09 Mayo. Aguas celestes de Mayo (II)

AGUAS CELESTES DE MAYO (II)

Santos cráneos de la lluvia

● Otros cráneos santos, guardados en relicarios de plata, por los cuales se hace pasar agua para bendecir los campos o el ganado y curar enfermedades de la cabeza son los de San Jorge en la iglesia de lo que fue el monasterio de Azuelo (Navarra), y de San Vítor Labrador (12 junio) en Gauna (Álava), con agua de la fuente de la Herradura, próxima a su ermita, bendecida en su día y antes también en San Marcos (<25 abril) y San Juan Bautista (<24 junio).

Agua consagrada por el cráneo de San Vítor

Vítor es atenuación de Víctor, el más conocido en España es San Vítores  (o Vitores, 950) (26 agosto), natural de Cerezo de Río Tirón, un ermitaño que se recluyó en una cueva de Oña (Burgos), murió mártir cefalóforo (que lleva su propia cabeza en las manos), cuyos restos se guardaron en el convento de Fresno de Río Tirón y su culto se extendió por diversos pueblos del Camino de Santiago.

A San Vítores le añadieron diversas leyendas y le traspasaron varios ritos agrarios, semejante a un francés San Víctor de Cherchell, así llamado por ser originario de Cesárea de Mauritania, actual Cherchell de Argelia (recordado el mismo día, 26 agosto), patrono contra las enfermedades de los pies.

● En tierras riojanas se venera a San Formerio (25 septiembre), mártir de Capadocia, un pastor dedicado a la fabricación de quesos y que predicaba a las bestias, a falta de oyentes humanos. Traídas por Santa Colomba, sus reliquias montadas en una yegua vinieron a parar a la ermita de Pangua en Treviño, en donde es patrón de este condado burgalés inserto en Álava. En su romeria se le pedían «o aguas o soles», según las necesidades agro-pecuarias del momento y para solicitarle la curación de los males de cabeza.

En otra versión de su culto se dice que San Formerio nació en Cerezo de Río Tirón y fue a parar a Bañares (La Rioja), lo cual parece ser un desdoblamiento de San Vítores, o como quiere la tradición popular ambos formaban parte de un trío de santos hermanos junto a San Juan del Monte en Miranda del Ebro (Burgos), antes celebrado el 06 mayo, lo que indica que procede del evangelista San Juan ante Portam Latinam, aunque en Miranda lo consideran un ermitaño local y lo veneran como «Nuestro Santo Verdadero», aunque ni consta en el santoral ni es patrón del pueblo, su fiesta la celebran en Pentecostés y está considerada una de las más importantes y antiguas del norte de España. El mismo trío de hermanos, con sustitución de San Vítores por San Felices de Bilibio (<29 mayo), se recuerda en la costumbre de encender una hoguera en los tres lugares de retiro de estos ermitaños durante la Noche de San Juan.

● En Obanos (Navarra) son agua y vino los líquidos que atraviesan el cráneo de San Guillén, bebidos por los romeros que acuden a su ermita, el primer jueves de Pascua, y cuya leyenda se rememora en la representación del Misterio de Obanos, un auto sacramental moderno. El relato cuenta que a principios del siglo XI, la joven Felicia, una aristócrata aquitana, peregrinó a Santiago y al regresar decidió dedicarse a la vida contemplativa instalándose en Amocáin (Egües). Ante la ausencia de la muchacha, su hermano Guillén o Guillermo fue a buscarla y tras encontrarla intentó convencerla de su regreso al hogar familiar, pero su esfuerzo fue vano, y desesperado ante la locura espiritual de Felicia acabó degollándola en un acceso de ira. Al darse cuenta del fratricidio cometido se arrepintió de haber sido dominado por la rabia, peregrinó a Santiago y al regreso decidió seguir los pasos de su hermana, quedándose en la ermita de Santa María de Arnotegui, cerca de Obanos, atendiendo a peregrinos y practicando obras de caridad.

Los restos de Santa Felicia acabaron en la ermita de Labiano (valle de Aranguren) allí transportados por el tradicional método de subirlos en una mula y enterrarlos donde cayera muerta.

● A veces todos los restos óseos santos se introducen en agua, luego utilizada como profiláctica de enfermedades, como ocurre el 13 agosto con las reliquias de San Guillermo de Peñacorada (1035) (28 mayo) conservadas en el monasterio de San Miguel de Dueñas, cerca de Ponferrada (León). Este santo fue un ermitaño en una gruta del monte de Peñacorada, al que se le unieron otros monjes, que más tarde constituirían el monasterio de Santa María de los Valles, luego llamado de San Guillermo, cerca del actual santuario de la Virgen de Velilla en Cistierna (León), cuya romería se celebra el 29 mayo.

Cráneo de Sº Juan de la Berza

● En algunos casos la cabeza santa era la de un simple pastor como la existente en la sacristía de la iglesia de La Horcajada (Ávila), el cráneo protegía a la gente del pueblo de padecer la rabia y era expuesto al terminar el verano, para ser besado por devotos y bendecir los frutos de la tierra y el ganado. El pastor, llamado San Juan de la Berza, tenía fama de ser un santo ingenuo y caritativo.

● En la catedral de Sigüenza se difundió la leyenda de que los ángeles presentaron en el cabildo una cabeza con la inscripción Sanctus sacerdos, «Santo sacerdote», aunque se interpretó como nombre propio de un ignorado San Sacerdote, distinto a dos santos franceses: San Sacerdote de Lyon (549) (12 septiembre) y San Sacerdote de Limoges (670-720) (05 mayo), fundador y abad del monasterio de Calviac. Aunque al final la testa se la adjudicaron al histórico San Martín de Hinojosa (1138-1213) (05 mayo, quizá por concordar esta fecha con el santo lemusino), abad cisterciense de Santa María de Huerta (Soria) y obispo de Sigüenza.

● En invierno, al mismo ámbito taumatúrgico, pertenecen San Victoriano de Asán (478-568) (12 enero) y su discípulo San Nazario, quienes en la época medieval se especializaron en la lucha contra la sequía, siendo invocados para atraer la lluvia y por los meleros para proteger las colmenas.

De San Victoriano, se dice que provenía de Italia, donde había sido compañero de San Benito en Subiaco, y que 522 se instaló en una gruta de la Peña Montañesa de la Sierra de Guara, llamada actuamente «La Espelunca», buscando una vida solitaria de contemplación. Más tarde, al adquirir fama de santidad, se trasladó más abajo, al barranco de Vadiello, donde fue llamado para dirigir el importante monasterio de San Martín en la villa de Asán (Huesca), cuyos abades jugaron un lugar destacado en época visigoda y luego en el siglo XIII. Sus reliquias se conservan en el castillo-monasterio de Montearagón y su culto se extendió desde el monasterio de Asán que pasó a llamarse de San Victorián de Sobrarbe.

● San Caprasio de Agen (St. Caprais, 20 octubre) es otro mártir de leyenda muy tardía, ligado al recuerdo de Santa Fe (<30 octubre), supuesto primer obispo de Agen, quien tras esconderse en una cueva de Agen brotó un manantial para que no muriera de sed y más tarde fue martirizado en un templo de Diana Cazadora.

La advocación de este santo de nombre caprino, pasó a España donde le adjudicaron viejos relatos locales. En Huesca fue un pastor de cabras en la sierra de Guara quien al decidir hacerse monje lanzó su cayado, que voló hasta la sierra de Alcubierre, y en donde cayó surgió una fuente y levantó su ermita, junto a unas cuevas, logrando fama de santidad entre los aldeanos de los contornos.

En Suellacabras (Soria), San Caprasio, conocido en el pueblo por San Cabras (cuya ermita se encuentra actualmente en ruinas) fue asociado a la defensa contra Satán, quizá por ser éste el «Gran Cabrón», y para ahuyentar serpientes demoníacas.

● Otro santo protector contra la sequía celebrado en invierno es San Úrbez (Urbicio, 702-802) (15 diciembre). Según la leyenda nació en Burdeos, quedó huérfano de padre en la época de la invasión musulmana de Aquitania y junto con su madre fueron cautivados por los árabes y trasladados a Galicia. Urbicio era muy devoto de los santos niños Justo y Pastor (<06 agosto) y cuando fue liberado se trasladó al santuario de la actual Alcalá de Henares, donde previendo el peligro de profanación, robó las reliquias de las santos niños y las trasladó a Burdeos. Luego decidió llevar una vida eremítica de las montañas del Pirineo aragonés, ejerciendo de pastor en distintos lugares, hasta instalarse en la sierra de Guara en una cueva de Nocito (comarca de Serrablo) que transformó en ermita, aunque se trasladaba a predicar por los pueblos vecinos, obteniendo fama de santidad hasta morir ya centenario.

Se le atribuían capacidades proféticas y destacó por dominar a los animales y los fenómenos naturales, lo que hace pensar que le incorporaron viejas tradiciones de dioses locales, pues él mismo evangelizó zonas poco cristianizadas. Posteriomente se le construyó un santuario donde se celebraban procesiones de sus reliquias para implorar la lluvia, en las fechas de 01 mayo, Martes de Quasimodo (día siguiente al Lunes de Aguas, <13 abril), 14 septiembre y en su fiesta del 15 diciembre. También destacó en la cura de endemoniados y se creía que su reliquia santa sólo puede moverla un loco.

Su culto se extendió por vertiente sur de los Pirineos, por ejemplo, en la ermita rupestre del cañón de Añisclo (Fanlo, Huesca), ermitas de Albella y Cerésola, etc. llegando hasta Cataluña, en Serrateix (comarca de Berga).

En la comarca del Serrablo existieron otros santuarios especializados tanto en la curación de endemoniados como en la concesión de lluvia, concurridos por devotos venidos desde las comarcas vecinas, incluso desde las faldas de los Pirineos de la parte francesa. Los más conocidos, entre otros muchos, son el de Santa Orosia (<21 junio) y el de Santa Elena de Biescas, con dos dólmenes en las cercanías, del que existe uno reconstruido.

● San Roberto de Matallana (1185) (02 diciembre) fue un monje borgoñés que fundó el monasterio cisterciense de Matallana, a quien se invocaba contra las calamidades del campo y las plagas de saltamontes. Actualmente las ruinas del monasterio en Villalba de los Alcores (Valladolid) son un centro de interpretación de la naturaleza.

Inmersión de santos

En la mentalidad popular santos y santas, e incluso Cristos y Vírgenes, a pesar de la influencia clerical, seguían funcionando como númenes y deidades de diversos carácter (mítico, natural, espiritual), pero siempre intervinientes en la vida cotidiana de las comunidades que les rendían culto. Y este culto no era sólo el oficial de la Iglesia, sino que participaba de creencias tradicionales más asociadas a la magia y la hechicería populares, que a los ritos litúrgicos. Se recurría a santos y vírgenes, más como un conjuro para obtener la lluvia, un buen parto o cualquier otra necesidad, que como una oración suplicatoria religiosa. Si conceden lo que se les pide, se les corresponde con ofrendas y el cumplimiento de los votos emitidos.

Como guardián de las puertas del cielo, San Pedro también fue muy solicitado para que abriera las compuertas de los estanques superiores del cielo y la lluvia cayera a raudales. La costumbre de arrojar al santo local al agua constituye una especie de conjuro para atraer la lluvia, cuyos orígenes habría que buscarlos en tiempos prehistóricos: «San Bernabé, / a los tres días ha de llover; / mas, por si no llueve / chapuzón con él.» Esta práctica se atestigua en la Península Ibérica, Francia, Rusia, Italia y Extremo Oriente. No siempre el chapuzón es para conseguir lluvia, sino para ablandar al santo, así las mozas casaderas bañan a San Antonio, para que les busque novio.

Los antiguos dioses llovedores son básicamente fecundadores. Los dioses Tormenta suelen emparejarse con la gran diosa Tierra, esta cópula es esencial para el agricultor. La lluvia es el «semen» eyaculado del dios de las aguas celestes. En la tradición popular muchos santos y «cristos» eran compañeros o novios de santas o vírgenes vecinas, en las noches de lluvia se visitaban. A veces se disgustaban y no se juntaban, o el santo se volvía abúlico y perdía el interés conyugal, o la santa estaba triste. Entonces no caía ni gota sobre la tierra seca. Había que intentar una reconciliación, si andaban peleados, se llevaba en procesión al novio a visitar a la novia, para que recordasen la promesa de su boda primordial. O se intentaba excitar la pasión y la concupiscencia del dispensador de lluvia o de la tierra mustia. Las orgías campestres en las romerías primaverales se siguieron dando hasta principios del siglo XX, a pesar de las prohibiciones eclesiásticas. A veces la sequía amorosa sólo era cuestión de un cansancio y bastaba una buena danza de paloteados para avivar las energías de los patronos reguladores del clima local. En el Calendario de Córdoba se habla de vientos que fecundan a las nubes y provocan la lluvia, siendo en este caso, fruto de la cópula entre el viento macho y la nube hembra.

En Europa balcánica han persistido algunos ritos precristianos para pedir lluvia mediante cantos y danzas ceremoniales, ejecutados por muchachas cubiertas de hojas y ramas. Estos rituales son conocidos con distintos nombres: rumano Paparuda, eslavo Perperuna, Dodola en Macedonia, que parecen aludir a antiguos nombres de diosas primaverales de la lluvia, relacionadas con Perun, dios Tormenta eslavo.

Para mostrar a los santos la necesidad urgente de lluvia, no siempre bastaba con la procesión de su efigie por los alrededores del pueblo, o resultaba insuficiente la aspersión de los campos con agua bendita. Si persistía la sequía había que recurrir a remedios más drásticos. Había que forzar al santo, a veces hasta la propia Virgen María, e incluso al mismísimo Cristo, para intentar que atendiera la perentoria necesidad de la gente. A las reliquias o las imágenes se les da un chapuzón en los pozos o en las albercas, o las sumergen en el río, para conminarlos por magia simpática, a desencadenar las nubes de su líquido vital. Pero si aún así el cielo no responde, se degradan a los santos volviéndolos contra la pared, desterrándolos de sus templos, o poniéndoles sardinas saladas en la boca para que sientan sed.

Pero como nunca estamos contentos, «ni llueve al gusto de todos», puede ocurrir lo contrario, que llueva cuando es incoveniente, amenazando la celebración de actividades familiares o sociales (matanzas, bodas, recolecciones), o peor aún, causando desgracias (inundaciones, granizadas). Naturalmente el santo patrón es el culpable de semejante desaguisado y tiene que pagar las consecuencias con cosquillas, pellizcos, improperios múltiples, e incluso se le hurgan los ojos.