17 Enero: Día de San Antón (II)

SAN ANTONIO ABAD

San AnTón con Tau

● Históricamente San Antón es San Antonio Abad (251-356), el primer patriarca del monacato cristiano. Se estableció en el desierto de Egipto a partir del 271 y se le atribuye una longevidad de 104 años. Son famosas las tentaciones demoníacas de toda índole, que sufrió en la soledad ascética al comienzo de su retiro entre sepulcros y ruinas, cuando las intenciones mundanas y los deseos carnales se niegan a perder su hegemonía sobre la mente y desencadenan furibundos ataques de fantasías y alucinaciones. A pesar de la dureza de su ascesis, San Antonio sorprendía a la gente inspirando serenidad y alegría. Vencedor de las pasiones, propugnó que el objetivo del camino espiritual era llegar al estado natural de la mente, obtenido por el desarrollo de la clara visión. Alcanzó la condición paradisíaca expresada en su poder de curación, profecía y conocimiento de las cosas secretas, lejanas o futuras. Su fama se extendió por todo Egipto, atrayendo a numerosos discípulos.

Al organizar a sus seguidores, fundó las primeras comunidades de ermitaños, en las cuales un abad, de abba o «padre», dirigía la vida espiritual de los monjes. Entre las monjas, la abadesa era llamada amma, «madre». Sus discípulos crearon diversos monasterios, como el de Pispir o el que lleva su nombre cerca del mar Rojo, que aún existe, en los lugares donde San Antonio residió en el desierto. Pero era un monacato de anacoretas, que alternaban entre el trabajo manual y la oración en sus propias celdas y sólo se reunían para los actos litúrgicos. La vida cenobítica o comunitaria la reguló poco después San Pacomio (<14 mayo).
● La hagiografía de San Antonio fue escrita un año después de su muerte por su amigo el patriarca San Atanasio de Alejandría (295-373) (02 mayo), un fanático conocido como el «martillo de los arrianos». El libro se convirtió en uno de los más leídos e influyentes durante la Alta Edad Media, ya que sirvió como difusor del monacato y se convirtió en modelo de «Vida de santos» y hagiografías en versión autorizada. De esta obra surgió el principal icono del santo: «Las tentaciones de San Antonio», donde siempre aparece rodeado de demonios exóticos, a menudo en vuelo extático.

San Antón en el Occidente medieval

● Aunque San Antonio, antes de su muerte, ordenó ser enterrado en un lugar secreto, la propagación de su culto en Occidente se debió al traslado a Francia en 1070 de sus supuestas reliquias por un caballero proveniente de las Cruzadas. Poco después se produjeron unas fuertes epidemias y los enfermos llegaban a la iglesia donde estaban depositadas estas reliquias para pedir asistencia y protección. Se creó una cofradía de laicos para atenderlos y poco después un hospital, dando lugar a la abadía de San Antonio de Vienne (Delfinado). Después jurarían los votos monásticos y se constituyó la Orden Hospitalaria de los Antonianos, que se extendió por toda Europa, a finales del siglo XV contaba con 370 hospitales y persistió hasta 1787, cuando se fusionó con la Orden de Malta. En España tuvo su encomienda central en Castrojeriz, en pleno Camino de Santiago. Hubo otra rama antoniana, fundada en el hospital del Espíritu Santo por Guido de Montpellier, casi en la misma época (1075) y que desde el sur de Francia se extendió por Europa, gozando de la protección pontificia.

● El icono de San Antón lo presenta como un viejo de larga barba blanca, vestido con el hábito negro de los monjes antonianos, un bastón de abad egipcio en forma de tau o T en una mano, portando el fuego o el libro de la sabiduría en la otra, y acompañado de un cerdito con campanilla. El animal alude al privilegio de los monjes antonianos de pedir limosna, precedidos de cerdos que llevaban campanillas para llamar la atención. Al estar consagrados al santo, podían entrar en cualquier corral, y con la venta del animal se ayudaba al mantenimiento del hospital. La costumbre pervivió en el ámbito popular donde se criaban libremente a los «marranos de San Antón» que deambulaban por las calles y eran cuidados por el vecindario, para ser subastados en beneficio de un banquete comunal, consistente en la «olla de San Antón».
La figura porcina en el icono del santo se intentó explicar con una curiosa leyenda prometeica: la visita al Infierno que hubo de realizar para recuperar el fuego extinguido en la Tierra, tarea en la cual fue ayudado por un cerdito revoltoso, que distrajo a los demonios con sus correrías, mientras el santo escondía unas brasas en el hueco de la caña que le servía de bastón. En sentido cristiano los emblemas animales de los iconos de los santos vienen a significar el dominio sobre alguna emoción o pasión, en el caso de San Antón aluden a su poder sobre los demonios del fuego interior, como gula, lujuria o ira, asumiendo así diversas características de algunos dioses paganos, por ejemplo, al dios celta Lug se le representaba con un jabalí en brazos, mientras que muchos jóvenes héroes inexpertos sucumbieron al ataque del jabalí o puerco montés, como Adonis.
San Martín está muy ligado a San Antón, cubriendo entre ambos el período de la «matanza del cerdo», antiguo sacrificio totémico invernal de los clanes del jabalí, muy relacionados con los «lobos». De ahí provienen los tabúes alimentarios sobre este animal sagrado, aunque luego se justificaron por su contacto infernal con el pecado y la suciedad. Entre los romanos a estas fechas las llamaban las Espurcales (Spurcalia), los «días del puerco».
En la romería madrileña de San Antón del siglo XVII se colocaba en la puerta de la ermita una artesa llena de pienso. Se dejaban libres varios cerdos y el primero de ellos que conseguía comer era proclamado «rey de los cerdos», y condecorado con una corona de ajos y cebollas. Igualmente se elegía por suertes al «Rey de los porqueros», a quien se disfrazaba de San Antón, con barbas blancas y empuñando un báculo de romero. Montado en un borrico iba en procesión a la ermita seguido de una barahúnda. Una vez ante el Santo, el «Rey» pedía la bendición para los romeros, los animales y los alimentos.
En Rusia la matanza del cerdo concluía el día de San Anisio el Tripero (30 diciembre) cuando se hacían los embutidos en la época de las grandes heladas y fríos extremos, mañana es San Atanasio el Rompenarices (18 enero).

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