17 Enero: Día de San Antón (I)

SAN ANTÓN, FRÍO Y FUEGO

Semana de los Santos Frioleros (o de la Capa)

San Antón con fuego (Iglesia de Acequias, Granada)

● «De los Santos Frioleros, san Sebastián es el primero; detente, varón, que primero es san Antón, detente bruto que el primero es san Canuto, detente, detente que el primero es san Vicente, aunque haciendo caso a las leyes, los primeros son los Reyes (Magos)». El refrán señala que hemos llegado al período más frío del año, hecho confirmado por las estadísticas meteorológicas. Suele haber un desfase de un mes en la evolución de las temperaturas con respecto a los solsticios, en tierras de interior, en la costa incluso un par de semanas después. En algunos lugares se llamaba la «Semana de los Monjes Barbudos», por San Pablo de Tebas y San Macario el Grande (<15 enero). También se han agrupado en tríos: los «Tres Caballeros del Frío»: San Antón, San Sebastián y San Vicente; los «Tres Mercaderes de Nieve»: San Antón, Santa Inés y San Vicente. «El día de san Vicente, el frío rompe los dientes», por el castañeteo de la tiritera.

El ciclo festivo agrario de San Antón y San Sebastián, hasta la Virgen de la Paz y Conversión de San Pablo (17-25 enero), se asocia con el recuerdo de las fiestas romanas de las Sementivas y Compitales (<19 enero) que tenían lugar en la segunda quincena de enero. Esta fecha es una encrucijada que une los ciclos de final de otoño con los de inicio de invierno, en el sentido de estaciones climáticas. Para la mentalidad popular: «De Navidad a san Antón, pascuas son», y «Desde san Antón, carnestolendas son».
Otros refranes recuerdan que es la época de celo de las perdices: «Por san Antón cada perdiz con su perdigón», y comienzo de la puesta de huevos de las gallinas: «Por san Antón, la buena gallina pon, y por la Candelaria la buena y la mala», en coincidencia con la muda de plumas. Comienzan los maúllos nocturnos del celo o «fuegos» de las gatas y la floración de los primeros almendros en zonas templadas.

● En al-Andalus, según el sistema de los naw (<11 marzo), se pronosticaba para hoy: «Cuando se levanta Capricornio llega el penoso invierno. Hoy se recrudece el frío y la lluvia y fluye la savia por los árboles. Si truena, el año será fértil y próspero». En la tradición popular, si mañana, día de Santa Prisca (18 enero), nieva o llueve, será un año de abundantes aguas.

Fuegos de San Antón

Lumbre de San Antón

La fiesta de hoy cristianiza antiguas celebraciones relacionadas con el encendido de hogueras invernales y la purificación y bendición del ganado doméstico, en especial el cerdo y las caballerías.
Los espíritus de la natura y fantasmas de ultratumba hacen acto de presencia en los disfraces de animal feroz, aunque en la tradición europea se asimilaron a los demonios de las tentaciones del santo abad. Estos enmascarados están en consonancia con los próximos de San Sebastián (<20 enero). Ya a principios de enero comenzaron a aparecer las máscaras. En España, las zonas donde más se celebra la fiesta de San Antón son las Baleares y el Levante ibérico, en tierras valencianas se conoce como la santantonà.
En muchos pueblos se encienden las Lumbres de San Antón, hogueras alrededor de los cuales se ejecutan muchos ritos, como los de circunvalación (tres o nueve vueltas), cabalgatas en las que los jinetes atraviesan o saltan sobre las ascuas, comidas y bailes propios, etc. Las hogueras continuarán ardiendo en estos últimos días de enero hasta la Candelaria: 20 (San Sebastián), 23 (San Ildefonso), 24 (Virgen de la Paz), y 25 (Conversión de San Pablo), casi siempre acompañadas de diablos: botarga de Mazuecos (Guadalajara), pelotero de Arquillos (Jaén), etc. El rescoldo de estas hogueras se solía recoger y llevarlo a casa para encender los braseros, quizá un viejo recuerdo de algún perdido rito de «fuego nuevo».
Por su poder sobre el fuego, en la mentalidad popular, San Antón se asimiló a un santo sanador, especialista en proteger contra el morbo conocido como «Fuego sacro» (Ignis sacer), que es la erisipela, dermatitis infecciosa que afecta sobre todo a niños y cursa con fiebres altas, por lo que también se la llamó «mal de los ardientes», sustituyendo a San Marcial, hasta entonces encargado de esta enfermedad. Aunque el diagnóstico es variable, pues el fuego sacro sería más bien un síndrome cuyo síntoma principal, la quemazón, también ocurría en diversos procesos patológicos como en la popular culebrina o herpes zóster, o en el ergotismo provocado por el consumo de harina de centeno contaminada por el hongo cornezuelo, que producía constricciones arteriales tan intensas que impedían el riego sanguíneo provocando gangrenas. En este patronazgo jugó un papel importante el carácter hospitalario de la Orden religiosa fundada con su nombre. Estos monjes retormaron la antigua costumbre de elaborar panecillos con formas humanas, los «panes de San Antón», como medicina mágica contra las enfermedades ardientes.
El nombre Antonio, portado por la familia romana Antonius, es de origen desconocido, probablemente etrusco, aunque se lo relacionó, por homofonía, con el griego anthos, «flor».

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