (Vergiliae) y popularmente las Siete Hermanas.

● Los campesinos medievales solían asimilarla a una Gallina clueca con sus polluelos, su nombre popular en casi toda Europa. Esta ave de corral celeste ha sido asimilada con la gallina de los huevos de oro o con pollitos de oro en los cuentos de hadas y tesoros, pero estas leyendas están casi siempre relacionadas con la Noche de San Juan y en algún caso con Nochebuena, fechas solsticiales. Además la gallina llegó tarde a Europa y, o sustituyó a otra ave (quizá la paloma), o acaso, la leyenda se incorporó con la difusión de una astronomía ya avanzada.
Los árabes la vieron tanto como «Gallina y sus pollitos» y «Racimo de uvas», aunque también para ellos era al-Najm, la «Estrella» o asterismo, por excelencia, o Al-Thurayya, «Rabo de Carnero», pues se la incluía en Aries. El astrónomo Ibn Qutayba informa que los nómadas beduinos también dividían el año en dos partes según la aparición matutina de Las Pléyades: del ocaso en noviembre, cuando se esperaba que lloviera y reverdecieran los pastizales, hasta el orto de mayo, en que soplaban los vientos cálidos que secaban la vegetación.
En Irlanda los pastores llamaban a Las Pléyades an Tréidín, «Pequeño rebaño», y les servía de reloj para calcular la hora de la noche. En España, además de «Gallina», se usó el término de Las Cabrillas (trasladado desde Auriga, pues éstas también indicaban lluvias) y El Siete (en lugar de «las» siete) o Setestrelo («Siete estrellas»). En Siberia era el «Nido de Ánade».

● En las cosmogonías hindúes, Las Pléyades o Seis Kryttikas eran las esposas de los Siete Sabios o Rishis (estrellas de la Osa Mayor) y a su vez nodrizas de Kartikeya, jefe del Ejército Celeste, pues Las Pléyades inician la primera mansión del zodíaco lunar, mientras el mes de Kartik coincidía aproximadamente con Noviembre. Es curioso que en la cultura pre-aria del Valle del Indo ya existía la dualidad entre 6 y 7, pues en Mohenjo-Daro se adoraban siete diosas, y en Harappa sólo seis. La relación de Las Pléyades con los sabios, posiblemente antiguos astrólogos adivinos, aparece también en China.
Entre los nativos de América Norte representaban a distintos héroes, que en muchos casos eran niños. En América Central y del Sur sus ciclos se incorporaron a los elaborados calendarios de la zona, y sus ortos y ocasos marcaron la orientación de templos y edificios urbanos. Los incas consideraban a Las Pléyades como la matriz del cielo.
Entre los aborígenes de Australia o para los maoríes de Nueva Zelanda eran las bailarinas que provocaban la lluvia. En las islas Tonga del Pacífico las dos estaciones del año estaban marcadas por Pléyades Arriba (orto vespertino) y Pléyades Abajo (ocaso vespertino, comienzo de su invisibilidad), allí el asterismo se llama Matarii, «Ojitos», y se contaban entre las estrellas favoritas para guiarse durante las navegaciones nocturnas. En la isla de Pascua se llamaban de modo semejante Matariki cuyo orto matutino marcaba el principio del año y su orto vespertino abría la temporada de pesca.

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