11 Junio: «Andad de día, que la noche es mía» (II)

«ANDAD DE DÍA, QUE LA NOCHE ES MÍA» (II)

La Estantigua y la Mesnada Hellequin

La Hueste antigua

En un relato de Raúl Glaber (1050) se cuenta una de las primeras versiones cristianizadas de la Estantigua. En la noche del domingo de la Trinidad, que en el cómputo eclesiástico coincide con el sábado civil de la Segunda Témpora, el monje Wulferio observó como la iglesia de su monasterio se llenó de hombres vestidos de blanco y púrpura, conducidos por un obispo que se llamaba a sí mismo «Obispo de muchos pueblos» y que venían a compartir la misa con los monjes. También le explicaron que eran cristianos muertos en guerra contra los sarracenos.

También existieron sagas germánicas sobre la «caza salvaje de Wotan» (u Odín), más bien de tipo aéreo, en relación con el estrépito de las noches tormentosas, cuando escuadrones de almas en pena están obligados a galopar volando sobre caballos de relincho furioso, hasta la consumación de los tiempos en el Ragnarok y van acompañados de perros que no dejan de ladrar y rodeados de pálidas llamas destellantes. En otros lugares los vientos huracanados nocturnos evocan una partida de caza con jaurias de lobos y perros ululantes, en incesante busca de posibles presas a las que atacar.

En Gales, el Cazador nocturno es Gwynn Ap Nudd, Señor de los Muertos, conductor de Cwn Annwn o «Sabuesos del Infierno», perros blancos con orejas rojas, en busca y captura de almas recién fallecidas. La leyenda se extendió durante el Medievo, en la Europa germánica el ejército de los muertos era conocido como la «Mesnada Hellequin«. Posteriormente se pusieron al frente de la mesnada a muchos reyes históricos o legendarios, incluido hasta al mismo rey Arturo, y los relatos adquirieron matices más novelescos y literarios. Hellequin fue demonizado en un diablo vestido de rojo y negro, que pasaría al teatro como Arlequín.

Por la misma época también fueron demonizados la Diosa y su compañía. Satán y sus diablos, con su caza de almas pecadoras, fueron considerados como una infernal «Estantigua«, o sea «Hueste antigua» (Hostis antiqua). En España la «Güeste» desplazó su aparición a primeros de noviembre cuando se consolidó la fiesta de Todos los Santos y Fieles Difuntos, aunque ya podía estar presente en las regiones de influjo celta, debido a la tradición de su año nuevo otoñal.

La Santa Compaña

La Santa Compañía de los Muertos

Una versión más pacífica del desfile de los muertos, pero no menos terrible, es la procesión nocturna de ánimas, cuyo ejemplo más conocido es la Santa Compaña gallega. Eran comitivas de almas en pena, deambulando a medianoche en los bosques en las noches de plenilunio o en ciertas fechas simbólicas del calendario. Es de muy mal presagio encontrar la Compañía de Difuntos, pues al poco tiempo el testigo los acompañará en el Otro mundo, o anuncia una catástrofe colectiva: epidemia, plaga o guerra. Los pocos testigos que han sobrevivido a su visión cuentan el extraño halo fantástico de la visión, una mezcla de los distintos aspectos de los mundos de la realidad. El lema de la Santa Compaña es: «Andad de día, que la noche es mía«.

Sus primeras descripciones conocidas se relacionan con la «hueste», cuyos miembros portan antorchas de huesos humanos. Su presencia se ha registrado en toda Europa, en especial en países de raigambre celta. En Irlanda se llama la Hueste de Espíritus (Fairy Host), cuyos miembros se comportan como seres humanos cuando se encuentran entre ellos. El toili, es el funeral de los espectros del País de Gales, fantasmas de forma portentosa. Las huestes de los muertos pecadores no–perdonados de Escocia se agrupan en sluagh («gente, multitud, compañía, ejército»).

Los benandanti

● Carlo Ginzburg dio a conocer otra idea que mantuvo la creencia de los vuelos nocturnos, surgida a partir de la suposición de que algunas personas podían participar en sueños en estos viajes aéreos con las «Buenas Damas» y obtener beneficios de ellas. Las personas capaces de tales hazañas oníricas presentaban «señales de nacimiento», como ocupar el tercer o séptimo lugar entre los hijos de una familia y sobre todo haber nacido con el «capuchón» o sea recubiertos con la membrana amniótica, tradicional señal de que el bebé será una persona con poderes mágicos. Incluso en los siglos XVI-XVII en Friul, al norte de Italia, los benandanti («buenos caminantes» o «andantes hacia el bien») un grupo de personas con estas marcas de nacimiento participaban en un ritual de incubación onírica que los sumergía en trance. El objetivo era luchar en sueños, durante los períodos críticos de las Cuatro Témporas, contra los brujos malvados para preservar la fertilidad de las tierras y las cosechas. Para ello sus almas, durante trances extáticos, volaban para pelear «a favor de Cristo» con ramas de hinojo contra los malos espíritus dispuestos a causar daños en los bienes de los campesinos, armados con tallos de sorgo. Estos combatientes en espíritu se han documentado en otras zonas de Europa como los krasniki de los eslavos del sur y los táltos húngaros.

Curiosamente las mujeres de los benandanti también salían en trance espiritual, pero no para guerrear contra los brujos, sino para contemplar a los muertos en sus procesiones nocturnas, más al estilo de las Buenas Damas. En Sicilia la práctica de los vuelos nocturnos en trance se documenta en el Medievo y llega muy desfigurada hasta el siglo XIX en la tradición popular. Las mujeres se reunían con las «Mujeres de afuera» (Donni di afuora) y volaban a banquetes en praderas o castillos. El ambiente de la fiesta solía ser alegre y benéfico, aunque estos seres etéreos eran muy quisquillosos en exigir el debido respeto y un comportamiento adecuado. Ya Plutarco refiere la frecuentes apariciones de las Diosas Matres en el templo de Engyon (actual ciudad siciliana de Troina), cuyo culto procedía de Creta o de Anatolia, aunque quizá fuera una superposición sobre alguno previo local de una Diosa Triple.

● Al principio estas supervivencias de creencias paganas, al igual que las prácticas mágicas tradicionales, fueron consideradas como supersticiones, y así aparecen en los canonistas alto-medievales, como Regino de Prüm o San Burcardo de Worms (950-1025) (20 agosto), quienes pensaban que las cabalgatas nocturnas de Diana y sus seguidoras eran simples ilusiones provocadas por los demonios y seductoras fantasías en sueños (daemonum illusionibus et phantasmatibus seductae). Las consideraban tonterías y estupideces e intentaban desprestigiarlas. Se combatían con penitencias leves.

En los siglos siguientes ocurre el proceso contrario, los eclesiásticos equiparan la superstición con la herejía y los jueces civiles creen que los hechizos y encantos tradicionales esconden conciliábulos organizados para causar el mal, dando lugar a la creencia en la brujería de tipo moderno, inventándose las reuniones de sabbaths y aquelarres (<30 abril), y su secuela de hogueras y autos de fe. El vuelo de las brujas es un derivado de las cabalgatas oníricas de la Buenas Damas.

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