04 Enero: Reglas del Calendario (I)

CALENDARIO

Calendario colociano

● El calendario, en su significado más habitual y particular, es un sistema que organiza los días del año. En modo más general, el calendario es cualquier sistema que organiza largos intervalos de tiempo en períodos o ciclos menores, utilizando como unidad el día. En sentido más astronómico e histórico, es un compedio de medidas cronológicas para situar en una escala temporal los acontecimientos pasados y los pronósticos futuros.
En la actualidad hay unos cuarenta calendarios en uso y aún son más los que han dejado de ser usados. La mayoría de ellos intentan dividir el año trópico (ciclo de estaciones solares) o el mes sinódico (lunación, ciclo de fases lunares) en un número entero de días.

Calendario proviene del término latino calendarium, del verbo calare, «proclamar, anunciar», derivado del indoeuropeo kel, «llamar», pues al principio de la historia romana, los pontífices eran los encargados de las observaciones celestes y mantenían en secreto sus conocimientos y registros astronómicos, aunque debían publicar los comienzos de los meses lunares, mandando a sus servidores, los calatores, a anunciar y proclamar oficialmente las calendas, lo cual tenía un sentido religioso para establecer a lo largo de cada mes la celebración de las ceremonias civiles y devotas. El pontífice menor convocaba al pueblo en la Curia Calabra, anunciando los días que faltaban para el cuarto creciente o nonas, si 5 ó 7 (prejuicio romano por los impares). La fórmula pronunciada era: Quinque (o septem) dies te calo, Iuno novella, «Para cinco (o siete) días te proclamo, nueva Juno», pues a esta diosa lunar le estaban consagrados los comienzos del mes y los nacimientos legítimos, sancionados por el matrimonio.
Pero con el desarrollo de la Urbe, la complicación de la sociedad romana y el correspondiente aumento de burocracia, ya en época republicana, «calendario» llegó a significar simplemente «libro de cuentas, inventario», pues a primero de mes vencían los préstamos y se liquidaban los intereses. Para el sentido más especializado de calendario, en cuanto medida o registro del tiempo, los romanos utilizaban la palabra fasti, «fastos». Desde el siglo I d. C. se pusieron de moda los calendarios («Fastos» de Ovidio, Menologios rústicos) y se hacen frecuentes los símbolos astrológicos en las tumbas.

Reglas de ajuste del calendario

Inconmensurabilidad astronómica: «No posibilidad de una medida común para establecer las leyes de los astros de una manera exacta», he aquí el problema fundamental para establecer calendarios. Los aparentes ciclos solares, lunares, planetarios o estelares no hay manera de encajarlos con precisión. Como vino a decir el rey Alfonso X el Sabio: «Si yo hubiera sido Dios, lo hubiera hecho más sencillo», pues el mundo le parecía muy complicado. En cuestión de medidas temporales, todas son aproximadas, además los ciclos no son siempre regulares y constantes, y muchos datos son estimaciones de promedios estadísticos.
En la práctica, cada calendario se define como un conjunto de reglas convencionales, para tratar de conseguir un sistema de cuenta y distribución de los días del año, que a medio plazo, no se desvíe en exceso del tipo de ajuste utilizado. La idea de corrección y ajuste del calendario es muy importante, pues ha sido uno de los pilares fundamentales del desarrollo de la astronomía, ya que para establecer las reglas de cómputo hace falta mucha observación. Ya para nuestros ancestros del Paleolítico europeo debió ser muy importante la cuenta de lunaciones a partir de algunos hechos fenológicos (bio-climáticos) estacionales, por ejemplo, la llegada primaveral y la partida otoñal de las aves migratorias.

● La tendencia a ajustar el calendario, para hacerlo corresponder con los «designios celestes» o «divinos», impulsó la necesidad de hacer observaciones cada vez más sistemáticas. Además, a partir del Neolítico era necesario un calendario más perfeccionado, para que los sedentarios agricultores previeran mejor las fechas de siembra y recolección de los cultivos, y para los nómadas ganaderos, las épocas de trashumancia, aunque ambas labores pueden realizar sus cometidos con eficacia fijándose solamente en el transcurrir de los períodos vitales y climáticos, para adaptarse a ellos. De hecho, hasta hace poco en algunas etnias de Nueva Guinea han subsistido con una economía basada en el cultivo de la batata, sin necesidad de seguir un calendario, debido a que su clima presenta unos cambios estacionales poco perceptibles. En la cercana Australia, donde las variaciones de las estaciones son más pronunciadas, los aborigenes cazadores y recolectores sí presentan calendarios lunares para prever los periodos de lluvias y sequías. Estos calendarios lunares necesitaban algún tipo de cuenta y se fueron perfeccionando a partir del Neolítico, al tiempo que también los estelares y solares ganaban mayor protagonismo.
Hoy se cree que, con el desarrollo urbano, fueron los mercaderes los más interesados en desarrollar un buen calendario para ayudarse a orientarse mejor en los grandes viajes, tanto marinos como terrestres, para atravesar desiertos o estepas, así como fijar fechas de mercado, plazos de entrega o intercambio. Además el desarrollo de ciudades implica la multiplicación de reuniones, citas y asambleas para lo cual se requiere un convenio de tiempos que solo puede ofrecer un calendario establecido para fijar fechas compartidas por todos los asistentes.

Otro gran influjo fue el aumento de la jerarquización social que daba a las clases dominantes la posibilidad de controlar los tiempos mediante el calendario. Al igual que los pontífices romanos, los gobernantes griegos de cada ciudad eran los encargados de decidir cuando se promulgaban las correcciones anuales de sus calendarios y la celebración de días festivos. Por lo general los reyes o emperadores decidían según sus conveniencias, a partir de los datos ofrecidos por los sacerdotes o encargados de las observaciones, que solían mantener en secreto. Recuérdese el dicho: «Quien tiene el poder, maneja los tiempos».

● Existen dos peligros en la instauración de un sistema calendárico. Como la finalidad del calendario es, en última instancia, más bien social, no se debe complicarlo con demasiadas reglas para intentar hacerlo muy preciso. Y al contrario, si se hace demasiado simple y rígido acaba desligándose del objetivo práctico de marcar el año y queda como una referencia puramente alegórica o religiosa, como ocurre en el calendario islámico.
Dada la dificultad de expresar con precisión suficiente la duración y distribución del año, casi siempre han existido discordancias entre el año real y el oficial. Dada la querencia de la mente humana por sus propias convenciones y el horror al cambio, a menudo ha persistido un calendario, aunque se haya alterado notablemente su relación con los períodos que pretendía estimar.

● Se llama proléptico a un calendario que se usa con efecto retrospectivo a fechas anteriores a su instauración, para favorecer la concordancia o datación de hechos antiguos. Los más usados para estos fines han sido los calendarios juliano y gregoriano, por ser los de más amplio uso en la actualidad.

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