13 Diciembre: Ojos para ver en las tinieblas (II)

OJOS DE LA NOCHE E HIBERNACIÓN

Santa Odilia

Santa Odilia

● La abadesa Santa Odilia u Otilia (720) es la patrona de Alsacia. Odilia nació ciega y fue ocultada en el monasterio de Balma, pues su padre Adalrico, gobernante franco de Alsacia, había ordenado su muerte. Al ser bautizada por San Everardo (St. Erhard, 686) (08 enero) desapareció la ceguera y comenzó a ver con claridad. Ya joven consiguió la reconciliación paterna, y accedió por herencia al monasterio del monte Hohemburg, que había fundado su padre, y lo organizó según las reglas del monacato mixto. Al pie de la misma montaña fundó el monasterio de Niedermünster, provisto de un pequeño hospital, y allí plantó tres tilos de forma mágica. Su cama consistía en una piel de oso y una piedra que le servía de almohada, persistencia de los antiguos lechos de incubación onírica. La santa mandó edificar una iglesia a San Juan, en el mismo lugar que le indicó el Bautista en un sueño. Se dice que al morir sin haber recibido los últimos sacramentos, resucitó gracias a las oraciones de sus monjas y tras hacerse llevar un cáliz se dio a sí misma la comunión, para expirar después definitivamente.

● Su icono la muestra sosteniendo un libro con dos ojos dibujados y un tercero en el cáliz o en la otra mano, a veces en los pies. Por su función como anunciadora de la luz, como atributo, la acompaña un gallo. El culto se desarrolló a partir del siglo X, así como la peregrinación a su sepulcro.
El monte de Odilia era un centro religioso desde el Neolítico, evidenciado en el «muro pagano», que rodea la cima plana del monte y lo convierte en recinto sagrado ancestral. Algunas ejercicios practicados por Odilia y sus monjas, como yacer en una «piedra de visión», para obtener iluminaciones y contactar con la mente profunda, son de origen muy antiguo. Es lugar de peregrinaje, en especial de los afectados de trastornos oculares. El nombre es la forma femenina de Odón u Otón y del dios germánico Odín, cuya etimología muy controvertida, algunos la relacionan con «brillo».
Santa Odilia se encargó de educar a su sobrina Santa Gundelina (750) (28 marzo) y le encomendó el gobierno de Niedermunster, donde también profesó su hermana Santa Rosvinda (16 septiembre). Otro sobrino fue el obispo San Remigio de Estrasburgo (783) (20 marzo), fundador del monasterio de Eschau (Alsacia).
Del monasterio de Sª Odilia surgió el célebre manuscrito «Huerto de las delicias» con textos compilados por la abadesa Herrada de Landsberg (1196) e ilustrado con miniaturas, una especie de enciclopedia pedagógica para ilustrar a las monjas jóvenes.

● Otra santa encargada de la vista es Santa Fara de Borgoña (o Burgundófara de Faremoutiers, 595-655) (07 diciembre), otra abadesa benedictina aristócrata con dos hermanos santos: San Faro de Meaux (28 octubre) y San Cagnoaldo de Laon (06 septiembre), todos discípulos de San Columbano de Luxeuil (<23 noviembre). Se la representa con báculo y con varias espigas y como patrona de la vista está especializada en cuidar de los glaucomas.

Osos en la fundación de monasterios

Varias abadías de la alta Edad Media evocan la presencia del oso en sus leyendas de fundación:
● San Gisleno (681) (09 octubre) instauró la abadía de Ursidonge («Madriguera del oso») que toma su nombre del oso que le señaló el lugar. El monasterio dio lugar a la ciudad de Saint-Ghislain, cerca de Mons, en el Hainaut (Bélgica). Gisleno vivió como ermitaño, hasta que decidió fundar el monasterio gracias al patrocinio del obispo San Alberto de Cambrai (650) (15 enero). Lo gobernó con prudencia y su virtud atrajo a numerosos discípulos. El abad ejerció gran influencia sobre Santa Waldetrudis y su familia de santos (<30 abril) y ayudó a Santa Aldegunda (689) (30 enero) a fundar el convento de Maubeuge, con ésta le unió una especial amistad y a menudo se reunían para conversar sobre temas de espiritualidad. Es patrón de las embarazadas, pues prestó su cinturón para ayudar a parir a una mujer, y protector contra la epilepsia.

San Gisleno y el cubil del oso

● La emperatriz Santa Ricarda de Andlau (840-896) (18 septiembre), perteneciente a la alta nobleza alsaciana, estaba emparentada con el linaje de Santa Odilia. La casaron con el emperador Carlos el Gordo y ambos fueron coronados en Roma (881). Más tarde fue acusada de adulterio, por su estrecha relación con el obispo Luitgardo, pero demostró su inocencia en una ordalía de pirobacia, pues tras caminar sobre un lecho de brasas salió indemne y victoriosa. Se retiró del mundo en el convento de Hohemburg y en una visión onírica, Santa Odilia la instó a fundar un monasterio en el lugar donde viera un prodigio. Y mandó construir la abadía de Andlau (Alsacia) en el lugar donde una osa con sus crías parecía trazar en el suelo con sus garras las lindes de un recinto. En otras versiones, Sª Ricarda encuentra una osa que gime de dolor y rasca el suelo tratando de enterrar a su osezno muerto. Compadecida, la santa reza por la vida del osezno y obtiene su resurrección.

Diosa Artio

DEAE ARTIONI LICINIA SABINILLA

En la cripta de la iglesia de la abadía de Andlau existe una gran osa de piedra de época románica. Se sabe que durante el Medievo allí albergaban a una osa viva alimentada con panes. Bajo los cimientos, los arqueólogos han encontrado restos de un santuario celta, que posiblemente estuviera consagrado a Artio, Diosa Osa, de cuyo culto se han rescatado restos en la zona alpina, cuyo ejemplo más conocido es la estatua de bronce encontrada en Berna, ciudad cuyo nombre y escudo recuerdan su relación con la diosa Osa. En el norte, la Osa era Arduina, que dio su nombre a las Árdenas. La raíz es la misma del griego arktos.
A fines de otoño, la retirada de osos a cuevas en lugares abruptos para iniciar la hibernación llamó mucho la atención a los hombres prehistóricos que asociaron este hábito con los rituales periódicos para conectar con los dioses o seres espirituales a través de sueños, trances o estados de profunda absorción mental que dieran lugar a algún tipo de intuición, revelación o inspiración que fuera útil para el clan o la tribu. Las osas suelen hibernar estando preñadas y salen a fines de invierno con sus oseznos, a los que mantienen durante dos años, y por tanto no procrean de nuevo hasta los tres o cuatro años, este aspecto de fecundidad materna se ha mantenido en los humanos en los ositos de peluche de los niños. Se decía que las osas lamían a sus retoños hasta darles forma. En su aspecto masculino era el animal más noble con dignidad regia y jefe de los guerreros por su fortaleza.
La figura del oso/osa fue tomada como arquetipo del maestro/a de iniciación chamánica a los misterios del extramundo, ya sea los descensos al inferior o los vuelos al superior. El invierno climático con sus fríos y poca luz era la época de las pruebas introspectivas y solitarias, con sus reclusiones a ambos extremos de la mente: las oscuras profundidades del alma inconsciente y las exaltaciones de los luminosos éxtasis visionarios.
En ambientes árticos de Europa, Siberia y entre los ainus del norte de Japón se conservaban fiestas de la muerte ceremonial del oso. Tras su crianza, rodeado de muestras de respeto y veneración era sacrificado para ejercer las funciones de mensajero ante el Supremo Espíritu del Bosque. La relación del oso, las montañas y el frío invernal ha hecho pensar que las leyendas del Maestro Oso o las populares de Juan el Oso tengan también relación con la constelación Osa Mayor (<11 diciembre). El viaje chamánico, una de cuyas etapas es el ascenso al Centro del Cielo, se realiza en algunas tradiciones de aborígenes norteamericanos en recuerdo del vuelo del primer chamán Oso al Polo. Los curanderos inuit o esquimales consideran que la capacidad de visión espiritual se adquiere por el poder de la Madre Osa.

San Judoco

Hoy se también se celebra a San Judoco (St. Josse, 669), uno de cuyos milagros más sonados fue devolver los órganos de la visión a una niña, nacida sin ojos. Era un príncipe bretón, hermano de San Judicael. Después de realizar sus estudios juveniles partió en peregrinación por el norte de Francia, hasta que un duque lo mantuvo a su lado como secretario, y, tras ser ordenado sacerdote, como capellán. Más tarde se retiró a distintas ermitas del interior de Normandía. Tras ser mordido por una serpiente, que él interpretó como un ataque diabólico, se desplazó a una colina cerca del mar, donde después se establecería la abadía de St. Josse-sur-Mer, alcanzando gran fama de taumaturgo.
Se le representa con una mano divina sobre su cabeza, en recuerdo de una aparecida mientras decía misa. Después de morir, durante muchos años, los discípulos encargados de su sepulcro, todos los sábados le afeitaban la cara, le arreglaban el pelo y le cortaban las uñas, que seguían creciendo al mismo ritmo que si estuviera vivo. Alrededor de su sepulcro, a excepción de la cera, no se consigue hacer arder sustancia alguna.
Su hermano San Judicael (590-658) (16 diciembre) tuvo una vida parecida, después de ser rey, también se hizo monje. Vivió en el monasterio bretón de San Juan de Gael, entregado a las más rigurosas prácticas ascéticas.

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