14 Julio: Demonios Meridianos (I)

DEMONIO DEL MEDIODÍA

Mediodía estricto y amplio

Demonio meridiano

● El mediodía astronómico es solo el instante de cruce del sol por el meridiano celeste local, donde está en culminación, o sea, en ese día alcanza su mayor altura en el cielo y da la sombra más corta de un gnomon. Como momento cumbre el sol está en todo su esplendor, y también significa que a partir de ahora comienza su descenso hacia el horizonte occidental.

En este intervalo crucial pueden aparecer los seres espirituales, pues las oscuridades de la mente no son sólo nocturnas y pueden ocurrir en cualquier momento del día, sobre todo en los momentos de tránsito en ambos crepúsculos (amanecer y atardecer) y al mediodía, en sus dos sentidos astronómico y climático. Pues en el sentir popular hay dos «mediodías»: el verdadero o astronómico, a las 12 horas local, en sentido estricto; y otro más variable y climático, en sentido amplio, que viene a coincidir, en horario local, más bien con la media tarde, en torno a las 3 de la tarde o 15 horas, en relación con el hecho de que durante el día, en promedio, a esa hora es cuando más calor hace y cuando el viento suele ser el más intenso del día. Este mediodía climático, por lo general, en invierno ocurre una hora antes, y en verano una hora después. En los países mediterráneos el mediodía se refiere más bien, sobre todo en verano, a estas horas de la primera mitad de la tarde de mayor calor, periodo llamado el «hueco del día» en las regiones más calurosas de España.

● Hay que tener en cuenta la relación simbólica entre los tres grandes ciclos del tiempo: día, año y mes lunar; y las direcciones espaciales.

DíaMedianocheAmanecerMediodíaAtardecer
AñoHiberdia
Solsticio Invierno
Vernadia
Equinoccio Primavera
Estivadia
Solsticio Verano
Automdia
Equinoccio Otoño
Mes lunarLuna oculta o nuevaMedia Luna crecienteLuna llenaMedia Luna menguante
Punto cardinalNorteEsteSurOeste

Aquí nos interesa en especial la relación día-año, en concreto el hecho de que en ambos ciclos, ocurre que el mayor calor no se da en los picos de mediodía o del solsticio estival, sino que está desplazado en alrededor de 1/8 de estos dos puntos de paso, es decir, a grosso modo, el mayor calor suele ser unas tres horas después del mediodía, y en el año el mayor calor sobreviene entre un mes o mes medio, unos 30-50 días después del solsticio, entre 20 julio-10 agosto. En la tradición popular se equiparó la idea de hora del día y fecha del año de máximo calor, pero para penetrar en su simbolismo hay que entender que no se limita a esos momentos puntuales, pues también quedan incluida la primera media tarde y la primera mitad del verano. Las dos claves simbólicas son por tanto: momento liminal y mucho calor.

● En algunas ocasiones el mediodía alude al tercio medio, intercalado entre la mañana y la tarde, de la mitad luminosa del dianox. En este caso de división tripartita, incluiría de 10 de la mañana a las 2 de la tarde, de 10 a 14 horas, siempre en sentido de horario local y solo como aproximación de un concepto vago en los tiempos antiguos.

Peligros del mediodía

Acedia, desidia y pereza

● Aunque la presencia al mediodía de fantasmas, espectros, diablos, animales mágicos, almas de muertos y demás seres espirituales es conocida en casi todo el mundo, en la Europa cristiana adquirió auge debido a un error de traducción de una expresión del salmo 91, versículo 6, de «Libro de los Salmos» bíblico, que fue vertida como «demonio del mediodía». En ambientes monacales se interpretó que la acción de este demonio provocaba «acedia», una mezcla de sentimientos y afecciones que incluyen: abulia, hastío, tedio, desidia, aburrimiento, melancolía, tristeza, depresión, y otros, que se conjuntaron en el pecado capital o vicio monstruoso de la pereza. Para Evagrio Póntico, introductor del monacato místico en el Occidente cristiano: «El demonio de la acedia, o del mediodía, es el más pesado y duro de sobrellevar de todos». En el Medievo el demonio meridiano se representaba por una figura humana cabalgando sobre un monstruo alado y empuñando un arma. Según Santo Tomás de Aquino: «cae sobre el monje en la hora sexta, o del mediodía, cuando el sol aprieta con más fuerza, cuando al monje le resulta difícil seguir rezando. Por eso, los que ayunan hasta el mediodía, cuando comienzan a sentirse faltos de alimentos y afectados por el calor del sol, son atacados más vivamente por la acedia». Todos los santos y meditantes pasan por momentos de terrible depresión y hastío. Actualmente la expresión «demonio del mediodía» también se aplica a la época de depresión que suele ocurrir en la mitad de la vida, entre los 40 y 50 años, cuando se empieza a vislumbrar la vejez, o cuando estamos en el cénit de un estado emocional, profesional, o de otro tipo, y se ha cumplido una meta.

También las actitudes mentales y emocionales se alteran y ya sea por las altas temperaturas, o incluso por insolación o golpe de calor, pueden aparecer delirios y alucinaciones, interpretados como muestra evidente de que las personas que los padecen han sido influidas por esos seres del Más Allá. O simplemente aparecían durante la siesta, más que en sueños estrictos, en fantasías hipnagógicas que ocurren en el estado de sopor o somnolencia, intermedio entre la vigilia y el comienzo del duermo.

● Otro efecto del mediodía que contribuía a empañar la mente se debía a la cortedad de la sombra, pues la disminución de su longitud se asociaba con menor fuerza del alma. De hecho se puede reconocer a un fantasma del Otro Mundo porque no tiene sombra y no parpadean, cosa que no les ocurre a las almas de los vivos cuando en trance o sueños penetran en los mundos sutiles, con sombra incluida. Así que mucha gente temía esta hora con la sombra disminuida, con peligro de perder el control de su alma y caer en la locura demente.

En ocasiones de especial relevancia, como puede ser la muerte de un ser divino o héroe a mediodía, puede ocurrir un gran temblor o terremoto, significando que la tierra y la natura se conmueven con tan trágica circunstancia, acompañado de un oscurecimiento atmosférico a modo de eclipse solar prolongado, para reflejar la tristeza del cielo. El ejemplo más conocido es el de la muerte de Cristo, crucificado a mediodía y muerto a media tarde.

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