31 Julio: Año Solar

AÑO SOLAR

La palabra año procede de la latina annus, en relación con el verbo annuo, «anunciar, hacer señas», concepto semejante al de calenda o comienzo del mes (<04 enero), en el sentido de que los ciclos deben ser consensuados para tener un inicio de cuenta, aunque de este cometido se encarga el experto de turno que lo anuncia o proclama a los demás. La palabra se benefició de la homofonía con anus, «círculo, anillo». Sol en griego es helios, de ahí helíaco = solar.

Órbita de la Tierra

Científicamente el año solar o año trópico es el tiempo que tarda la Tierra en completar una órbita alrededor del sol. Esta órbita es elíptica, aunque muy poco acentuada, casi cerca de ser circular, y con el sol ligeramente descentrado.

Las estaciones son debidas a la inclinación del eje de rotación terrestre sobre el plano de la órbita. El eje terrestre no es perpendicular al plano orbital, pues se inclina actualmente unos 23º 26′ (23,5º). Esto hace que en su recorrido orbital la Tierra varía la duración de días y noches, hecho más evidente cuanto más lejos del ecuador.

El sol se nos presenta como un disco amarillo de 32′ 03″ de diámetro angular medio (31′ 31″ diámetro en afelio; 32′ 35″ diámetro en perihelio).

Aquí nos interesa la observación de los movimientos aparentes de Sol tal como se observaban en la Prehistoria. El estudio del calendario solar o trópico estaba fundado en tres métodos principales:

1) Observación de los horizontes desde un lugar fijo. Así se determinaban los ortos y ocasos de sol, luna y estrellas.

2) El más tardío estudio de las sombras mediante el gnomon simple o los relojes de sol. Aunque ya antes se observaron los cambios de iluminación de los rayos del sol en diferentes épocas del año.

3) El estudio completo de la observación de Sol con respecto al fondo estelar es más tardío. Sin embargo desde el Paleolítico, la presencia de estrellas, al amanecer o al atardecer, se usó de manera empírica para marcar diferentes etapas del año, pero esto corresponde al año estelar.

DURACIÓN E INICIO DE LAS CUATRO ESTACIONES ASTRONÓMICAS

Indeterminación de las estaciones naturales

En el habla popular la duración de las estaciones es un concepto vago, más ligado al variable calendario fenológico bio-climático que al solar. Cada pueblo ha marcado de distinta manera el comienzo de «sus» estaciones naturales, según su clima. En los países de clima mediterráneo el año a menudo se divide en sólo dos estaciones: invierno y verano en sentido amplio, con caracteres bien definidos de épocas de frío y calor.

Más tarde se añadió la primavera, que como indica su nombre era lo «primero del verano», quedando el año dividido en tres estaciones: de frío y lluvias: octubre-febrero; primavera: marzo-mayo; verano: junio-septiembre. Luego, en los países donde predominó la agricultura, en especial si se cultivaban viñas, surgió el otoño, pues tras la vendimia se comenzaba a preparar la sementera de cereales. En cualquier caso primavera y otoño eran estaciones intermedia mal delimitadas, que sólo se regularizarían a partir de las observaciones astronómicas sistemáticas, despojándose de sus orígenes climáticos.

En Europa la dualidad invierno-verano es tan universal como la de noche-día. Según una leyenda antigua el dios del año duerme en invierno y despierta al comenzar el verano. La gente lo celebra al comienzo de la estación fría con nanas para dormirlo y en primavera con cantos o ruidos para despertarlo. Otros piensan que el dios está atado y encerrado en invierno, pero en primavera se libera y se pone en movimiento.

Algunos antropólogos plantean la hipótesis de que los rituales de primavera y verano tienen un sentido propiciatorio ejercido a través de la imitación de la naturaleza, que confirmaría el orden natural de este «buen tiempo». Por contra los ritos invernales adquieren un matiz grotesco y deformado, funcionando con una lógica subversiva o de inversión, para hacer más digerible la aceptación de este «mal tiempo».

Entre las tribus siberianas el festival de verano, celebrado por chamanes blancos con un cometido ceremonial y sobrio, tenía su contrapunto en el festival de otoño, justo antes de la llegada del famélico y frío invierno, llevado a cabo por los chamanes negros, que ofrecían sangre a los espíritus y luego entraban en trance para intentar comunicarse con ellos y prever el futuro inmediato.

Los primeros arios sólo distinguían dos estaciones: verano (sama) e invierno (hima), pues para los antiguos pueblos ganaderos, las estaciones intermedias sólo eran períodos de paso o trashumancia en el cambio del régimen entre los pastos de invierno y verano.

Duración de las estaciones anuales astronómicas

La observación del recorrido y estancias del sol en sus andanzas sobre el horizonte a lo largo del año, avanzando y retrocediendo entre ambos puntos solsticiales, divide el año en dos grandes períodos, el vaivén entre los dos solsticios. Aunque pronto se buscó un punto medio (equinoccio mediano <19 junio) que subdividía en dos a ambos semi-períodos anuales.

Pero la tendencia mandálica a dividir el año solar en cuatro estaciones proviene en última instancia de la división cuaternaria del círculo celeste, y por tanto depende del seguimiento del recorrido del sol respecto al fondo sideral o celeste. Ya los griegos, con sus detalladas observaciones del transcurso del sol sobre el fondo estelar, basadas en sus conocimientos geométricos, se dieron cuenta de lo que llamaron «anomalía zodiacal del sol», pues tardaba algunos días más en ir del punto equinoccial de primavera al de otoño, que a la inversa de Automdia a Vernadia. Lo cual no concordaba con la idea canónica de regularidad del movimiento circular, además con una observación muy cuidadosa se podía notar que el sol no mantenía el mismo diámetro aparente, lo cual suponía que variaba su distancia respecto a la Tierra. Ptolomeo ya intentó una hipótesis en su «Almagesto» para corregir estas anomalías, allí expone, siguiendo a Hiparco, la siguiente duración en días de las estaciones: Primavera (94 1/2); Verano (92 1/2); Otoño (88 1/8); Invierno (90 1/8). Aunque para explicarlas hubo que esperar a las teorías modernas, que hacen intervenir varios fenómenos astronómicos, la causa principal reside en el descubrimiento de Kepler de que la órbita de la Tierra (y los planetas) es elíptica y con el sol ligeramente descentrado.

El año no se divide en cuatro partes iguales, porque el sol aparente no tarda el mismo tiempo en recorrer cada uno de los cuatro tramos. Al ser elíptica la órbita que recorre la Tierra alrededor del Sol, de acuerdo a la segunda ley de Kepler (en su recorrido elíptico un planeta barre áreas iguales en tiempos iguales), su velocidad angular no es uniforme: va más rápida cuando se halla más cerca del Sol (perihelio, comienzos de enero), y más lenta cuando está más alejada (afelio, comienzos de julio). Lo cual implica que tarda un poco menos en recorrer los dos tramos más cercanos al perihelio: por tanto la mitad otoño-invierno es un poco más corta; y tarda un poco más en trasladarse por los otros dos tramos más cercanos al afelio: la mitad primavera-verano es más larga. La excentricidad de la órbita elíptica de la Tierra es muy pequeña y por tanto el sol al ocupar uno de los focos queda descentrado de manera poco notable, por eso no son muy marcadas las asimetrías estacionales. Como las posiciones de perihelios y afelios van cambiando estas duraciones no se mantienen, si no que cambian con los siglos. Dentro de unos 55.000 años, la duración de las estaciones estará invertida respecto a la actual (<27 agosto, Rotación de la línea de ápsides).

Las estaciones son de duración desigual, actualmente son, de más a menos: verano-primavera-otoño-invierno. El periodo semianual primavera-verano (186 días 10 horas) es 7 días y 14 horas más largo que el otoño-invierno (178 días 20 horas.). La diferencia en el tiempo que tarda en recorrer los dos semiperiodos intersolsticiales es de 1 día y 18 horas: invierno-primavera: 181 días 18 horas; verano-otoño: 183 días 12 horas.

Para comparar, hace 3000 años (~1000 a.C.) las duraciones eran: Invierno, 90; Primavera, 95; Verano, 91; Otoño, 89.

El día en que se inicia una estación puede encontrarse, a lo sumo, en cuatro fechas distintas. Lo habitual es que sólo varíe un día, antes o después, sobre las fechas propuestas a continuación. Como la fecha habitual para marcar la primavera es el 21 marzo, redondeamos el invierno a 90 días y reducimos la primavera a 92. En realidad el inicio primaveral ocurre con más frecuencia el 20 marzo, debido a que el invierno dura sólo 89 días.

Para simplificar hemos llamado con un nombre propio a los días en los cuales ocurren los solsticios y los equinoccios. La duración de las estaciones es bastante constante de un año a otro, para un año trópico de 365,24219 días (365 días, 5 horas, 48 minutos, 48 segundos), obtenemos:


INVIERNO: 89 días (88,99 = 89 días menos 14,4 minutos)
Invierno, procede de hibernum. Hiemal, del latín hiems, «invierno».
HIBERDIA o día del solsticio de invierno: Suele comenzar el 21 diciembre o en las primeras horas del 22 diciembre.

PRIMAVERA: 93 días (92,75 = 92 días 18 horas).
Primavera, es propiamente «primeros de verano», por marzo, pues para los romanos el veranum (derivado de ver, veris) era la primavera, y en España también, hasta el siglo XVIII en el lenguaje culto, y hasta los tiempos modernos en el habla popular.
VERNADIA o día del equinoccio de primavera: Suele coincidir con el 20 marzo, aunque seguimos la fecha oficial gregoriana del 21 marzo.
VERANO o ESTÍO: 93 días (93,65 = 93 días 16 horas).
Nuestro actual Verano era el Estío, de estivum, derivado de aestas.
ESTIVADIA o día del solsticio de verano: Se inicia hacia el 21 junio o en la segunda mitad del 20 junio.
OTOÑO: 90 días (89,84 = 89 días 20 horas).
Otoño, del latín autumnus, compuesto de auctus y annus, la primera de augeo, «auge», a su vez del griego auxo, «aumentar», procedentes de la raíz indo-europea au, «completar, saciar». En conjunto: «plenitud del año», por la abundancia de frutos.
AUTOMDIA o día del equinoccio de otoño: Cae más veces en 22 septiembre, aunque repartido con las primeras horas del 23 septiembre.

Correspondencia simbólica día-año

Tradicionalmente se ha sugerido una correspondencia entre la división diaria y la anual. Suele haber cierta coincidencia en la consideración de comienzo del día y el comienzo del año. Mucho más variables son las adjudicaciones emblemáticas de puntos cardinales, colores y antiguos elementos a cada parte del año. Una de entre las muchas posibles correspondencias podría ser:

Medianoche Hiberdia
(día solsticio invierno)
Norte
2ª mitad noche InviernoAzul (oscuro) – Tierra
Amanecer Vernadia
(día equinoccio primavera)
Este
Mañana PrimaveraVerde – Agua
Mediodía Estivadia
(día solsticio verano)
Sur
Tarde VeranoAmarillo – Fuego
Ocaso Automdia
(día equinoccio otoño)
Oeste
1ª mitad noche OtoñoRojo

Inicio de las estaciones

Hay que tener en cuenta que en la consideración de las cuatro estaciones, no siempre se han distribuido los días claves del año en el inicio de estación, pues se ha atendido más bien a los aspectos del año climático. Plinio el Viejo distribuye solsticios y equinoccios en mitad de estación y no al principio. En algunos idiomas Estivadia es la mitad del verano (Midsummer, día de San Juan inglés) e Hiberdia, la mitad del invierno (Midwinter). Posiblemente debido a la denominación del par invierno / verano aplicado a las dos mitades del ciclo solar respecto al punto medio equinoccial en la observación de las Puertas del Sol.

En el «Libro de Buen Amor», el Arcipreste de Hita presenta esta división del año: invierno: noviembre, diciembre y enero; verano: febrero, marzo y abril; estío: mayo, junio y julio; otoño: agosto, septiembre y octubre. Es una división muy parecida a la del calendario celta (<01 noviembre). Gonzalo Correas indica que en el siglo XVII el año se dividía vulgarmente en su consideración climática: invierno y verano.

En general los astrónomos griegos colocaron los cuatro puntos claves del año en el comienzo de sus respectivos signos zodiacales. Otros siguieron la tradición caldea de situarlos en el grado 8º de los signos. Aunque poco probable, se cree que esta costumbre babilonia pudo ser el origen del actual desfase entre el comienzo de las estaciones y los signos zodiacales respecto al inicio de los meses.

El actual sistema, con comienzo de los signos en los alrededores de los días 21-22 de los meses, se mantiene desde que el concilio de Nicea (325) lo fijara en esas fechas, tras el retraso producido sobre los días oficiales romanos, los 25 ó 24 de mes, debido a la no supresión de algunos bisiestos desde la implantación del calendario juliano. La reforma gregoriana mantuvo estas fechas, actualmente vigentes.

Los días 25 romanos (recordemos Navidad, Anunciación o San Juan) fueron implantados por Sosígenes, el astrónomo egipcio que realizó la reforma de Julio César, al poner la entrada de las estaciones a 25 de mes. Parece ser que el zodíaco no empezaba en el punto 0º de Aries, sino en el 355º, y este desfase se extendió a todos los meses.

Según Julio Samsó, San Isidoro de Sevilla transmite varias estructuras de las estaciones del año solar. 1) El primer esquema es el clásico romano, con comienzo de las estaciones en las fechas tradicionales romanas de los días VIII ante-Kalendas de: Enero (25 diciembre), Abril (25 marzo), Julio (24 junio) y Octubre (24 septiembre). 2) En el segundo modelo los inicios estacionales se establecen en los días antes de: VII Kalenda Diciembre, VIII Kalenda Marzo, IX Kalenda Junio y X Kalenda Septiembre, es decir con un mes de adelanto respecto al esquema clásico romano. Esta distribución tiene antecedentes en las «Faseis» de Ptolomeo, que las refiere a los egipcios, y en Hiparco; luego retomada en una obra hispana: el pseudo-atanasiano «Tractatus de ratione Paschae» hace coincidir el comienzo de la primavera con 09 Febrero, trece dias antes de la fecha isidoriana.

Deja un comentario