02 Febrero: La Candelaria

LA CANDELARIA

Hoguera invernal

● La Iglesia celebra la Purificación de María tras la cuarentena del parto navideño, y la Presentación de Jesús en el Templo de Jerusalén. El reconocimiento espiritual del primogénito Niño Divino por los viejos profetas Simeón (08 octubre) y Ana (01 septiembre) se festejaba en la Iglesia bizantina con el nombre de Hypapante, «Encuentro», y Occursus Domini, en la latina.

Al principio la fiesta se celebró el 14 febrero, cuarentena de la primitiva Navidad en Epifanía (06 enero), coincidiendo con las fiestas Lupercales romanas. Al adelantarse la Navidad al 25 diciembre, la cuarentena vino a coincidir con dos importantes fiestas paganas: la Amburbia romana o fiesta de las Antorchas y el Imbolc celta. Se trasladó a la fecha actual en tiempos del papa Gelasio I (495), así se consiguieron matar varios pájaros de un tiro, pues al ser febrero el mes de las purificaciones y ritos dedicados a Februna, advocación de la diosa madre de Marte, estas celebraciones pasaron a la Virgen María.

En el Calendario de Córdoba todavía se recordaba al día 09 marzo como la máxima celebración del País del Nilo, la fiesta de la Tierra Roja, cuando los egipcios coloreaban con almagre las puertas de sus casas y los cuernos de sus bueyes. Era llamada fiesta de la Cera, o del cirio, para los coptos conmemoraba la Presentación de Jesús en el Templo, o sea la Candelaria.

● Bajo la advocación de la Purificación de María, en la fiesta de la Candelaria se resaltó su carácter ígneo, lo que permitió que se le adjuntaran muchas costumbres ancestrales. En los templos el rito oficial del fuego se trasladó a la bendición y reparto de candelas. En las procesiones las mujeres con los cirios encendidos desempeñaban las funciones más relevantes.

Las velas de la Candelaria (Festa candelarum) estaban decoradas con variados diseños y se conservaban todo el año, pues se les atribuían virtudes protectoras: contra calamidades y tormentas, favorecer el tránsito de los moribundos, defender contra hechizos y brujerías, favorecer los partos difíciles. También eran objeto de muchas supersticiones, se consideraba de muy mal augurio si se apagaban solas, una vez encendidas con motivo de alguna petición.

● Tras San Antón, los fuegos de mitad de invierno adquieren hoy su máximo protagonismo. En los pueblos los vecinos bailan alrededor de las hogueras, en calles y plazas. En algunos lugares se producen las primeras quemas de peleles, lo que podría aludir a antiguos sacrificios de víctimas expiatorias. Estos monigotes son conocidos por muchos nombres: candelarios, pantarujas, marimantas.

Los cantos aluden al crecimiento de frutos y cosechas. Cuanto más se salte sobre la hoguera o más frenético sea el ritmo de la danza más alto crecerán las plantaciones. En muchos lugares, los casados más recientes eran los encargados de encender este tipo de fuegos sagrados. En Baviera, los mozos competían en una prueba de fortaleza y virilidad, para ser los primeros en llegar a la hoguera, obteniendo el honor de encenderla con el cirio pascual, mientras eran agasajados por las muchachas con huevos de colores en la puerta de la iglesia.

Fiesta de las Luces o de las Antorchas y Amburbia

● En la antigua Roma la fiesta de las Luces o de las Antorchas formaba parte de las purificaciones de la última lunación del año, dedicada a Juno Sospita, la Salvadora, aunque pronto fue asociada a los ritos griegos de Deméter y Perséfone, con los nombres latinizados de Ceres y Proserpina. Durante toda la noche, desde la víspera, las mujeres acompañan a la Gran Diosa con teas encendidas en la busca de su hija, raptada en el Inframundo. Se celebran sacrificios para calmar a los espíritus infernales y se hace vigilia toda la noche cantando alabanzas y manteniendo las lámparas encendidas, la luz en las tinieblas. Como siempre el fuego mantiene su ambivalencia de iluminador de los caminos oscuros y ardiente quemador de faltas y pecados.

El rito formaba parte de la Amburbia o Amburbalia, ceremonia expiatoria urbana, semejante a las Ambarvales rústicas (<29 mayo). En este caso las víctimas del sacrificio eran paseadas solemnemente en torno a las murallas de la ciudad.

● La fiesta de Helerno consistía en el sacrificio de un toro de pelaje oscuro al dios infernal Helerno, en el lucus (bosque sagrado) que tenía dedicado en la desembocadura del Tíber.

Santa Brígida de Kildare

Los cristianos de Irlanda adaptaron las características de la diosa Brigid a la abadesa Santa Brígida de Kildare (453-524), nacida en Dundalk (condado de Louth), justo cuando salía el sol. Ya desde su nacimiento dio muestras de su inclinación fogosa: la casa natal estalló en llamas tan enormes que tocaban el cielo. Era hija bastarda de un príncipe del Ulster, en su niñez fue educada por un druida. Ya joven se convirtió al cristianismo por influencia de San Mel, discípulo de San Patricio. Cuando se ordenó como monja, una columna de fuego brotó de su cabeza.

Santa Brígida con su fuego perpetuo y cruz de juncos

Los episodios más significativos de su vida carismática aluden a la pérdida y recuperación de un ojo en relación con la visión extática, la multiplicación de comida, la distribución de manteca entre los pobres, la capacidad de alejar tormentas y la facultad de transformar el agua de su baño en cerveza. En una ocasión su aliento resucitó a un muerto y la cruz de juncos que tejió para un moribundo probó ser un remedio eficaz contra los incendios.

Se la representa con una llama sobre la cabeza o con una vela en la mano, significando su poder sobre el fuego, y acompañada de una vaca a la que podía ordeñar cuanto quisiera, sin que se le agotara la leche de las ubres. Su culto fue tan amplio que fue llamada «María de los Gaélicos», señora y co-patrona de la Tierra de Erin o Irlanda.

El monasterio de Kildare surge para cristianizar el antiguo santuario de Dún Ailine, situado a poca distancia, donde los arqueólogos han sacado a la luz vestigios de fuegos y una serie de recintos contiguos y allí, al parecer, existió un colegio de vírgenes, al estilo de las vestales, para el cuidado de la llama sagrada. Por encargo del monasterio se escribieron las primeras hagiografías de Santa Brígida a partir del siglo VII. En el monasterio se mantenía un fuego perpetuo en su honor, ante el que se mantenía una vigilia en ciclos de 20 días, en el interior de un recinto en el cual se impedía la entrada a los varones, hasta que fueron prohibidas estas prácticas en 1220. Kildare significa «Celda del roble», pues la santa se retiró a vivir en el hueco que dejaban las raíces de un gran roble y a cuyo alrededor luego se establecieron las primeras celdas.

En el ámbito popular de influjo celta el día de Santa Brígida era la fiesta de las parturientas y la lactancia, aunque este aspecto le fue transferido en los países del sur a Santa Águeda o a la advocación mariana de Virgen de la Leche. En Irlanda se la celebra el 01 febrero.

En la tradición popular irlandesa a Santa Brígida se la consideraba la comadrona de María y madre adoptiva de Cristo. Una costumbre establecía que la víspera de su fiesta las muchachas llevaran en procesión por la aldea pasteles especiales del día y una muñeca con la imagen de la santa. Al finalizar el recorrido se reunían en una casa, donde cerraban todas las puertas y ventanas, menos una, en la que colocaban la muñeca. Durante la noche se dedicaban a bailar, mientras las mujeres mayores preparaban la «cama de Brígida», invitándola a alojarse con la familia esa noche. Por la mañana inspeccionaban las cenizas del hogar para buscar huellas de la visita de la Novia y si las encontrabran era señal de gran prosperidad.

En Irlanda muchos de los santuarios de Santa Brígida tienen piedras erigidas cerca de fuentes de agua. Una de las costumbres asociadas a ellas es andar en círculo a su alrededor y dejar como ofrenda un jirón de la ropa en los arbustos cercanos, que además del conocido gesto de librarse de algún mal, en otro contexto representaba a la «capa de Santa Brígida», un trozo de tela expuesto en un árbol y que luego se recogía en la casa como protector y repelente de desgracias. Otras costumbres era la confección con paja de cruces en forma de torbellinos y la faja o redondeles, ambos con función profiláctica de enfermedades.

Otras santas primitivas irlandesas

● Santa Ita de Killeedy (500-570) (15 enero), «Madre (adoptiva) de los santos de Irlanda», la santa más venerada en la isla, después de Santa Brígida. De familia noble, fundó un monasterio en el monte Luach (Limerick), desde donde aconsejó a muchos de los futuros santos irlandeses. Su milagro más sonado fue el de revivir a un decapitado, volviendo a unirle la cabeza al tronco.

● Santa Attracta o Adrachta (11 agosto), ordenada de monja por San Patricio, fundó iglesias en Galway y Sligo. En el Medievo fueron famosas la Cruz y Copa de Santa Attracta en la iglesia de Killaraght (= celda de Attracta) en Achonry.

● Un santo que la leyenda relacionó con Santa Brígida fue San Tigernach de Clones (548) (04 abril), ella fue su madrina de bautizo y le impuso su nombre «Señor» en irlandés antiguo. Más tarde ella influyó para que lo nombraran obispo. Luego fundaría el monasterio de Clones (Monagham), centro de su culto y donde es llamado San Tierney.

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